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Por Luis del Pino

19: Visiones contradictorias

LOS ENIGMAS DEL 11-M

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Veíamos en el capítulo anterior que existen diversos detalles disonantes en la historia oficial de los sucesos de Leganés: la falta de vainas de cartuchos, la aparición de dos cadáveres con Goma-2 sin explotar, la aparición de otro cadáver con los pantalones al revés,...
 
No son los únicos detalles que apuntan a que algo no cuadra en ese "final oficial" del 11-M. Ni tampoco los más importantes.
 
Treinta y cinco dedos
 
El análisis de los informes contenidos en el sumario nos proporciona algunas respuestas interesantes, pero revela también varios datos sorprendentes. Para empezar, ¿cómo hemos podido saber cuántos terroristas murieron en Leganés y cuáles eran sus identidades? Muy sencillo: los análisis de ADN permitieron identificar 7 perfiles genéticos distintos, lo que quiere decir que allí había 7 presuntos terroristas.
 
En cuanto a las identidades, cuatro de los terroristas fueron identificados de forma muy simple: por sus huellas dactilares. En términos técnicos, la toma de huellas dactilares de un muerto se denomina necrorreseña. Esos cuatro terroristas estaban muertos, sí, pero eso no impidió tomarles las huellas y compararlas con las existentes en las bases de datos policiales. Y así se hizo, porque se encontraron 35 de los 40 dedos de las manos de esos cuatro terroristas. En concreto, gracias a esas necrorreseñas se pudo identificar a El Tunecino, a El Chino, a Abdenabi Kounjaa y a Anuar Asrih Rifaat.
 
¿Y por qué no se identificó a los otros tres terroristas de la misma manera? Pues, y aquí viene lo sorprendente, porque de los otros tres terroristas no se encontró dedo alguno. ¿Dónde fueron a parar los dedos de los dos hermanos Oulad Akcha y de Allekema Lamari?
 
Comprendo que, tras aquella explosión, los restos de algunos de los terroristas quedaran destrozados y podría entender que de esos terroristas sólo hubieran aparecido unos pocos dedos, pero me parece raro que desaparezcan los 30 dedos de esos tres terroristas.
 
Desde un punto de vista teórico, sería perfectamente posible que en la explosión quedaran volatilizados todos los dedos de esos tres terroristas. Pero es que, si nos vamos al informe de análisis de huellas dactilares de los objetos encontrados en el piso, nos tropezamos con una curiosa casualidad: en los objetos de aquel piso se encontraron las huellas dactilares de "los 4 terroristas con dedos", pero tampoco aparece ni una sola huella de "los 3 terroristas sin dedos".
 
Es decir, de esos tres terroristas no apareció ningún dedo después de muertos, pero es que tampoco dejaron ninguna huella dactilar antes de morirse. Puedo aceptar que sus manos se volatilizaran como consecuencia de la explosión, pero ¿tampoco tocaron nada antes de que el piso saltara por los aires?
 
El análisis de huellas
 
Ese análisis de las huellas dactilares de los objetos encontrados en el piso arroja más resultados curiosos. Además de las huellas de los 4 terroristas con dedos, se encontraron las huellas de otras 12 personas en los libros y documentos rescatados del piso.
 
Entre esas doce personas cuyas huellas aparecieron en el piso están las de Safwan Sabagh (de quien hemos sabido por El Mundo que trabajaba como agente para el CNI) y las de Mustafá Maimouni (el cuñado de El Tunecino).
 
Que aparezcan en el piso las huellas de ese colaborador del CNI es llamativo, pero todavía lo es más que aparezcan las de Mustafá Maimouni, porque el cuñado de El Tunecino está en la cárcel en Marruecos desde el año 2003, por su presunta implicación en los atentados de Casablanca. Teniendo en cuenta que el piso de Leganés fue alquilado en marzo de 2004, es absolutamente imposible que Mustafá Maimouni hubiera podido estar nunca en ese piso. Entonces, ¿cómo aparecen allí sus huellas?
 
Pues muy sencillo: todas las huellas identificadas en el piso se encontraron en una serie de libros de contenido islámico y en una serie de documentos recogidos después del estallido del piso. Que aparezcan en esos libros las huellas del cuñado de El Tunecino indica, simplemente, que alguno de esos libros pasó por las manos de ese individuo en algún momento del pasado, antes de su detención a mediados de 2003.
 
Misterio explicado. Pero claro, esto nos lleva a una conclusión que resulta preocupante: si la presencia de las huellas de Mustafá Maimouni no implica que ese individuo estuviera nunca en el piso, ninguna de las otras huellas encontradas en esos libros o documentos implica necesariamente que sus propietarios estuvieran alguna vez en ese piso. Es decir, que el valor probatorio de esas huellas encontradas en el piso es completamente nulo a la hora de determinar quién estuvo o no estuvo en Leganés.
 
El asunto de las huellas plantea, además, otras dudas interesantes. ¿Cómo es posible que no aparecieran huellas de los siete terroristas muertos en otros objetos recogidos después de la explosión? En concreto, ¿por qué no aparecen huellas de esos terroristas en los dos subfusiles con los que supuestamente estuvieron disparando durante horas? ¿Utilizaron guantes? ¿Para qué?
 
Las autopsias
 
Quizá alguno de los lectores se esté preguntando a qué viene dar tantas vueltas a si los terroristas aparecieron con dedos, o con los pantalones puestos al revés, o con explosivos sin detonar en la cintura. En el artículo anterior nos preguntábamos, por ejemplo, cuántos terroristas estaban vivos antes de que ese piso volara por los aires. Pero ¿acaso no es absurda esa pregunta? Las cosas deberían ser mucho más fáciles: bastaría con acudir a las autopsias de esos terroristas para despejar cualquier duda.
 
El problema, sin embargo, al intentar hacerlo, es que esas autopsias no existen: nadie hizo la autopsia a esos presuntos terroristas muertos en Leganés. Mientras que a las víctimas mortales del 11-M se les practicó la autopsia el propio 11 de marzo (lo que permitió determinar que no había terroristas suicidas entre los muertos), nadie hizo lo propio con esos islamistas que nos dicen que se inmolaron.
 
Resulta curioso cómo la recolección de pruebas e informes periciales en el 11-M ha estado supeditada desde el principio al mantenimiento de la versión oficial. ¿No dice la versión oficial que la mochila de Vallecas era una de las mochilas de los trenes? Entonces, ¿para qué molestarse en analizar los destrozos de los vagones con el fin de determinar el tipo de explosivo?
 
De la misma manera, ¿no dice la versión oficial que esos terroristas de Leganés se suicidaron en torno a las nueve de la noche, haciéndose estallar? Entonces, ¿para qué molestarse en hacer una autopsia con el fin de determinar la hora de la muerte y la causa de la misma?
 
La despedida
 
Existen otros indicios que apuntarían a la hipótesis de la inmolación de esos siete terroristas. Encontramos, por ejemplo, una carta de despedida escrita por uno de esos terroristas, Abdenabi Kounjaa, en la que habla a su familia de su decisión de acometer la misión que Alá le había encomendado. Esa carta fue enormemente aireada por algunos medios de comunicación como "demostración" de la determinación suicida de esos terroristas. Esa despedida que Abdenabi Kounjaa escribe a su familia comienza así:
 
Para mi mujer.
Tu marido ha vivido anhelando este trabajo. Gracias a Dios que me guió en este camino y te digo que ya no te hace falta pensar en venir a España y agradece a Dios el estar bien con tu familia. No te apenes de mí y asegúrate de que tus hijos aprendan el libro de Dios y la sunna de su profeta, hasta que te encuentres con él.
Quiero que sepas con seguridad que yo no dejé a mis hijos por capricho mío sino por una decisión de Dios, todo poderoso, y consulta la sura de ALTAUBA (el arrepentimiento), el versículo "si vuestros padres fueran..."
 
Esta carta, escrita en árabe, es bastante larga y el lector puede ver la última de sus hojas en la Figura 1. Fue redactada antes de la explosión del piso de Leganés y parecería apuntar a que aquellos siete terroristas estaban dispuestos a la inmolación en su particular guerra sangrienta contra la infiel España.
 
Sin embargo, como casi todo en el 11-M, es muy posible que las cosas no sean lo que parecen.
 

Figura 1: La carta de Abdenabi Kounjaa

Figura 1: La carta de Abdenabi Kounjaa
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La firma del asesino
 
Para empezar, resulta peculiar el modo en que aparece esa carta. El día 10 de mayo de 2004 (un mes después de los sucesos de Leganés), la Policía detenía a una persona llamada Saed El Harrak y se incautaba de las pertenencias que dicha persona tenía depositadas en la empresa de encofrados en la que trabajaba. Y, casualmente, en el bolsillo lateral de una bolsa de viaje de esa persona aparece esta carta con (según nos dicen) las huellas dactilares y la firma de Abdenabi Kounjaa.
 
Sin embargo, hay algo raro en esa firma. Disponemos de otro documento firmado por Abdenabi Kounjaa (su permiso de residencia), que el lector puede ver en la Figura 2.
 

Figura 2: Ficha de Abdenabi Kounjaa

Figura 2: Ficha de Abdenabi Kounjaa
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Comparemos ambas firmas. Las figuras 3 y 4 muestran las correspondientes ampliaciones.
 

Figura 3: Firma de la ficha

Figura 3: Firma de la ficha

Figura 4: Firma de la carta

Figura 4: Firma de la carta

Según la Policía, ambas firmas (en las que se distingue el principio del apellido Kounjaa) corresponden a la misma mano. Que cada uno juzgue por sí mismo, pero mi impresión personal es que ambas firmas se parecen como un huevo a una castaña.
 
De todos modos, lo verdaderamente extraño no es que las dos firmas no sean completamente iguales. Como veremos a continuación, lo verdaderamente extraño es justo lo contrario: que las firmas no sean completamente diferentes.
 
La gran farsa
 
Los árabes no sólo escriben en árabe, sino que también firman en árabe. Cuando un marroquí como Kounjaa llega a España, se ve forzado a inventar una nueva firma con caracteres latinos para sus documentos oficiales, porque en España utilizamos el alfabeto latino, pero esa persona seguirá conservando su firma original en árabe. A partir de ahí, esa persona utilizará su firma en caracteres latinos para comunicarse con las personas no árabes y para todos los documentos de carácter oficial españoles, mientras que reservará su firma original en caracteres árabes para los documentos oficiales de su país natal, para comunicarse con otros árabes y, especialmente, para comunicarse con sus familiares y amigos árabes.
 
Ningún árabe escribiría en árabe su carta de despedida a su familia de Marruecos para luego firmarla en caracteres latinos. Lo que haría sería utilizar su firma árabe original. Especialmente en su carta de despedida a su familia.
 
De hecho, esa carta en árabe tiene una firma en árabe, en la que se lee "Abdullah". ¿Quién añadió entonces la firma latina de Abdenabi Kounjaa a esa carta escrita en árabe, y con qué propósito? ¿Estamos ante un episodio más de ese inmenso y chapucero teatro que es la versión oficial del 11-M?
 
En el próximo capítulo: La busca
 

Tiene a su disposición las entregas anteriores de la serie de artículos "Los enigmas del 11-M" a cargo de Luis del Pino.

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