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Aguirre y la libertad

Pocas encuestas hallaremos en este ámbito que bajen el dato de un 70% de la población oponiéndose a la prohibición de la apertura de los comercios los domingos y festivos.

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El discurso de investidura de la presidenta del Gobierno de Madrid, Esperanza Aguirre, ha estado más lleno de contenidos que de buenos propósitos. Felicidades. Es una manera de incluir a la ética en la política. Frente a la libertad vigilada a la que nos tiene sometido el Gobierno de Zapatero, Aguirre propone libertad sin otro tipo de intervención por parte de su Gobierno que no sea traer más libertad ciudadana, comercial y política. La libertad para la presidenta de Madrid es un supuesto y una conquista. Basta fijarse en la voluntad expresada por Aguirre sobre la necesidad de avanzar en la libertad de los horarios comerciales para percatarse por dónde transitará este importante mesogobierno de España.

En efecto, luchar contra la normativa que trajo el Gobierno de Zapatero en este punto será decisivo para el Gobierno de Madrid. ¿Por qué? Porque la normativa sobre los horarios comerciales de Zapatero-Montilla vulneraba gravemente la libertad de empresa, pero, sobre todo, ha sido un dardo envenenado contra la libertad de los ciudadanos que, como consumidores, quieren hacer sus compras cuando más les conviene. Luchar contra todo lo que frene el comercio, o sea, comprar y vender algo a cualquier hora del día, será objetivo prioritario de esta legislatura.

Detrás de la liberalización de los horarios comerciales, hay una decisiva filosofía política de la libertad. Cuando en España, y no es la primera vez que lo digo, exista la posibilidad de comprar un colchón a las cinco de la mañana en un establecimiento público, nadie lo dude, estaremos acercándonos de verdad a los estándares de modernidad, progreso y libertad que un ciudadano de Nueva York puede experimentar llevando a cabo esa sencilla operación de compra-venta. Pero, hoy por hoy, satisfacer tal aspiración en España es casi una utopía.

Montilla y Zapatero se opusieron a llevar a cabo la ley sobre libertad total de horarios comerciales, que el Gobierno de Aznar había preparado para que entrara en vigor en el año 2005, por motivos electoralistas impuestos por los nacionalistas catalanes. Ellos, sin embargo, dijeron que la libertad horaria no era una demanda de la sociedad. Obviamente tal declaración era y sigue siendo una mentira. Si la sociedad española ya se ha acostumbrado a vivir en libertad, a comprar un domingo por la tarde o un día de fiesta por la mañana, hacerle decir lo contrario es no sólo ir contra la ciudadanía sino tratar de engañarla.

Bravo, pues, por Esperanza Aguirre, porque excepto los famosos sindicatos de "clase" y los empresarios no competitivos, que colaboran con las patrañas "electoralistas" de los socialistas y nacionalistas, apenas existen argumentos a favor de la restricción de los horarios comerciales, por no decir nada de las encuestas. Estas últimas son claras y distintas respecto a los consumidores. Pocas encuestas hallaremos en este ámbito que bajen el dato de un 70% de la población oponiéndose a la prohibición de la apertura de los comercios los domingos y festivos. Respecto a los "argumentos" del Gobierno para restringir los horarios no pueden ser más peregrinos, entre ellos destaca la siguiente falacia: "La apertura generalizada de los comercios en festivos aumentará los precios." En fin, el inmovilismo y la demagogia electoral es todo, cuando se habla de restricciones de los horarios comerciales, además de ser una de las peores medidas que puede adoptarse para generar empleo. El recorte de plantillas con la reducción de los días festivos es una evidencia.

Por lo demás, si alguien cree que la restricción de la libertad de horario protegerá a los pequeños comerciantes, está muy equivocado. Aprender en cabeza ajena y pregunten lo sucedido en Alemania: he ahí un país con fuertes restricciones donde el pequeño comercio tiende a desaparecer, es decir, lo contrario que sucede en el Reino Unido donde hay libertad de horarios. En fin, más le valdría al Gobierno hacer cambios en la regulación laboral, mejorar las ayudas directas y reducir impuestos a los pequeños comercios que atacar a los consumidores y a las superficies comerciales que están por la libertad de horarios.

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