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De la Diada y la depresión del ciudadano

Mal la política, sí, pero el mundo del arte y la cultura, de la literatura y el cine, por mucho que hagamos de la necesidad, virtud, no da tampoco para mucho.

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El bochornoso espectáculo de la actual ministra de Defensa, una pobre señora sin ningún bagaje intelectual y político, haciendo un canto a quienes desobedecen una sentencia judicial firme del TSJC, es decir, protegiendo la conducta secesionista del mesogobierno regional de Cataluña, es cifra suficiente para levantare deprimido el día que se celebra la fiesta regional de Cataluña. Pero si además se observan todas las mamarrachadas en torno a esa mascarada de "fiesta nacional", entonces habrá que decir que esto no tiene salvación. Nadie aplicará el artículo 155 de la Constitución para suspender la Autonomía de Cataluña por alta traición de su mesogobierno.

Y, como este asunto, este cronista podría citar otro centenar para mostrar que vivimos un país en fase terminal. Ni dentro ni fuera España dice nada a nadie. ¿Cómo no va tener repercusión esa situación, aunque a uno le marche bien la vida privada, en la conducta de cualquier ciudadano de España? La depresión empieza a ser el estado normal de los mejores españoles. Gravísima es la situación actual. Trágica. "Tira", sí, como en nuestras peores épocas: ahí va "la España que se desgarra a lo largo de la historia". Que ningún imbécil me tache de llorón o del 98, porque me acordaré de todos sus antepasados. Aún me quedan fuerzas para cagarme en la puta madre de la entera casta política y sus "arrastraos" mediáticos. Estoy hablando, amigos, de depresión; sí, escribo sobre un mal-estado, un malestar, a veces casi una enfermedad, del alma provocada por las peores élites políticas e intelectuales de esta época.

Y lo más grave es que no resulta fácil hallar consuelo en la cultura de estos últimos treinta años. Nada, nada, nada hay, aquí y ahora, para salir de la depresión política. Será menester recurrir al pasado. A Goya y Jovellanos, a Menéndez Pelayo y Galdós, a Picasso y Dalí, a Buero Vallejo y Gala, y yo que sé a cuantos otros, pero, no lo duden, todos pertenecen al pasado, incluso algunos que están vivos son ya del pasado; por ejemplo, Antonio López, y su exposición en el Thyseen, pueda servirnos para salír de la depre. Quizá, es un buen remedio, pero, naturalmente, reconociendo que este pintor es un hombre del pasado; más aún, desde que Víctor Erice dirigió y estrenó la gran película El Sol del membrillo, hace "mil" años, ya quedó como un hombre grande, grandioso, pero de otra época que no corresponde con la actual, con el aquí y ahora, que tanta desazón provoca en los españoles decentes.

Mal la política, sí, pero el mundo del arte y la cultura, de la literatura y el cine, por mucho que hagamos de la necesidad, virtud, no da tampoco para mucho. En el franquismo, por lo menos, creíamos que todo iba a mejor. Quienes no soportábamos la dictadura, que por cierto no eran muchos y apenas tienen algo que ver con los socialistas de hoy y los demócratas del PP, nos levantábamos cada día con ánimo renovado. Creíamos que "todo iría a mejor". Teníamos espejos donde mirarnos. Había gente vivita y coleando que nos renovaban los ánimos políticos y culturales. Teníamos teatro y cine, novelas y poetas, curas inteligentes y sindicalistas honrados, incluso el Atleti era más Atleti... Había, sí, un mundo cultural vivo para salir de la depre de un día cualquiera de domingo. Teníamos la esperanza de que vendría algo mejor. Hoy nada de eso existe.

Me voy a ver una película de Garci para soportar la próxima semana. Y las que vienen.

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