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Reacciones a la victoria de Bush

Columnistas bajo sospecha

Los resultados electorales de EEUU han puesto en cuestión, definitivamente, a Europa, a la más nihilista UE, entregada a los dictados más irracionales del multiculturalismo tercermundista de corte afrancesado. La elección de Bush ha puesto en evidencia la debilidad mental de unos intelectuales que han cambiado el respeto a la verdad por una equiparación suicida de "valores culturales". Además, el comportamiento de los electores de EEUU ha puesto al descubierto la falta de coraje moral de unos gobernantes que cierran los oídos cuando oyen la palabra patria; o peor, cargan contra ella valiéndose de las mismas leyes que les permiten manifestar sus aviesas pretensiones. EEUU ha puesto, al fin, en su lugar a quienes matan todo aquello que les procura vida.
 
EEUU, pues, no está bajo sospecha. Quienes están cuestionados, de verdad, son los intelectuales, comentaristas políticos y "filósofos" que han dado apoyo, bajo el asalto concertado de unos "saberes" más o menos objetivos, a unos políticos que ha querido sepultar la idea de libertad sin que nadie se conmoviera. El pueblo americano ha vuelto a dar una prueba para que el mundo entero no sienta miedo de la libertad. Genuina base de la civilización occidental y, quizá, único paradigma para universalizar otras "culturas". Han ganado los valores morales que soportan a la nación americana desde su fundación hasta hoy. Ha ganado Bush contra el oportunista Kerry. Ha ganado la convicción de que la libertad marcha íntimamente unida al carácter religioso de los norteamericanos. Otra vez, como en la época de la fundación de EEUU, libertad y religión reinan, como dijo Tocqueville, juntas sobre el mismo suelo.
 
Contrasta esa posición con la de Europa, con la de unos nihilistas líderes políticos, que no saben qué hacer con la cultura cristiana, con una civilización, sin la que ellos les resulta imposible comprenderse. El nihilismo suicida de Europa, de los políticos y comentaristas de prensa, junto al izquierdismo obtuso de la prensa neoyorquina han sufrido un terrible castigo, pero no quieren enterarse. Algunos comentarista de la prensa neoyorquina, vicaria de los dictados del izquierdismo europeo, lejos de rectificar sus perversos análisis, sus reproches hacia el ciudadano que vota por convicciones religiosas, sigue hablando de un fundamentalismo religioso que sólo existe en su dogmática mentalidad. Un tal Friedman, periodista del The New York Times, es todo un ejemplo de esta resentida mentalidad. Pocas veces había hablado en sus columnas de los recursos morales y espirituales de EEUU, pero, después de la victoria de Bush, también él se considera partidario de esa energía religiosa, aunque nunca, según él, la hubiera utilizado como los republicanos. ¡Cuánta inmoralidad, cuánta mala fe, contiene esta posición! Apelan a la verdad, cuando saben que ellos sólo defienden mentiras, puros engaños, para "justificar" el oportunismo, siempre nihilista, del Partido Demócrata.
 
Por eso, por su falta de honestidad, nadie se llame a engaño sobre la maldad de quienes critican los resultados de estas elecciones. Su ingenuidad es falsa. Su voluntad de verdad es un engaño. Y su inocencia es la careta para ocultar la puerilidad e infantilismo de sus pobrísimas columnas. Pequeña comedias que mueven antes al desprecio que a la mueca risueña.