por Luis del Pino 2005-08-31

8. El transporte de los explosivos

&quote&quoteEl transporte de los explosivos se realiza utilizando como lanzadera un coche robado, con matrículas falsas y sin papeles, conducido por un marroquí que exhibe un pasaporte belga y habla en español cuando lo detiene la Guardia Civil. Sin embargo, los agen
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No sabemos todavía, como ya se ha indicado en anteriores capítulos, qué tipo de explosivo se utilizó en los trenes de la muerte. Lo que sí sabemos es que una cantidad indeterminada de dinamita fue transportada desde Asturias a Madrid en los dos primeros meses de 2004, y que esa Goma-2 ECO al menos se corresponde, muy probablemente, con la encontrada en el piso de Leganés. ¿Se empleó esa misma Goma-2 en las mochilas bomba de los trenes? Parece lógico pensar que sí, pero la aparición de restos de explosivo militar en la furgoneta de Alcalá y el informe de Sánchez Manzano donde se apuntaba a la existencia de dos tipos de mochilas bomba (unas con teléfono y otras sin él) nos obligan a dejar la cuestión en suspenso.

El transporte de los explosivos desde Asturias es uno de los episodios mejor documentados en lo que respecta a los preparativos de la masacre, aunque siguen existiendo numerosas preguntas que nadie ha querido o podido responder. Como el lector podrá comprobar, conocemos con una precisión milimétrica mucho de lo que ocurrió en aquel fin de semana del 28 al 29 de febrero de 2004 en que, supuestamente, seis mercenarios marroquíes (cinco de los cuales morirían en Leganés) trasladan a Madrid los explosivos escamoteados en las minas de caolín asturianas.

Los preliminares

El 18 de septiembre de 2003 era robado en Madrid un Toyota Corolla propiedad de Pablo A.T., vehículo que juega, como después veremos, un papel fundamental en toda la trama. En su denuncia ante la Policía, el propietario del vehículo contó que con el coche le robaron también su teléfono móvil, con el que los ladrones realizaron una llamada a Chile. El coche terminaría en manos de Suárez Trashorras, el ex-minero asturiano, que le cambió la matrícula sustituyéndola por la de otro coche del mismo modelo, para evitar ser interceptado en algún control rutinario de la Policía. La nueva matrícula se correspondía con la de otro Toyota Corolla, cuya propietaria responde al nombre de Beatriz H.C. y reside también en Madrid.

Según los informes de la Guardia Civil y los autos del juez, el transporte de los explosivos comenzó el 5 de enero de 2004, fecha en la que Sergio Alvarez Sánchez (alias Amocachi) transportaba a Madrid en autobús, por encargo de Trashorras, un primer cargamento de unos 15 kilos, introducido en una bolsa de deportes. El segundo cargamento sería transportado por Antonio Iván Reis Palacios el 19 de enero. En las dos primeras semanas de febrero, se realizarían dos transportes más por el mismo sistema, esta vez a cargo de un menor apodado El Gitanillo. El sistema en todos los casos era el mismo: algún componente del grupo de El Chino recogía la bolsa de deportes con los explosivos al llegar el autobús a Madrid.

Las cosas se aceleran

Los explosivos estaban, como vemos, trasladándose a pequeñas tandas desde Asturias a Madrid cuando Emilio Suárez Trashorras y Carmen Toro emprenden su viaje de luna de miel a Tenerife, donde permanecerían del 19 al 26 de febrero en un hotel.

Sin embargo, algo hizo que de repente las cosas se precipitaran o alguien debió de dar la orden de acelerar los preparativos de la matanza, porque los mercenarios y los asturianos deciden abandonar el sistema de transporte utilizado hasta el momento y trasladar a Madrid en coche un cargamento completo. La cuenta atrás había comenzado.

El 21 de febrero, Suárez Trashorras llama a El Chino desde una cabina telefónica ubicada en el hotel de Tenerife donde estaba pasando su luna de miel. El 24 de febrero, El Chino llama dos veces al móvil de Trashorras; entre ambas llamadas del Chino, Carmen Toro efectúa una llamada al inspector de Avilés del que Suárez Trashorras era confidente.

Aquellas conversaciones telefónicas debieron de servir para concertar una cita, porque el 26 de febrero, de vuelta de su luna de miel, Suárez Trashorras y Carmen Toro se reúnen con El Chino en la casa de Morata de Tajuña, antes de continuar viaje a Asturias. En esa reunión, Trashorras y El Chino debieron de acordar los detalles del transporte que tendría lugar ese fin de semana.

Al día siguiente, ya de vuelta en Asturias, Suárez Trashorras recibe una llamada de El Chino, tras lo cual Carmen Toro llama de nuevo al inspector de Avilés. Estamos en el 27 de febrero.

Relato de un fin de semana

Antes de entrar en el relato de los hechos, recomiendo al lector que haga una cosa: consultar en Internet las hemerotecas de los periódicos digitales, para ver las ediciones correspondientes al 28 y 29 de febrero de 2004. Si lo hace así, comprobará que aquel fin de semana cayó en España una nevada histórica, que colapsó el País Vasco y el norte de Castilla-León (especialmente Burgos). Miles de conductores quedaron atrapados, el gobierno vasco cerró sus carreteras a la circulación de vehículos pesados y era necesaria la utilización de cadenas en numerosos puertos, entre ellos el del Escudo, que conecta Burgos con Cantabria.

Asimismo, podrá comprobar también cómo en aquel fin de semana ETA envía su propia caravana de la muerte, que sería interceptada por la Guardia Civil en Cañaveras.

El relato de los hechos está basado en los datos de los repetidores telefónicos por los que pasaron los presuntos terroristas, en las listas de llamadas cruzadas, en las declaraciones de algunos de los miembros de la trama asturiana y en las conversaciones telefónicas grabadas a algunos de los mercenarios marroquíes, cuyas comunicaciones estaban intervenidas por orden de un juzgado de Alcalá.

28 de febrero: el viaje a Avilés

A las 12:04 del 28 de febrero, el VW Golf de El Chino sale de Madrid hacia Avilés por la autopista A-6. Además de El Chino, viajaban en él otros dos de los miembros del comando mercenario de Morata: Mohamed Oulad y Abdenabi Kounjaa.

Los repetidores telefónicos nos indican que pasaron por Las Rozas, por Sanchidrián (Ávila), por Cimanes del Tejar (León) y por Molleda (Asturias). Desde aquí, El Chino efectúa una llamada a Suárez Trashorras y poco antes de las cinco de la tarde los tres marroquíes llegaban a Avilés, donde se reúnen con el ex-minero asturiano y confidente policial.

Durante aquella tarde, El Chino y sus hombres reconocen la zona, compran tres mochilas, tres linternas y algunos otros artículos en un Carrefour (el ticket de compra tiene hora de las 21:26) y se disponen a recoger los explosivos en la mina. A las 21.35, Suárez Trashorras llama a El Chino desde una cabina de Avilés y una hora más tarde (22.27) es El Chino quien efectúa una llamada a alguien que está en Madrid y a quien la transcripción de las grabaciones sólo identifica por su nombre de pila: Abdul Khalek.

Los marroquíes y El Gitanillo (el ayudante de Trashorras) se dirigen con sus mochilas hacia las minas en dos coches (el VW Golf y un Escort) y El Chino vuelve a llamar a Abdul Khalek al filo de las once de la noche desde un pueblo denominado Salas. Sin embargo, los miembros del comando de Morata no logran encontrar la mina, y a la 1.53 El Chino llama a Suárez Trashorras para decirle que se ha perdido.

Madrugada del 29 de febrero: la carga de los explosivos

Suárez TrashorrasDespués de recibir nuevas indicaciones, los marroquíes se pasan la noche cargando de explosivos el Ford Escort, con las tres mochilas que habían comprado en Carrefour. Hacia las 6 de la mañana, se reúnen con Trashorras en el garaje de éste y trasvasan los explosivos al VW Golf. Después, vuelven a la mina para recoger un segundo cargamento.

Terminado el trasvase del segundo cargamento de dinamita al VW Golf a eso de las 12 de la mañana, los marroquíes le piden a Trashorras que les preste un coche para utilizarlo de lanzadera, por lo que el asturiano les deja el Toyota Corolla robado.

Desde Asturias, El Chino llama a otro de los miembros del comando de Morata, Otman El Gnaoui, que está en Madrid, y le dice que recoja a otros dos miembros del grupo en un tercer vehículo y que se venga rápido por la carretera de Bilbao.

29 de febrero: la vuelta a Madrid

Aproximadamente a las 12:30 del 29 de febrero, la caravana de la muerte de los mercenarios emprende la marcha desde Asturias. El coche lanzadera es el Toyota, conducido por El Chino; detrás viaja el VW Golf cargado con los explosivos y conducido por Mohamed Oulad. Y aquí viene una de las decisiones más extrañas de los marroquíes. En lugar de volver por la autopista por la que habían venido, deciden internarse en el temporal, yendo por la carretera de la costa hasta Torrelavega (Santander), para torcer allí en dirección a Madrid, atravesando el puerto del Escudo para tomar en Burgos la A-1. ¿Por qué renunciaron a volver por donde habían venido?

En torno a las 2 de la tarde, el segundo grupo de marroquíes, formado por Otman El Gnaoui, Asrih Rifaat y Rachid Oulad emprende la marcha en uno o dos vehículos (este extremo no está claro) para encontrarse con El Chino en Burgos. Existe constancia de una llamada a las 14:01 desde el teléfono de Otman al de El Chino, en la que uno de los miembros del comando le dice a su jefe que van a ir con el coche de Abdullah y que sólo tienen 20 euros para gasoil. El Chino les dice que les verá por el camino y que "ya les vale".

Hacia las 3 de la tarde está grabada una de las llamadas más curiosas de todo este trayecto y que permite ver el tipo de actividades a las que se dedicaba en realidad este grupo de marroquíes, a quien nos han querido presentar como un hatajo de fanáticos integristas. Un tal Anouar llama desde Barcelona a Otman El Gnaoui y los dos hablan de la calidad de la droga que Otman tiene disponible y del precio al que Otman se la puede dejar. ¿Cree el lector que ésta es una conversación lógica para un fanático integrista inmerso en una importante operación de acopio de explosivos? Tanto El Chino, como Otman, como los demás miembros del comando de Morata eran simples delincuentes de poca monta, que igual traficaban con droga que con coches... o transportaban explosivos por encargo. Siempre y cuando los beneficios fueran los adecuados, claro está.

29 de febrero: las multas

El ChinoA las 15.34, el coche de El Chino pasa por el repetidor telefónico de Bricia, en Burgos. En otras palabras: el Toyota y el Golf acababan de atravesar el puerto del Escudo (para el que se recomendaban cadenas) con su carga mortífera de dinamita. A las 16.11, el Toyota pasaba por Quintanarrío, con el VW Golf pisándole los talones, a pocos kilómetros de distancia.

Tres minutos después, a las 16.14, un radar de la Guardia Civil hace una fotografía al Toyota, que circulaba a excesiva velocidad, y los agentes detienen el coche del Chino 600 metros después. Y aquí se produce una concatenación de sucesos inexplicados e inexplicables.

Al detectar que le han hecho la foto, El Chino (que actuaba de lanzadera) hace una llamada telefónica para avisar. Pero, en lugar de llamar al segundo coche, con el fin de que tenga cuidado para que no le paren, a quien llama El Chino para avisar de que le acaba de pillar la Guardia Civil es... ¡al confidente policial Suárez Trashorras! ¿Por qué? ¿Participaba acaso Trashorras en la caravana de la muerte, conduciendo quizá un tercer vehículo? ¿Qué otra razón podría haber para avisar a Trashorras? ¿Quería que Trashorras avisara a alguien?

Todo lo que rodea a esa detención por parte de la Guardia Civil es enormemente extraño. Después de dar el alto a El Chino, el agente le pone tres multas sucesivas, para lo cual tarda la friolera de 25 minutos. En ese tiempo, el agente le pide al Chino la documentación y éste exhibe un pasaporte belga a nombre de Yusef Ben Salah, aunque habla en español con el agente. Éste le pide también los papeles del coche y El Chino le dice que no los tiene, porque el coche es de un amigo. Es de suponer que el agente llamaría a la central para que se verificara la matrícula y la propiedad del coche, y aquí se produce de nuevo uno de los ya habituales episodios de ocultación que jalonan la investigación del 11-M. Las versiones que se han filtrado a los medios son contradictorias: se ha dicho que esa llamada a la central no se produjo, que sí se produjo pero que el sistema de grabación de llamadas sufrió una avería precisamente ese día, que el sistema de grabación llevaba un mes y medio sin funcionar... El caso es que nadie nos ha querido explicar algo tan sencillo como si el agente llamó o no llamó y por qué dejó seguir su marcha a aquel coche que no tenía papeles y que estaba (según la matrícula) a nombre de una madrileña. Lamento decir al lector que la declaración del agente de la Guardia Civil ante el juez no clarifica estos extremos, porque el juez Del Olmo no le preguntó al agente si había llamado a la central y por qué dejó seguir viaje a aquel Toyota.

Mientras tanto, el Golf cargado de explosivos había continuado hacia Burgos, donde vuelven a reunirse los dos coches a eso de las 5 de la tarde. El trasvase de los explosivos a uno de los vehículos que subían de Madrid (si es que hubo tal trasvase) debió de producirse una media hora más tarde en alguna población al sur de Burgos, por la información de que disponemos. Finalmente, dos o tres vehículos llegarían a Morata de Tajuña en torno a las 8 menos cuarto, aunque el último vehículo de la caravana, conducido por Otman El Gnaoui, no llegaría hasta más entrada la noche, como revela una de las llamadas grabadas a Otman. Poco antes de llegar El Chino a Morata, recibe una llamada desde una cabina telefónica de Avilés.

Finalizado el transporte, El Chino se reúne esa misma noche con ese misterioso individuo que responde al nombre de Abdul Khalek, al cual había llamado desde Asturias. Al día siguiente, 1 de marzo de 2004, está registrada una llamada de El Chino a Suárez Trashorras y otra de éste al inspector de Avilés.

Un breve resumen

Como vemos, el resumen de los hechos no puede causar más estupor:

· Los explosivos fueron suministrados por un confidente policial y transportados por unos mercenarios del hampa que estaban estrechamente vigilados, hasta el punto de que muchas de sus conversaciones estaban siendo grabadas.

· El confidente policial que suministra los explosivos (Trashorras) habla con su controlador justo antes y justo después de entregada la mercancía.

· Pudiendo haber vuelto cómodamente a Madrid por autopista, el transporte de los explosivos se realiza internándose en un temporal de nieve y subiendo el puerto del Escudo con un coche cargado de dinamita. La caravana de la muerte termina empleando una ruta exactamente paralela a la de la caravana de ETA que acababa de ser interceptada en Cañaveras.

· El transporte de los explosivos se realiza utilizando como lanzadera un coche robado, con matrículas falsas y sin papeles, conducido por un marroquí que exhibe un pasaporte belga y habla en español cuando lo detiene la Guardia Civil. Sin embargo, los agentes le dejan seguir viaje, sin que nadie haya sido capaz de explicarnos si hubo una llamada a la central verificar los datos del coche.

· Al ser interceptado por la Guardia Civil, El Chino (que conduce el coche lanzadera) no avisa al vehículo que supuestamente transportaba los explosivos, sino que decide avisar al confidente policial que le ha suministrado la Goma-2.

· Cinco de los seis marroquíes que intervienen en esta operación acaban muertos en Leganés. El único que queda con vida es Otman El Gnaoui.

Palabras finales

Son varios los enigmas planteados por esta secuencia de acontecimientos. En primer lugar, es mucho lo que sabemos de aquellos dos días fatídicos, pero son demasiadas también las cosas que ignoramos. En concreto, no tenemos la grabación de las conversaciones que mantuvo el inspector de Avilés con los miembros de la trama asturiana en determinados días clave. Y es una pena, porque esas conversaciones podrían quizá aclarar muchos aspectos oscuros. Desde luego, no parece razonable suponer que las llamadas intercambiadas con Trashorras fueran meras llamadas de cortesía. Pretender, a la vista de los hechos, que Trashorras no informó a su controlador de la operación que estaba en marcha resulta completamente increíble. ¿De qué hablaron Trashorras y el inspector de Avilés inmediatamente antes e inmediatamente después de ese transporte de Goma-2?

En segundo lugar, ¿quién dio la orden de acelerar los preparativos de la masacre en torno al 20 de febrero? Puede perfectamente tratarse de una casualidad, pero resulta cuando menos curioso comprobar cómo pocos días antes ETA acababa de declarar su tregua parcial en Cataluña y cómo ese mismo fin de semana la banda criminal decide enviar su propia caravana de explosivos. Resulta también curioso que los marroquíes renunciaran a volver por autopista a Madrid y tomaran en su lugar un trayecto exactamente paralelo al de la furgoneta etarra detenida en Cañaveras.

En tercer lugar, ¿por qué El Chino llama a Suárez Trashorras al ser interceptado por la Guardia Civil y no al coche que llevaba los explosivos? ¿Participó Trashorras en la caravana de la muerte? ¿O es que El Chino quería que Trashorras llamara a alguna otra persona?

En cuarto lugar, ¿por qué pudo El Chino seguir su viaje? ¿No pudo el agente que le interceptó comunicar con su base? ¿O es que recibió la orden de dejar pasar a aquel vehículo?

Finalmente, una pregunta de carácter logístico. ¿Para qué pide El Chino a otros tres marroquíes que suban hasta Burgos en uno o dos vehículos? Si el objetivo del viaje era transportar los explosivos a Madrid, ¿por qué no continuar directamente viaje en el Toyota y el Golf, con los que ya habían ido de Avilés a Burgos?

Son muchas las preguntas que quedan en el aire respecto a aquel transporte de explosivos y supongo que el juez instructor y la fiscalía estarán tratando de responderlas. De todos modos, como veremos en el próximo capítulo, existen enigmas todavía más inquietantes que éstos en relación con aquellas jornadas previas a la terrible masacre de Madrid. El transporte desde Asturias es, como veremos, únicamente el inicio de una fatídica y macabra cuenta atrás.

En el próximo capítulo: Vísperas de sangre


Tiene a su disposición las entregas anteriores de la serie de artículos "Los enigmas del 11-M" a cargo de Luis del Pino

1. Las tramas superpuestas

2. ¿Participó Al-Qaeda en los atentados del 11-M?

3. ¿Participó ETA en el 11-M?

4. Una impúdica cadena de mentiras

5. Las miguitas de Pulgarcito

6. Las primeras detenciones

7. Jamal Zougham, la cabeza de turco

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