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España bajo Zapatero

De ciudadanos a siervos

El PP ha sufrido ocho ataques violentos en cuatro días de campaña electoral. El dato para algunos es alarmante, para otros, como es mi caso, era previsible e, incluso, menos duro de lo pactado entre Zapatero y ETA. De todos modos, son sólo los primeros efectos hirientes que han recibido quienes aún tienen conciencia de la dignidad del ser humano. Esto es el inicio de lo que vendrá después. Prepárense. Déjense llevar por el olfato. Hagan caso a su nariz. No miren en su interior. No confundan sus bellos deseos con la perversa realidad. Salgan a la calle e intenten oler a la gente. No corran. Soporten los hedores. Sigan los instintos, aunque luego persuadan a la razón para que les ayude con sus argumentos.

Nadie con sensibilidad que haga la prueba de la nariz negará que el mandato de Zapatero infecta todas las instituciones. Reducidos el legislativo a una pantomima y el judicial a una prolongación de las decisiones de unas camarillas socialistas, el sistema democrático ha sido sustituido por un "régimen de libertades" más parecido al franquismo que a una democracia avanzada. Sí, sí, la cosa actual es más cercana al franquismo que a un sistema democrático. Y esto no sólo lo digo porque el "control del poder por el poder" haya desaparecido, sino porque ahora, como en los tiempos de Franco, la plebe está contenta. Gorda y robusta, sólo piensa en las próximas vacaciones. El régimen de Zapatero ha conseguido que los ciudadanos regresen a un escalón inferior de su evolución: han regresado de su condición ciudadana a ser meros siervos.

Zapatero triunfa. Da mítines para públicos que manosean los "ideales" modernistas. "Creyentes" invertidos. Gentes que odian la religión cristiana y adoran cualquier imbecilidad. La chusma prevalece sobre la ciudadanía. La plebe se impone al hombre con conciencia pública. El civismo del español es arrollado por el semimundo de Zapatero. En esta circunstancia produce hilaridad la queja de algunos sobre el silencio de Zapatero a la hora de hablar de política. Ingenuos. Tampoco hablaba jamás Franco de política. La odiaba tanto como Zapatero. Aquél sólo maldecía la hidra judeo-masónica-marxista. Éste únicamente escupe contra el PP, o sea, con quien debería debatir, y contra la guerra de Irak.

Zapatero, pues, no habla de política. Tampoco la hace. La mata. ¿Y de violencia? Menos. Ésta es muda. Él, como los caballeros de todas las tiranías, la impone. En los mítines, siguen lamentándose los ingenuos, no habla de ETA. Normal. Lo impuesto, la violencia pactada entre el Gobierno y ETA, permanece. ETA es un partido más en el proceso electoral. Zapatero ha "legalizado" el terror. Aunque los efectos serán devastadores para toda la nación, será la oposición, el PP, quien de modo inmediato sufrirá el castigo. Sus sedes, sus candidatos, sus ideas, sus programas, sus discursos, sus tradiciones, en fin, su vida será sometida a escarnio, extorsión y violencia por parte del terror y sus compañeros de viajes, el PSOE.

Entonces, ¿de qué hablará Zapatero durante toda la campaña electoral? Pues de lo mismo que hablaba Franco: de paz, de pazzzzzzzzzzz. Comida para la chusma.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.