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Crisis, dignidad y crimen

Totalitario, sí, porque pretende que el Estado regule hasta lo más sagrado del ser humano: las formas de nacer y morir. Su objetivo último es convertirse en el gran administrador de la vida y la muerte.

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Si dejamos aparte el revisionismo cerril y reaccionario sobre la Segunda República y la Guerra Civil que está imponiendo el Gobierno, y si nos olvidamos del enfrentamiento a cara de perro que escenificará la izquierda con los sectores de la Iglesia más democráticos y críticos, que aún no se han allanado a los dictados socialistas, la promoción del asesinato de fetos, la apelación a la muerte digna y la culpabilización permanente del capitalismo en general, y el de EEUU en particular, por la crisis económica –según vengo aquí anunciando hace meses– serán los caminos principales de los socialistas para captar los votos del populacho más ignorante y asilvestrado, de las clases medias más atemperadas y políticamente correctas y, finalmente, de los ciudadanos más sensibles a las bondades del diálogo cuando lo llevan al matadero.

Ayer se pusieron en práctica todos esos mecanismos en los mítines socialistas y en las declaraciones de sus dirigentes en los medios de comunicación. Espero que algunos de estos medios se detengan seriamente en esos fenómenos, pero no tanto para frivolizar que son maniobras de distracción, como para analizar seriamente las repercusiones dramáticas que todo esto empieza a tener ya en la ciudadanía más avanzada de este país. Si no lo hacen por seguir la táctica del PP de esconder la cabeza debajo de la tierra, allá ellos. Pero tengo la sensación de que más pronto que tarde les tocará sufrir en sus propias carnes la dureza del socialismo totalitario que está implantado Zapatero con mano de hierro a través de una falsificación del lenguaje propia de los nazis y estalinistas.

Quien no quiera, por ejemplo, enterarse del vaciamiento que está llevando a cabo el PSOE de las grandes palabras de la civilización occidental, después de haber dado muerte a lo que otrora significara socialismo, igualdad y libertad en las tradiciones modernas, está despidiéndose de las bases mínimas de la convivencia. Entre esas grandes palabras, imprescindibles para sobrevivir en sociedad, se cuentan diálogo y debate, tolerancia y respeto al discrepante, "gusto por la verdad" y, sobre todo, dignidad o, como algunos gusta hablar de este concepto, respeto a la propia dignidad. Quien se detenga en el tratamiento que hacen los socialistas de la palabra dignidad, comprobará fácilmente que Zapatero está imponiendo un régimen tan totalitario como reaccionario.

Totalitario, sí, porque pretende que el Estado regule hasta lo más sagrado del ser humano: las formas de nacer y morir. Su objetivo último es convertirse en el gran administrador de la vida y la muerte. Además, es reaccionario, porque lejos de promocionar la vida –como alguna vez sugirió el socialismo y cierto estatismo democrático a través del "Estado terapéutico", así llamado por Thomas Szasz–, favorece la mortalidad de los "nacimientos" y acorta la vida de los mayores y ancianos; en efecto, adelantando la muerte a través de la eutanasia y declarando el aborto libre, sin duda alguna, volvemos a una situación premoderna, porque la gran conquista médica de la modernidad ha consistido en reducir el número de muertos al nacer y alargar la vida de los mayores. Los esfuerzos humanos a favor de la vida, porque esta nazca y se prolongue en el tiempo, se tornan baldíos ante la política socialista.

¿Qué será la dignidad para los socialistas? Poco; o mejor dicho, lo que ellos dicen que es en cada momento que favorezca sus intereses de partido. La dignidad ya no es la autenticidad ni tampoco la búsqueda de la verdad, ni llamarle sinvergüenza a alguien que nos engaña, ni tampoco reconocer que el hombre es capaz de lo mejor y lo peor, ni mucho menos insultar a quien maltrata la inteligencia... No, no, la dignidad ha pasado a ser una "idea", una "consigna", una "fórmula" que gestiona un partido. Sus dirigentes otorgan, como si fueran una iglesia, la dignidad. Ellos no pretenden otra cosa que administrar el nuevo sacramento de la Dignidad.

En fin, ese vaciamiento de los grandes conceptos de la civilización, junto con el aprovechamiento de la estulticia acobardada del PP, serán las estrategias claves del PSOE para volver a ganar las elecciones con ese programa cruel aprobado en el último congreso de los socialistas. ¿Qué hacer ante este panorama? Tranquilidad y barajar, como decía Cervantes; después, sí, inmediatamente después de tomar aliento, reconocer que, a veces, los pueblos tienen los políticos que se merecen. En la España actual parece que el salvajismo no tiene freno. La "política" para esta gente ya no es ni de brocha gorda. Es "política- basura".

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