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Por Luis del Pino

23. Brigada de limpieza

LOS ENIGMAS DEL 11-M

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Los vecinos de Leganés recuerdan al menos dos intervenciones policiales en aquel piso maldito de la C/ Carmen Martín Gaite 40. Muchos meses antes del estallido del piso se produjo una operación de incautación de 200 kg de droga por parte de la Guardia Civil. Los vecinos no recuerdan muy bien a la familia que vivía por aquel entonces en el piso, sólo saben que eran sudamericanos.

Posteriormente, entraría a vivir en ese piso una familia colombiana que luego se mudaría a otro piso del portal contiguo, el del número 38 de la misma calle. Tras esa familia, pasó a ocupar el piso un grupo de chicos colombianos.

Poco es lo que sabemos de estos inquilinos inmediatamente anteriores a los suicidas de Leganés. Sólo que uno de ellos, de nombre Fernando B.P. era un colombiano nacionalizado marroquí, como el propio sumario recoge.

A mediados de febrero de 2004 tendría lugar la segunda operación policial que los vecinos recuerdan. Policías armados se presentaron a detener a ese grupo de colombianos, pero éstos habían volado, dejándose allí todas sus pertenencias.

Al quedar vacío el piso, la persona encargada de la limpieza de aquellos bloques, de origen ucraniano, intentó alquilar la vivienda, pero la contestación que le dieron es que ya estaba alquilada, como consta en su declaración ante el juez. Sin embargo, lo cierto es que esa casa no estaba alquilada todavía.

A primeros de marzo, apareció en la casa un grupo de tres personas para realizar reformas y pintar el piso.

Estaban todavía pintando el 8 de marzo cuando un marroquí llamado Mohamed Belhadj se presenta en una inmobiliaria de la zona, sita en la Avenida de los Derechos Humanos nº 20 de Leganés, y solicita un piso en alquiler. El propietario de la inmobiliaria acompañó a Belhadj a ver el piso de la C/ Carmen Martín Gaite y, como le pareció adecuado al potencial inquilino, fueron juntos a la asesoría GEINSA, donde formalizaron el contrato entre Belhadj y el dueño del piso, Lorenzo Carrasco Moreno. El contrato, firmado por el dueño del piso y por Mohamed Belhadj, consta en el sumario: tiene una duración de cinco años y se realizó por un importe de 600 euros mensuales.

Aquel piso fue, por tanto, alquilado el 8 de marzo, tres días antes de los atentados de Madrid. Sin embargo, los vecinos no recuerdan que nadie entrara en la casa hasta muchos días después, aproximadamente en torno al 18 o 19 de marzo.

Los únicos que vieron a los suicidas de Leganés fueron los vecinos que compartían rellano con ellos, que pudieron reconocer (aunque con alguna contradicción menor) a 6 de los 7 en su declaración ante la Policía (el único al que no pudieron reconocer fue a Allekema Lamari). Esos vecinos recuerdan también que vieron a El Tunecino con un niño de diez años. Sin embargo, de ese niño no aparece en el sumario rastro alguno (salvo las propias declaraciones de esos vecinos).

Ninguno de los restantes vecinos de la casa recuerda haber visto a los suicidas. Por el contrario, sí recuerdan a dos chicos bien vestidos y educados que saludaban al cruzarse con los vecinos, que hablaban correctamente español y que no tenían aspecto especialmente árabe (aunque tampoco podría decirse por su aspecto que no lo fueran).

En aquellos diez días escasos que el piso estuvo habitado, no hicieron ningún ruido. Aquellas paredes son de papel, a pesar de lo cual los vecinos no recuerdan haberles oído hablar o gritar en la vivienda. Lo único extraño era el olor especial que tenía la comida que hacían, el hecho de que por la noche entraba y salía gente de aquel piso y también que las persianas del piso estaban constantemente bajadas.

También la persona que limpia los bloques recuerda algún detalle curioso. Varios de los días anteriores al estallido del piso observó muchas huellas de barro en el portal, que llegaban hasta aquel piso habitado por los supuestos islamistas. Sin embargo, le llamó la atención que esas huellas de barro del portal no continuaban en la calle, donde no había ni rastro de pisadas.

También recuerda uno de los vecinos que le llamó la atención, en los días anteriores al estallido, oír abrirse y cerrarse las puertas de la escalera a mediodía, como si alguien subiera o bajara andando por los distintos pisos, en lugar de usar el ascensor, que era lo habitual. Asimismo, contamos con testimonios de otro vecino que observó, en los días anteriores a aquel sábado 3 de abril, un coche que parecía vigilar la zona, y que él asumió que era de la Policía.

El día del estallido del piso, nadie vio ni habló con los presuntos suicidas. Sí recuerdan los vecinos haber oído los disparos. Y recuerdan haber oído los estremecedores cánticos y gritos de esos islamistas. Pero nadie vio a ninguno de los suicidas de Leganés. Sólo a ese que salió huyendo del piso y que nos dicen que era Abdelmahid Bouchar.

De hecho, uno de los vecinos de aquella manzana, que vivía en uno de los bloques situados al otro lado de la piscina, fue testigo privilegiado de los hechos. Vio salir de la vivienda a ese supuesto terrorista, que se dirigió al patio interior de la comunidad para tirar la basura y salió huyendo al ver allí a unos policías. Logró escapar saltando la valla que cerca esa zona comunitaria (ver Fotografía 1).

Fotografía 1:

Después de eso, ese vecino fue testigo de los intercambios de disparos entre las cinco y las cinco y media de la tarde. Los disparos se oían a través del enrejado de celosía que tiene la cocina del piso. No vio a nadie asomarse a la ventana, ni levantar persianas, ni pudo ver quién efectuaba esos disparos, porque la celosía lo impide.

Después de cesar los disparos, los vecinos pudieron oír cánticos y gritos, que duraron como un cuarto de hora. Tras terminar los disparos y los gritos, pasó una hora u hora y media hasta que los habitantes de la C/ Carmen Martín Gaite 40 recibieron orden de desalojar, en torno a las 7 y cuarto. La Policía les dijo que desalojaran bajando por el ascensor.

Ni siquiera los geos llegaron a ver a aquellos suicidas. La historia de aquel asalto se ha contado con todo lujo de detalles en los periódicos: se ha dicho que los suicidas estaban en corro entonando sus cánticos dentro de la casa, pero es imposible que nadie haya visto esa escena, porque las persianas estaban bajadas y los geos no llegaron nunca a entrar. Por tanto, esa escena es pura fantasía. Se ha contado también que uno de los suicidas salió al rellano de la escalera envuelto en una sábana, pero las declaraciones al diario ABC de uno de los geos que resultó herido en el asalto lo desmienten: los geos no llegaron nunca a ver a nadie. Tan sólo oían tremendos cánticos de las personas presuntamente recluidas en esa casa.

Demasiadas preguntas

El relato de los hechos deja un mal sabor de boca. Los propios vecinos afectados no se recatan en comentar que todo les parece muy extraño. Resulta extraña, por ejemplo, esa evidente predilección de diversos delincuentes hacia esa vivienda. ¿Era acaso una vivienda marcada? ¿Es casualidad que se produjera esa operación policial en el piso pocas semanas antes de la masacre de Madrid, motivando que el piso quedara vacío? ¿En qué consistió esa operación? ¿En qué fecha exacta fue? ¿Quién era ese colombiano nacionalizado marroquí que habitaba el piso? ¿Por qué, una vez vacío el piso, no se le alquila a la persona encargada de la limpieza, que lo había solicitado? ¿Por qué, si los presuntos islamistas tenían todo tipo de pasaportes y carnets de identidad falsos, alquila uno de ellos ese piso usando su documentación real?

¿Por qué los supuestos responsables de los atentados tardan una semana, después del 11-M, en refugiarse en ese piso? De hecho, ¿por qué llegan a refugiarse en él, en lugar de ir, por ejemplo, a la casa que habían alquilado en Albolote (Granada) o huir del país pasando a Francia?

¿Quién era ese niño de diez años que acompañaba a uno de los supuestos terroristas? ¿Vivía también en el piso? ¿Qué fue, entonces, de él? ¿Quién dejó en el portal de la casa, en los días previos al estallido, esas huellas de barro milagrosas que no llegaron a manchar la acera? ¿Por qué tenían que tener las persianas constantemente bajadas unos terroristas que, sin embargo, se cruzaban a cara descubierta con los vecinos?

¿Quién era ese hombre sin rostro que disparaba desde detrás del enrejado sin que (como hemos visto en un capítulo anterior) quedaran vainas de cartuchos como resultado? ¿Por qué nadie pudo ver a ninguno de los terroristas en la casa aquel sábado 3 de abril? ¿Por qué se tardó tanto (más de cinco horas después de rodear la Policía el piso) en dar la orden de desalojo de los vecinos?

Pero, sobre todo, ¿quién y por qué ha estado filtrando a los medios de comunicación escenas absurdas sobre lo que sucedió en el piso? ¿Qué necesidad había de inventarse corrillos de musulmanes fanáticos o presuntos terroristas envueltos en sábanas?

Paisaje después de la batalla

La explosión de Leganés reventó por completo el piso en que se hallaban los presuntos terroristas. El estallido fue tan brutal que quedaron arrasados prácticamente todos los tabiques de las plantas primera, segunda y baja, como puede fácilmente apreciarse en las fotografías difundidas por las televisiones y los periódicos. Pero esas fotografías no hacen justicia a la verdadera dimensión de ese estallido, porque todas las imágenes que se han difundido son imágenes tomadas desde fuera del edificio. En la siguiente fotografía puede apreciarse el estado del edificio desde dentro un mes después de la explosión, cuando ya las tareas de desescombro y apuntalamiento habían hecho seguro el piso para la visita de los vecinos.

Fotografía 2:


La explosión hizo desaparecer literalmente la mitad del suelo de la vivienda (el forjado existente entre la planta primera y la baja), pero además agujereó el forjado entre las plantas sótano y baja, entre las plantas primera y segunda e incluso el existente entre las plantas segunda y tercera. El techo de la planta tercera llegó también a dañarse, aunque sin llegar a ser agujereado (ver Fotografía 3).

Fotografía 3:

Además de los daños en el forjado, también el hueco del ascensor resultó literalmente arrasado de arriba a abajo, quedando el ascensor comprimido como un acordeón en el fondo del hueco. Sin embargo, las escaleras donde se encontraban los geos no llegaron a derrumbarse.

Son muchas las reflexiones que suscitan estas imágenes. En primer lugar, si verdaderamente había allí unos terroristas dispuestos a morir matando, no tiene ninguna lógica la posición de la carga explosiva. Los geos estaban a la puerta de la vivienda; ¿qué sentido tiene entonces que los terroristas se hicieran estallar encerrados en un dormitorio o congregados en el pasillo, en lugar de disponer las cargas explosivas a la entrada del piso?

En segundo lugar, ¿qué carga tan brutal tuvo que estallar en la vivienda para ocasionar semejantes destrozos? Según el informe de 5 de abril de 2004 del jefe del TEDAX, en aquel piso estallaron unos 20kg de dinamita Goma-2 ECO. Pero eso contrasta con la cantidad de explosivo utilizada en los trenes de la muerte el 11-M: según otro informe del jefe del TEDAX de 20 de abril de 2005, en cada una de las bombas de los trenes se utilizaron 10 kg. de Goma-2 ECO. Resulta un tanto chocante: si 20 kg de Goma-2 ocasionaron semejantes destrozos en el piso de Leganés, haciendo volar todos los tabiques de tres pisos y agujereando el forjado de cuatro plantas, con 10 kg de Goma-2 parece que no hubieran debido quedar de los vagones de tren ni las astillas. Visto de otro modo: la explosión de Leganés destrozó todos los tabiques de ese piso de 100 metros cuadrados; sin embargo, algunas de las fotografías de los trenes muestran los asientos del vagón perfectamente enteros justo al lado del agujero dejado por la explosión.

O en los trenes se utilizó una cantidad de explosivo muy inferior a esos diez kilogramos de dinamita, o en el piso de Leganés estalló una carga muy superior a los 20 kg que nos dicen, o las bombas del 11-M estaban fabricadas de modo que la onda expansiva quedase confinada y reventara los trenes lateralmente.

 
Más incógnitas

Sea como fuere, no son las únicas incógnitas con respecto a esa explosión.

  1. En primer lugar, las declaraciones de uno de los geos heridos a ABC (a las que antes hacíamos referencia) revelan que los tedax detectaron dos focos de explosión, no uno. Los técnicos contratados por el Ayuntamiento de Leganés para determinar si había que demoler el edificio corroboraron esa impresión en una reunión con los vecinos afectados: los destrozos en el sótano no se correspondían con los que hubieran debido existir en caso de haber habido un único foco en la planta primera. Según la impresión de esos técnicos, en el sótano había detonado una segunda carga explosiva. Si es eso cierto, ¿qué sentido tiene? ¿Cayó parte de la dinamita como consecuencia de la explosión, estallando en el sótano después de la caída? ¿Había una segunda carga allí colocada? En ese caso, ¿quién la colocó? Según la documentación que obra en el sumario, los supuestos terroristas no habían alquilado ningún trastero al alquilar la vivienda, por lo que no tenían acceso al sótano.
  2.  En segundo lugar, si damos por buena la cantidad de 20 kg de Goma-2 ECO para la explosión de Leganés, ¿cómo estaba distribuida esa dinamita? Ya hemos comentado en uno de los anteriores capítulos de "Los enigmas" que dos de los cadáveres de los supuestos terroristas aparecieron con sendas bolsas de plástico a la cintura, cada una de las cuales contenía entre 1 y 2 kg de dinamita. Suponiendo que los otros cinco supuestos terroristas hubieran hecho estallar bolsas similares colocadas alrededor de su cintura, eso nos da un total de entre 5 y 10 kg de Goma-2. ¿Dónde estaban los 10 o 15 kg restantes que estallaron? ¿Debemos suponer que los presuntos suicidas hicieron detonar sus cinturones y que, como consecuencia, alguna otra carga colocada en el piso estalló por simpatía? ¿O lo que se hizo estallar fue directamente esa otra carga?
El registro

Después de la explosión, un total de 27 Tedax se encargaron de asegurar la zona antes de la entrada de la juez Teresa Palacios. El auto de 15 de febrero de 2005 del juez Del Olmo detalla los objetos encontrados por la Policía Científica entre aquellas ruinas en presencia de la juez. Además de numerosa documentación y prendas de ropa de los suicidas, aparecieron también numerosas pertenencias de los vecinos cuyos inmuebles habían quedado también destrozados. También refleja el acta que se encontraron subfusiles, una pistola, unas pocas vainas y cartuchos, un ordenador, una cámara de vídeo, una cinta de vídeo deteriorada, dinero, cuadernos y, por supuesto, los restos de esos siete cadáveres. Por último, y a pesar de que los Tedax ya habían hecho su labor, aparecieron también algunos restos de explosivos y algún resto de envoltorio de Goma-2.

Dos días después del estallido, el 5 de abril, los Tedax hacían entrega de una serie de objetos que habían recogido en el piso antes de que la juez levantara acta. Entre esos objetos había ejemplares del Corán, documentación de alguno de los suicidas, papeles manuscritos, bolsas de plástico, llaves, mapas y también algunos otros efectos que conviene reseñar:

  • Nueve (9) teléfonos móviles, 10 cargadores y un manual de teléfono.
  • Un cepillo de dientes con pasta en un neceser.
  • Una madeja de cables gris.
  • Una mochila color naranja, con un carrete de cable de audio y una pila de 1,5 V.
  • Un cartucho de pistola.
  • Restos de una carcasa de despertador.
  • 14 bolsas PVC de envoltorio de GOMA 2 ECO.
  • 17,4 kg de Goma-2 ECO amasada.
  • 594 envoltorios de cartuchos de Goma-2 ECO.
  • 239 detonadores de diversos modelos.
  • Una bandera verde con inscripciones en árabe (es la que aparece en los vídeos de reivindicación).
Resulta chocante. Parece lógico que los Tedax retiren del lugar esos 17,5 kg de explosivos o esos 239 detonadores, o incluso los teléfonos móviles y los envoltorios de Goma-2, pero ¿para qué se llevan los Tedax el resto de efectos? ¿Para que se llevan ejemplares del Corán y libros con caracteres árabes? ¿Para qué se llevan documentación de los suicidas? ¿Y un cepillo de dientes con pasta? ¿Por qué se hizo esa limpia, en lugar de que fuera la juez la que levantara acta de esos efectos?
 
Lo diré de otro modo: el hecho de que los Tedax se llevaran objetos que no parece que tengan mucha relación con su actividad profesional, ¿no abre la puerta a que algún abogado defensor pueda cuestionar (con razón o sin ella) si esos efectos entregados por los Tedax fueron añadidos a posteriori?

Pero, en realidad, el asunto es aún peor. Porque no es sólo que tengamos un acta de registro redactada por la juez y una segunda lista de objetos aportada por los Tedax, lo que ya de por sí suena un tanto irregular. Es que, además, al abrir las cajas de objetos entregadas por los Tedax, la juez descubrió que en esas cajas había toda una multitud de objetos que ni siquiera estaban consignados en la lista que los Tedax aportaron: ropa, mochilas, documentación, ... Es decir, que los objetos supuestamente encontrados en Leganés son de tres tipos:

  • los que la juez consignó en acta, con respecto a los cuales no existen dudas
  • los que aparecen en el acta entregada por los Tedax, que podrían perfectamente ser cuestionados en el juicio
  • los que aparecieron en las cajas entregadas por los Tedax, pero que no estaban reflejados en el acta de entrega.

Yo no entiendo mucho de leyes, pero me da la sensación de que estos últimos objetos tendrán que ser eliminados como pruebas antes o después, porque no existe forma humana de demostrar que ha existido una cadena de custodia. En otras palabras: no tenemos ni idea de cómo han aparecido esos objetos, así que difícilmente podemos incriminar a alguien basándonos en ellos.

Y no estamos hablando de cosas irrelevantes, porque da la casualidad de que entre esa documentación no consignada en acta estaba una libreta de ahorros de Daoud Ouhnane, el argelino al que se le atribuye la única huella dactilar encontrada en la bolsa de basura de la furgoneta de Alcalá. Con lo cual, la situación en lo que respecta a este argelino (que está en busca y captura) es que la identificación de su huella dactilar es dudosa (porque la huella era muy fragmentaria) y el único otro indicio sólido que le vincula con los atentados es una libreta de ahorros que aparece de manera completamente irregular. ¿Se me permitirá decir que dudo mucho de que ese argelino tenga nada que ver con los atentados?

¿Quién ordenó a los Tedax hacer esa limpieza de objetos en el piso? ¿Por qué aparecieron objetos no consignados en acta entre los efectos entregados? ¿Es que no hay ningún aspecto de la versión oficial que no esté plagado de sombras?

Para rematar, contamos con testimonios de personas que participaron en aquellas tareas de desescombro que nos permiten afirmar que en Leganés había un cuarto tipo de objetos: los objetos que fueron retirados de la escena de la explosión sin que quedara constancia de ellos en ninguna de las actas. Estos objetos (que incluían diversa documentación) no han quedado reflejados en el sumario.

Por cierto, la información que tenemos es que entre esa documentación había papeles sobre ETA. Pura casualidad, por supuesto.

En el próximo capítulo: Llámame.


Tiene a su disposición las entregas anteriores de la serie de artículos "Los enigmas del 11-M" a cargo de Luis del Pino.

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