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Adriano y Zapatero

Esa, en efecto, es la respuesta que debemos darle a los ideólogos del PSOE: "Si ustedes no están dispuestos a escuchar a los ciudadanos, entonces no gobiernen". Lárguense.

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Resulta ridícula, casi patética, la pequeña discusión generada por los grititos del Gobierno contra el grito ciudadano del 12 de octubre, el día de la Fiesta Nacional. Penosos son todos los programas y columnas que discuten los "ideologemas" de Bono y la ministra del Ejército, de Zapatero o de la señora Pajín, sobre el momento más o menos oportuno y correcto para expresar una protesta contra el régimen político de Zapatero. Es tan anecdótico que el grito surgido del pueblo, de las bases de la ciudadanía, tuviera lugar en un determinado momento de la celebración del 12 de octubre como buscar "verdad" en las palabras de unos políticos que han hecho del engaño y, sobre todo, del sueldo que reciben del Estado su principal base de poder.

Lo decisivo, pues, fue la protesta surgida del pueblo. Recogida en un gran eslogan democrático que tanto me recordó la crítica de una ciudadana romana al emperador Adriano. Cuentan que el emperador Adriano paseaba un día por Roma de incógnito. Quería disfrutar del anonimato y de una mañana soleada de día de fiesta. Pretendía gozar de la calle como cualquier mortal sin poder. Pero, muy pronto, fue descubierto por una honrada ciudadana. Se trataba de una anciana que quería saber de los proyectos y soluciones de Adriano para mejorar la vida ciudadana. La buena mujer le preguntaba por todo, pero Adriano no le prestaba atención; el emperador quería ser sólo un ciudadano normalito.

Harto de las preguntas de la señora, y sin saber cómo quitársela de encima, Adriano exclamó: "¡Por favor, déjeme en paz; no tengo tiempo para usted!". A lo que contestó la vieja dama con no menos precisión: "Entonces, Adriano, no gobiernes". Pues esa, en efecto, es la respuesta que debemos darle a los ideólogos del PSOE: "Si ustedes no están dispuestos a escuchar a los ciudadanos, entonces no gobiernen". Lárguense. Eso es todo. Pero, si por el contrario, ustedes persisten en quedarse en el poder con la vieja cantinela de que son cuatro gatos los que protestan contra Zapatero, será menester que insistamos en lo sucedido el día de la Fiesta Nacional. Ese día surgió un grito de protesta de carácter democrático. No estaba organizado por ningún grupo político. Era un grito nacional, o sea, una forma de dignificar la ciudadanía.

Nadie dude de lo que quedará registrado de ese día en los anales del régimen político actual. Un historiador futuro de esta alevosa "democracia" escribirá:

El día 12 de octubre de 2010 la gente gritó: "Zapatero, dimisión". Allí por donde pasó ese día el presidente del Gobierno, ya fuera en la Plaza de Lima o por la Gran Vía de Madrid, el pueblo gritaba: "Zapatero, dimisión". Fue el eslogan de la protesta del día de la Fiesta Nacional. El resto es gana de perder el tiempo. O peor, mentir y ocultar la realidad.

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