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Venezuela

Chávez y Zapatero

Nadie en su sano juicio podía prever que Chávez perdería las elecciones. Aunque la voluntad ganadora de la oposición chavista era grande, sabía lo que le esperaba. El recién elegido presidente de Venezuela dio un golpe de Estado para apoderarse del poder. Fracasó. Posteriormente, con la ayuda de unos pocos intelectuales, lo más degenerado de la sociedad venezolana, y con el apoyo de la izquierda comunista consiguió instalarse en la vida política, en 1998. El resto es de sobra conocido: fracturó el poco Estado democrático existente en Venezuela hasta instaurar un régimen político populista a su medida. Convirtió la democracia liberal en un régimen revolucionario de corte castrista. No existe separación de poderes. No hay garantía de libertades y, por supuesto, no hay un clima propicio para que las pocas agencias de socialización política en general, y los partidos políticos en particular, actúen sin cortapisas revolucionarias. Pero, sobre todo, desapareció hace años la condición mínima para hablar de democracia: la autolimitación en el ejercicio del poder. Chávez quiere ser un dictador eterno y no se cansa de repetirlo.

En este ambiente tiránico me alarmo al leer los comentarios de la prensa nacional sobre los resultados de las elecciones presidenciales del domingo. Todo estaba cantado. Barrería Chávez. Todo estaba amañado. Sin embargo, los comentaristas simulan que el régimen de Venezuela es una democracia. Todo el mundo sabe que ha construido un régimen para perpetuarse en el poder, pero simulan que hay democracia porque hay votaciones. He ahí la principal fuerza de Chávez en el exterior: la propaganda y la mentira. La situación de Venezuela es verdaderamente dramática no sólo porque vive bajo la bota de un dictador, sino porque éste pasa por ser un benefactor de la democracia. Venezuela, pues, sigue aún más enrejada que en el año 2002, cuando la movilización social y política protagonizada por la oposición casi logra sacar a Chávez del palacio de Miraflores.

Presa de este revolucionario castrista, la oposición venezolana tiene, sin embargo, que agarrarse como un clavo ardiendo a los últimos resultados electorales. Éste es el otro drama. A pesar de la represión dura e inflexible que el régimen de Chávez ha sometido a la oposición, ésta no sólo existe testimonialmente sino que con 38 % de los votos ya se ha convertido en una real y plausible oposición. Chávez, sí, casi ha doblado en votos a la oposición, pero eso no significa que la haya eliminado. Es, pues, un rayo de esperanza en un contexto descorazonador. Es lo único que queda en una nación donde la corrupción es total, los índices de emigración son obscenos, si tenemos en cuenta que Venezuela es uno de los países más ricos del mundo en recursos naturales. La emigración masiva de venezolanos de su tierra está acompañada por la fuga a Estados Unidos y España de sus técnicos más preparados. Es un escándalo que una parte decisiva de la sociedad civil venezolana ya está fuera. Ese es uno de los principales éxitos de Chávez: expulsar a los mejores en todos los campos de su nación.

La pobreza aumenta y aumenta sin que ninguno de los planes del prócer Chávez haya conseguido éxito alguno. Los programas sociales de las Misiones, una especie de dádivas gratuitas para los más pobres, son sólo meras ilusiones. Nada. Más aún, el empobrecimiento de las clases medias, que era una de las columnas vertebrales del régimen democrático venezolano, ha crecido hasta el punto de que ese grupo se ha convertido en un objeto preciado del chavismo. Hablar de democracia en ese contexto político y social es poco menos que un sarcasmo.

Sin embargo, me cuentan que el triunfo de Chávez llenó de alegría la sede de la Presidencia del Gobierno de España. El entusiasmo fue desbordante. Terrible. Tan terrible como que Zapatero no hará nada contra Chávez para que éste no conceda la nacionalidad venezolana a dos criminales de ETA, que están reclamados por la justicia española e internacional. Y no hará nada, sin duda alguna, porque el modelo "político" de Zapatero es Chávez, o sea, cualquier cosa que puede hacerse con tal de eliminar a la oposición.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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