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CCOO y la crisis

Los sindicatos de clase españoles lo pasarán muy mal en los próximos años. La crisis los ha dejado estupefactos. O, peor aún, sorprendidos por un Ejecutivo ramplón y ridículo.

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Decía ayer uno de los periódicos del Gobierno, El País, que no lo tiene fácil Ignacio Fernández Toxo, secretario general del sindicato CCOO, en la etapa de recesión que ha entrado España. Tan cierto es el diagnóstico, tan reales y terribles serán las dificultades a las que tendrá que enfrentarse el nuevo secretario general, que el antiguo, José María Fidalgo, no ha querido dar la batalla para quedarse otro mandato. Ha salido a escape. No quería quemarse. Fidalgo, hombre inteligente donde los haya, ha preferido simular una derrota para que cargue otro con el mochuelo. Él se va con dignidad, entre otras razones, porque su informe de gestión fue aprobado sin problemas; pero, seguramente, su sindicato está abocado a unas terribles contradicciones que nadie podrá solucionar fácilmente. Seguirá muriéndose entre un sindicalismo serio o un sindicalismo protegido por el poder. 

El sindicato se verá permanentemente enfrentado al siguiente dilema: o entrega total a Zapatero o movilizaciones en la calle; o sindicalismo político o sindicalismo empresa a empresa. O todo con el Gobierno o nada. Es obvio que los riesgos de una y otra línea son evidentes. Sospecho que Fernández Toxo no lo resolverá. Permanecer en el cargo sin que el sindicato sufra mermas necesitará, pues, mucha imaginación para salir de este atasco. A pesar de todo, creo que la solución adoptada no es la peor. Fernández Toxo, frente a lo que se ha dicho, no representa una línea "izquierdista" del tosco sindicalismo de clase de épocas pasadas. El nuevo secretario general no optará entre la movilización permanente o el silencio de los corderos. Por el contrario, intentará pactar con todos los agentes sociales y políticos para no fenecer.

En ese punto, poco variará la acción de Fernández Toxo respecto a Fidalgo. Otra cosa, naturalmente, serán las declaraciones que, sin duda alguna, serán más radicales. En fin, creo que la elección de Fernández Toxo ha resuelto de momento el principal problema: o lucha sindical dura y en la calle por un lado, o pactismo y cesiones permanentes por otro. La solución es clásica en este sindicato: habrá una retórica revolucionaría de puertas para afuera, pero, de puertas para adentro, esa palabrería irá acompañada de un entreguismo absoluto al Gobierno y a las empresas. Nada. Sindicalismo de cartón piedra siempre dispuesto a entregarse a quien le ofrezca más parné a sus cúpulas.

Lo único real en el congreso de CCOO es que el nuevo secretario general ha parado a los de Agustín Moreno, o sea, a la izquierda del sindicato. Pocos, muy pocos, parecen haberse percatado de este asunto. Precisamente, por eso, algunos editorialistas de ayer se columpiaban, cuando editorializaban que CCOO se radicalizaba en el momento más inoportuno. Ni se radicaliza ni ha girado a la izquierda. CCOO sólo busca su puesto para que el Gobierno no lo devore, definitivamente, como ha hecho con UGT. Quede, pues, claro que el nuevo secretario general no es del sector duro y crítico del Sindicato. Cualquiera que sepa un poco de sindicalismo será capaz de reconocer que era y, sospecho que sigue siendo, Agustín Moreno, quien mejor representa a ese sector del sindicato. 

En fin, aunque están sobreprotegidos por el sistema político, los sindicatos de clase españoles lo pasarán muy mal en los próximos años. La crisis los ha dejado estupefactos. O, peor aún, sorprendidos por un Ejecutivo ramplón y ridículo, desde el punto de vista de la creación de empleo, y obtuso para adelantarse y tomar medidas que paliaran la crisis financiera y económica, que, por otro lado, había estado negando hasta ayer por motivos populistas y electorales. Los sindicatos, sin embargo, han estado legitimando la ineficacia e inoperancia del Gobierno hasta el punto de que muchos de sus afiliados, y por supuesto de millones de trabajadores que los veían como un mal necesario para el funcionamiento del sistema, han comenzado a criticar a los dirigentes de las cúpulas sindicales por haber quedado reducidos a ser meros instrumentos del Ejecutivo.

Emparedados entre el Gobierno, protector de unas elites sindicales poco legitimadas para su cargo, y sus críticos, millones de parados y trabajadores que sufren la crisis, los dirigentes sindicales de CCOO tendrá que poner mucha inteligencia en su gestión para no terminar, durante esta crisis, feneciendo. 

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