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Congreso del PP

Este Congreso hablará con claridad de un directorio largo y rico, de un partido político moderno en el poder, donde por primera vez en la historia de la democracia española, comparten ese poder personas de tres generaciones de modo coherente

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No espero de este Congreso del PP demasiados hechos ni una descripción minuciosa de las estructuras sociales y políticas de nuestra nación, sino gusto por ver mucha gente, por asistir a un desfile de personas de un alto nivel político e intelectual que aparecerán y desaparecerán rápidamente, sin que tengamos tiempo de medir y comparar sus aportaciones. Veremos desfilar, por fortuna, un partido moderno para una sociedad en crisis. Lo decisivo no será el argumento sino los muchos personajes que actuarán en esta representación. Me interesa más el ensayo de este congreso que su novela. Y el ensayo hablará con claridad de un directorio largo y rico, de un partido político moderno en el poder, donde por primera vez en la historia de la democracia española, comparten ese poder personas de tres generaciones diferentes de modo coherente y sin divisiones internas.

En este Congreso de Sevilla, visualizaremos esa convivencia que ya se da tanto en el gobierno nacional como en los mesogobiernos regionales y locales. Tres generaciones de políticos españoles bien conjuntadas pueden dar al traste, definitivamente, con una concepción ideológica, falsa y abstracta de la política como la que ha llevado cabo el PSOE en las dos últimas legislatura en España y en los últimos treinta años en Andalucía.

El PSOE, el partido más ideologizado de Europa, ha hecho que la democracia fuera algo más propio de líderes iluminados y demagogos populistas que el fruto del trabajo serio y responsable de grupos selectos y minorías rectoras. Y, sobre todo, frente al PSOE que ha intentado domesticar la sociedad desde el poder político, es menester que el PP, en su Congreso, vuelva a mostrarse tal como es: varias generaciones trabajan juntas desde la sociedad civil hasta llegar el poder político.

El PP de Andalucía tendrá mucho que decir en este Congreso. Ahí debería estudiarse como  el entrelazamiento, la imbricación y el solapamiento de unas generaciones con otras en el PP de Andalucía no sólo demuestran, como decía Julián Marías, que las generaciones no se suceden en fila india, sino que son la mejor forma de dar coherencia, cohesión interna y, posteriormente externa a un partido político. Eso se ha conseguido en Andalucía de modo ejemplar, sencillamente, porque se jugaba en un campo embarrado por el totalitarismo ejercido por la Junta de Andalucía sobre toda la sociedad. Creo que en esa conquista lenta y democrática del poder, en Andalucía, por parte del PP reside uno de los ejemplos más relevantes para creer en el reformismo democrático.

El PP, de acuerdo con los mecanismos de lucha democrática impuestos en Andalucía, podría terminar, de una vez por todas, con una concepción ideológica del poder que ha hecho de la democracia española un régimen al servicio de las elites de un partido. Hay, en efecto,  mucho trabajo que hacer si se quiere que la ciudadanía cobre conciencia de que la política ideológica socialista es nefasta, si lo que se persigue es un país que disfrute de libertad y prosperidad en un régimen de participación democrática reconocible. Los dirigentes del PP aprovecharán este Congreso para demostrar, por un lado, que la democracia puede fundarse en algo más sólido que una simplificadora ideología de partido a prueba de realidad, pero, por otro lado, tendrá que justificar que el cambio de actitud del ciudadano respecto de una cosa tan seria exige una labor considerable de persuasión en la que se deben empeñar todos los recursos de la comunicación política y la capacidad de convicción de quienes asuman la responsabilidad del liderazgo en estas condiciones difíciles.

He ahí la cuestión decisiva: el PP, especialmente en Andalucía, se ha replanteado de verdad, desde abajo y casa por casa, las formas de relacionarse con la sociedad civil más allá de tratarla como un caladero de votos cuando toca. Ésa es la esencia de un partido moderno. Por el contrario, y después de visto lo salido del Congreso socialista de Sevilla,  el PSOE no parece dispuesto a cambiar de estrategia, ni siquiera a cambiar de cabecillas. Sigue siendo fiel a sus ancestros y a su ambición de vanguardia de unas masas que ya sólo existen en sus siglas… Creo que se equivocan, pues, los líderes del PP, cuando llaman a Rubalcaba al pacto, al consenso, en fin, a crear conjuntamente una nación grande. Tengo la sensación de que no conocen bien al antiguo vicepresidente de Zapatero: ¡Antes que pactar, negociar o ayudar al gobierno del PP a salir de la crisis, Rubalcaba preferirá el hundimiento de la nación entera!

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