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Circunstancia y convicción

Zapatero se pasa todas esas circunstancias, en realidad, todas esas posibilidades que nos vienen impuestas por la actual vida política, por el arco de triunfo y, sencillamente, nos dice que ya verá si se presenta o no a las próximas elecciones.

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Me han llamado la atención las declaraciones de Zapatero en Onda Cero. Dijo cosas nuevas, sugirió otras relevantes y amenazó con persistir hasta el final de su mandato. Sacó musculatura política contra la oposición y contra los jefecillos territoriales del PSOE. Quiso dejar claro que la política es la utilización de la violencia legítima y él la utilizará hasta el final. No dio grandes titulares, pero eso, ciertamente, no es tanto un problema suyo como del medio y de los lectores de sus palabras. A pesar de todo, Zapatero no está tan muerto como creen sus adversarios. Quizá su pacto con Rubalcaba para administrar tanta inmundicia y miseria económica permita al titular de Interior ser el candidato del PSOE para las generales, pero, de momento, Zapatero se lo va a poner difícil al PP.

Por encima de todo, quiso dejar claro que él es el único que manda en el Estado, en el PSOE y, casi, en la Oposición, pues que la lección de "democracia barata" que le dio a Rajoy por lo de Álvarez Cascos sonaba a cachondeo. Por supuesto, no dejó de recordar a sus sucesores, y en eso tiene toda la razón, que su "legitimidad", la legitimidad que él tuvo que ganar en el 35º Congreso Federal de su partido no será fácil para el que venga. Por supuesto, Zapatero olvida que la legitimidad de origen de un político tiene que ser revalidada constantemente con acciones que, por supuesto, van más allá de ganar elecciones.

A Zapatero, sin embargo, la legitimidad de ejercicio no le importa nada; quizá, por eso, declara con una absoluta carencia de vergüenza y responsabilidad democrática que "no contemplo las circunstancias sino mis convicciones para presentarme a las próximas elecciones". He ahí la quintaesencia de su irresponsabilidad política. Zapatero nada tiene que ver con los políticos responsables que evalúan las circunstancias, las posibilidades, en fin, la vida política que restarían a sus ciudadanos con su presencia en la vida pública. Zapatero no entiende que las agencias nacionales de socialización política lo responsabilicen de la tragedia económica e institucional que vive España. Tampoco le presta atención a que los mercados internacionales lo consideren causante directo de la carencia de fiabilidad de la economía española en el mundo. Menos aún se hace eco de las encuestas que lo consideran uno de los políticos peor valorados de la historia democrática.

Zapatero se pasa todas esas circunstancias, en realidad, todas esas posibilidades que nos vienen impuestas por la actual vida política, por el arco de triunfo y, sencillamente, nos dice que ya verá si se presenta o no a las próximas elecciones, obviamente, en función de sus "convicciones", que no pueden interpretarse de otro modo, conociendo un poco al personaje, que no sea sus intereses más particulares y mezquinos. En fin, Zapatero jamás esgrimirá el pensamiento de Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mis circunstancias, y si no las salvo a ellas no me salvo yo". Por otro lado, tampoco suscribiría la ética de la responsabilidad, al margen de las convicciones, que exigía Weber para los políticos profesionales.

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