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Al Gobierno no lo entienden ni sus seguidores. Dice cosas contradictorias e incoherentes. Su negociación con ETA es ya uno de sus fracasos más sonados. Ni siquiera han conseguido subir en las encuestas y tiene con el alma en vilo a sus defensores. A pesar de su política totalitaria con el PP no consiguen distanciarse del partido de la oposición. Las encuestas son reveladoras del fracaso socialista. No consiguen marginar al PP. Quisieron acabar con el PP, primero, estigmatizándolos; después, con una confrontación abierta y grosera acusaron al PP de no querer acabar con ETA; más tarde, han intentado desactivar al partido de Rajoy desde dentro enfrentando a sus dirigentes; y, mañana, harán cualquier otra burrada.
Da igual, porque lo cierto es que las encuestas no les dan la razón a los socialistas. El PP sigue representando a la mitad del país. Y, sobre todo, el PP sigue siendo la referencia clave para que la democracia no desaparezca. No es poco tal y como están las cosas. Por lo tanto, las encuestas sirven para muchas cosas y nos ayudan a interpretar la realidad. Las publicadas el domingo son significativas en cuanto al rechazo que obtiene el PSOE por su particular y obsceno "proceso de negociación con ETA". Sin embargo, el Gobierno se obstina en vivir fuera de la realidad. Sus dirigentes desconocen la opinión de la gente de la calle. Han perdido el contacto con los ciudadanos normales. Actúan al margen de las costumbres, hábitos y tradiciones del país. No hablemos de ideas. El Gobierno carece de ellas y sus intelectuales orgánicos sólo dicen trivialidades. Nada. Propaganda vieja y manida. Los espumarajos de alguno de ellos producen risa. Sus intelectuales están sonados. Resultan grotescos porque creen vivir en tiempos de Franco. Se repiten hasta la saciedad y siguen dando patadas a un burro muerto. De tanto repetirse se han vuelto locos. La gente pasa de ellos. Están desapareciendo a fuerza de ejercer de intérpretes de unos majaderos políticos. Ellos lo saben, pero no tienen coraje para cambiar de registro.
El penúltimo ejemplo de majadería política lo ha ofrecido Rubalcaba al decir que es necesario "hablar poco en público y mucho en privado sobre ETA". Poca inteligencia revela la consigna, primero, porque hurta a la ciudadanía el principal asunto que el propio Gobierno le ha ofrecido desde hace dos años, a saber, terminar con el terrorismo. ¿Cómo vamos a dejar de hablar ahora del principal tema de la agenda política propuesta por el Gobierno? Decían que Rubalcaba era hombre de más luces que Zapatero. Quizá. Pero, en mi opinión, su última consigna sitúa al ministro a la misma altura intelectual que el presidente. Cero. No saben dónde van. Uno y otro chapotean en la charca de la estulticia política. Después de decirnos durante dos años que el único problema grave era terminar con ETA, ahora, tenemos que callar... El problema de la frase de Rubalcaba es que, además de estulticia, revela un sectarismo propio de un régimen totalitario. La política entendida como diálogo y persuasión inherentes al espacio público no se prodiga con generosidad en España, pero con este tipo de consignas desaparece por completo.
Por fortuna, cada vez más ciudadanos, según revelan las encuestas, saben que un pacto entre el Gobierno y los asesinos es el fin de la democracia. Ahí reside la fuerza de Rajoy. Esperemos que la aproveche.

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