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Chaves contra "El Mundo"

Hace ya tiempo que Chaves convirtió las instituciones de la autonomía política de Andalucía en una finca al servicio de sus intereses, primero, y de su partido más tarde. Andalucía debería ser, no sólo el granero socialista, sino el “modelo” para España. Temo que lo primero siga siéndolo, pero por fortuna hace tiempo que dejó de ser modelo para nadie; más bien, es un ejemplo de falta de desarrollo democrático para el resto de España. En efecto, el problema más grave de Andalucía no es el económico, con ser grande, o el social, con ser una de las sociedades más desestructuradas de la Nación. Me explico. Después de haber dejado su cargo de Ministro de Trabajo en el Gobierno de España, Chaves recaló en Andalucía para profundizar la uniformación antiilustrada de una parte de la sociedad andaluza, la más subdesarrollada intelectual y económicamente. Sin duda este objetivo lo ha conseguido con creces. La técnica para la consecución de este logro populista no es otra que la utilización eficaz de la estaca y la zanahoria, de producir desempleo y otorgar subsidios, o sea de comprar votos por pan.
 
Conseguido el objetivo de llenar la andorga de su población, de eliminar sus aspiraciones ciudadanas por un pedigüeño clientelismo social, ha conseguido amedrentar a los mejores ciudadanos de esa sociedad con la instrumentalización de las instituciones democráticas tanto del Estado como las de la sociedad civil. El control que ejerce sobre todos los órganos de la Administración autonómica son casi absolutos. No hay institución pública que se mueva sin los dictados de Chaves o su lugar-teniente Zarrias. Las Universidades, por ejemplo, había que tomarlas para hacer de su autonomía un cortijo, que repitiera las consignas emanadas de una Consejería de Educación dedicada por completo a la agitación y propaganda contra el Gobierno de España. La represión de los centros de emancipación e ilustración democrática ha sido capital para mantener una bolsa de votos cautivos para el socialismo español.
 
La universidad por un lado, y los medios de comunicación por otro, son, seguramente, los dos principales instrumentos que ha utilizado Chaves para ocultar un proceso de ideologización totalitario del que constará mucho salir a esa sociedad. La utilización torticera del derecho ha sido la principal técnica para reprimir profesores o, simplemente, expulsarlos. También el recurso a la “justicia”, al gobierno de la Justicia, para eludir responsabilidades políticas ha sido la principal estratagema para silenciar, reprimir e insultar a los medios de comunicación no afectos a Chaves. Entre los reprimidos de Chaves ocupa un primer lugar El Mundo de Andalucía, magistralmente dirigido por uno de los periodistas más inteligentes y honrados de España, Francisco Rosell. Otra vez, por desgracia, este periódico tiene que verse involucrado en una querella interpuesta por Chaves, por la Junta de Andalucía, por informar del seguimiento al que fue sometido un antiguo Presidente de la Caja de San Fernando.
 
El problema más grave de Andalucía es, pues, de transparencia democrática. El asunto de El Mundo lo pone otra vez en evidencia. La confusión entre el poder y el derecho es, a veces, tan asfixiante que parece que vivamos en una sociedad totalitaria. La influencia y la presión de la Junta sobre el Gobierno de los Jueces resulta tan alarmante que uno pareciera estar en un régimen sin justicia. Las técnicas para presionar son múltiples, pero hay una que nunca falla, cuando se quiere obstruir una investigación política, o se niegan a clarificar actitudes que pudieran ser susceptibles de actuaciones judiciales, se mata la investigación que puede llevarse a cabo en el foro público (medios de comunicación, parlamentos, plenos municipales, etcétera) presentando una querella contra el medio que informa. Ésta quizá no prospere, pero el daño ya está hecho. Pero si topan con un juez “influenciables” o, no sé que es peor, débil como pudiera ser el caso, El Mundo pudiera ser condenado simple y llanamente por informar. Matar al mensajero siempre ha sido una táctica totalitaria de gran eficacia.
 
Chaves, ¡ojo!, no es un político “corcho”, sino un atrabiliario dirigente del socialismo más populista, que no distingue entre poder y derecho, dispuesto a suceder a Zapatero para traer orden a su partido con un golpe ideológico a la democracia.

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