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Esperanza Aguirre

Contra los lenguajes totalitarios

Esperanza Aguirre ha puesto en su sitio la obscenidad de dos ministros del Gobierno de España al denunciar la utilización que han hecho de las víctimas del terrorismo español. Utilización, sí, porque han criminalizado su primera manifestación. Esperanza Aguirre ha desmontado el tinglado de quienes querían criminalizar a dos ciudadanos españoles, dos personas, que ejercían su ciudadanía por manifestarse con las víctimas del terrorismo. Esperanza Aguirre ha dicho: ¡Basta ya de canalladas contra los ciudadanos! Pónganse a funcionar el Estado de Derecho y descúbrase que hay detrás de la obscenidad de los ministros Bono y Alonso. Detrás de la impostura de estos personajes está toda una serie de conductas violentas y agresivas de militantes socialistas contra dirigentes, militantes, electores y sedes del PP.
 
Porque Esperanza Aguirre ha protestado para que el Gobierno no convierta España en una dictadura, los del PSOE quieren decapitarla, naturalmente, desde el punto de vista político. Blanco y el jefe del PSOE en la Comunidad de Madrid la han llamado radical, derechista y no sé cuántas cosas más. Pobrecillos. Parecen incapaces de salir de los viejos mitemas del totalitarismo estalinista. Sus improperios, por fortuna, sólo sirven para descalificarse a ellos mismos. Pero, sobre todo, ponen en evidencia lo que crítica Esperanza Aguirre: La forma totalitaria de descalificar al adversario político demuestra que esta gente quiere hacer de España una dictadura. En fin, Esperanza Aguirre nos ha devuelto, aunque sólo sea por unas horas, que existe un liderazgo político capaz de conectar con el espíritu democrático de la calle y de las instituciones. Ánimo y que tome nota Rajoy. Esperanza Aguirre, una mujer, liberal e inteligente es capaz de creer en su base social y no tiene desconfianza de la libertad.
 
Además, la actitud democrática de Esperanza Aguirre, que no renuncia a la lucha ideológica y cultural, nos ha hecho recordar algunos agujeros negros del PSOE. Primero. Hace tiempo que el PSOE está instalado en la agitación y la propaganda. Su forma de hacer oposición durante el anterior Gobierno reveló tanto una carencia de principios democráticos como afán de deslegitimación de las instituciones democráticas. Su forma de movilizar a las masas con el Prestige y la Guerra de Irak recordaba lo peor de la Segunda República. El espíritu de la socialdemocracia, junto con la capacidad de hacer genuina política con su sus adversarios, desapareció. Segundo. Hace tiempo que el socialismo español perdió cualquier posibilidad de democratizarse al abandonar el discurso sobre la nación española. Nadie crea que el PSOE se ha abrazado a los dictados del nacionalismo antiespañol por alguna necesidad de gobernabilidad, sino que lidera la fragmentación de la nación española sin ningún recato. Cualquier cosa es buena para mantenerse en el poder. Tercero. Hace tiempo que el PSOE dejó de ser un partido serio para instalarse en el sectarismo y la descalificación del adversario político hasta convertirlo en enemigo. Al PSOE no le interesa, pues, la política, el acuerdo y el vínculo con la otra gran fuerza política de la nación, el PP.
 
El PSOE está obsesionado por expulsar de la vida política al PP. O sea, construir un régimen de Partido Único. Por eso, mienten, manipulan y tergiversan la realidad sin importarles lo más mínimo que están minando la endeble solidez institucional de España. El PP, sin embargo, ha reaccionado tímidamente ante este ataque totalitario. ¿Por qué esta reacción tan medrosa? Un misterio. Quizá no querían creerse que el totalitarismo siempre es un peligro latente en la democracia. Quizá el perfil bajo, centrista y acobardado de sus dirigentes no han querido enterarse de que su base social es un modelo de ciudadanía democrática. Quizá porque faltan más líderes con la inteligencia y fuerza de Esperanza Aguirre…¡Quién lo sabe!
 
Mientras tanto, me conformo con la lección sobre alternancia democrática que está dando Esperanza Aguirre: La Oposición jamás debe concebirse como causante de la proscripción del adversario.

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