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Bayrou y España

Aprendamos de Francia

Es obvio que la política española está empantanada. Putrefacta. Los nacionalismos han conseguido situar la política en los barrizales del salvajismo asocial y anticiudadano. Necesitamos modelos. Algo o alguien que nos entusiasme. Los resultados electorales franceses son también interesantes para España. Me gusta la subida espectacular y, a todas luces, racional del candidato Bayrou. No representa un centrismo vacío y "equidistante" de no se sabe bien qué extremos políticos, sino la posibilidad mediadora y, por supuesto, con influencia real en la manera de hacer política las otras dos grandes formaciones políticas. El fenómeno Bayrou debería ser estudiado para España. Más aún, tendría que producir cierta inquietud su importación. Es una posibilidad para superar la degeneración en que el nacionalismo tiene sumida a la conciencia pública nacional.

¿Por qué no podemos aprender los españoles de Francia? ¿Por qué no iba a poder trasladarse lo que tiene de positivo ese fenómeno político a España? ¿Por qué no podría surgir una fuerza política capaz de decir basta a quienes sólo aspiran al poder por la negociación con los nacionalismos? ¿Por qué no íbamos a querer importar modelos políticos que dieran al traste con el bochornoso espectáculo de Matas y la señora de CiU? ¿Por qué no iban a coincidir líderes de opinión, políticos de diferentes ideologías, elites intelectuales de diferentes procedencias y millones de ciudadanos de derecha e izquierda, liberales y socialdemócratas, en la defensa de la nación española frente al insoportable agobio totalitario de los nacionalismos? ¿Por qué, hoy por hoy, no podrían convivir en un partido de sentido común y nacional gentes como Alejo Vidal-Quadras y Francisco Vázquez, Jaime Mayor Oreja y José Bono, y otros 50 nombres más de origen socialista y popular?

La simple formulación de estas preguntas debería poner nerviosos a los dirigentes del PSOE y el PP. Ojalá. Nada me gustaría más que esas preguntas les enfadase, les pusiese nerviosos, a los jefes de sus respectivos partidos. Eso sería señal de que son conscientes de que viven en una "nación" herida por una conciencia pública, reitero, degenerada donde campa a sus anchas el resentimiento. Ojalá los resultados franceses los excitara para hacer política, es decir, para revisar a conciencia sus liderazgos políticos y, sobre todo, pusieran al día los principios por los que se rigen sus partidos. Repasen, sí, que son partidos nacionales o no son nada. Seguir obsesionados con alcanzar el poder a través de la negociación con la chusma nacionalista es seguir alimentando el resentimiento de la política nacionalista.

Si perverso es lo de Zapatero que se esconde detrás de los nacionalistas, mediocre es lo del PP que sólo aspira a empatar con los socialistas para negociar con lo más "presentable" (¡!) del nacionalismo catalán. Ninguno de los dos parece dispuesto a cambiar la ley electoral. Ninguno de los dos quiere salir de esa cruel y putrefacta situación política en la nos instaló hace ya demasiado tiempo el cruel y faccioso nacionalismo.

Así las cosas, ¿quién en su sano un juicio puede dejar de anhelar una tercera fuerza política, como la que representa Bayrou en Francia? Nadie. Este anhelo, sin embargo, no es utópico, sino que es una ansiedad surgida de dos realidades: los resultados reales de Francia y la no menos real negativa de lo dos grandes partidos políticos de España a pactar contra los nacionalismos. Sin duda, pues, hay espacio para ese tercer partido. ¿Creen iluso mi planteamiento? Quizá, pero miren lo de Ciudadanos... Tampoco el sistema de partidos en España es algo inamovible.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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