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Proceso de rendición

Campaña terrorista

¿Proceso de paz o campaña terrorista? El último Zutabe de ETA responde con contundencia. Estamos asistiendo a una de las campañas terroristas más crueles de la historia de ETA, pero el Gobierno se empeña en hablar de proceso de paz para eludir sus responsabilidades políticas y, seguramente, penales. El terrorista consigue sus objetivos matando o preparándose para matar. Desde que declaró su tregua para negociar con el Gobierno no ha hecho otra cosa que prepararse para seguir matando. Por lo tanto, resulta difícil llamarle al proceso de negociación del Gobierno con ETA de otro modo que no sea campaña terrorista. El desconcierto intelectual y moral producido por el terrorismo nos hace olvidar con facilidad que su lógica es matar y no matar. No hay otra. Las dos vías conducen a los mismos objetivos.

El último Zutabe de ETA demuestra que los criminales no sólo no renuncian a esos objetivos, sino que son las condiciones mínimas para negociar con el Gobierno la legalización de su brazo político. Si alguien no tenía claro que el alto fuego declarado por ETA era el inicio de una terrible campaña terrorista, lea este Zutabe y comprobará que los criminales de ETA sacan el máximo partido a su macabra estrategia criminal: matar y no matar, asesinar y no asesinar, atentar y no atentar. Quien no comprenda este juego entre la muerte y la vida, olvídese de combatir el terror. El Gobierno y sus corifeos intelectuales lejos de tomarse en serio esa "lógica" criminal, implacable y constante a lo largo de la historia de ETA, la han puesto entre paréntesis otorgándole capacidad política a quien sólo obedece a esa terrible lógica.

Por desgracia, esa concesión política del Gobierno a los criminales no sólo no ha servido para atemperar sus exigencias, según nos habían advertido hace ya tiempo las víctimas de ETA, sino que los ha envalentonado hasta exigirle al Gobierno que cumpla lo pactado: mesa de partidos políticos, legalización de Batasuna, fin de las detenciones, acercamiento de los presos al País Vasco, etcétera. Por aquí, otra vez, será necesario reconocer que el Gobierno, indirectamente, está colaborando a la mayor campaña terrorista de la democracia. Pocas veces en la historia reciente de España han tenido los terroristas de ETA tantas oportunidades como ahora, desde que declararon un alto el fuego, de presentarnos públicamente sus exigencias terroristas. Nunca como ahora habían tenido tantas ocasiones de ratificarse en público por los crímenes cometidos. Nunca, en fin, como ahora ETA había tenido tanto protagonismo público.

Así las cosas, sólo un imbécil negará que la actual campaña terrorista de ETA no está teniendo éxito. Tanto ha sido el triunfo de ETA sobre el Gobierno que éste ha convertido una campaña de propaganda terrorista, quizá la más agresiva de su historia, en un proceso de paz con contrapartidas políticas, entre las que muy pronto veremos la legalización de Batasuna. Lejos está ya el Gobierno de exigir una negociación para que ETA abandone las armas y se arrepienta de sus crímenes. Sólo pide hablar con los terroristas para que sepan valorar los pasos dados por el Gobierno. El alto el fuego declarado por ETA, sin duda alguna, ha permitido a los terroristas justificar públicamente sus crímenes pasados, que serán el principal argumento de sus crímenes futuros. Por supuesto, no se plantean ni de lejos pedir perdón a las víctimas, ni renuncian a las armas y, sobre todo, toman la calle para extorsionar, amenazar y reprimir a los ciudadanos para demostrar a los ciudadanos que el Gobierno no controla nada.

Sin embargo, el Gobierno persiste en engañar a los ciudadanos utilizando la ingenuidad del hombre medio, que consiste en hacer creer que el terrorista es un ser normal, alguien con capacidad de argumentación política, cuando no mata. Es un error propio de quien necesita una explicación rápida para superar el desconcierto moral e intelectual que nos produce el terror. El problema es que el terror, y esta campaña de alto el fuego de ETA figurará en su historia como una de las más terroríficas, carece de sentido al igual que todo aquello que nos repugna, confunde y asusta. Buscar explicación al terrorismo sin comprender su "lógica" criminal es condenarse a repetir lo obvio, o peor, sus mentiras medidas. El terrorista es siempre un criminal, independientemente de que atente o no. La lógica terrorista es implacable: todo puede conseguirse matando o "explicando" el asesinato. El terrorista atenta o justifica el atentado. El terrorista mata o hace campañas terroristas para explicar sus asesinatos.

El terrorista es siempre un criminal. Matando y sin matar sólo tiene una obsesión: eliminar al otro para conquistar el poder.

El olvido de esa verdad por parte del Gobierno está poniendo al sistema democrático al borde de su desaparición. Es, por lo tanto, urgente que el Gobierno reconozca haber sido engañado por ETA o, por el contrario, tendremos que pregonar que está colaborando con la banda criminal para sacar rédito político en las próximas campañas electorales.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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