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De Podemos a Ciudadanos

Las elecciones catalanas y las encuestas empiezan a aclarar el futuro político. El PP se descompone y Podemos no asusta.

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Las elecciones catalanas y las encuestas empiezan a aclarar el futuro político. El PP se descompone y Podemos no asusta. Hoy me interesa comentar las consecuencias de la jindama de Podemos. Quizá sea una alevosa conclusión, pero tengo la sensación de que Podemos, como diría el gran Quevedo, se ha jiñado. Han perdido su principal referencia política. Los líderes de Podemos han valorado mucho y bien la encuesta de Metroscopia, entre otras razones, porque ya habían reconocido su falta de inteligencia política en Cataluña. Parecen que han renunciado a ganar las elecciones generales. El fortísimo golpe que ha recibido este partido político en Cataluña ha repercutido en sus expectativas nacionales. Ya no levantarán cabeza. Su principal objetivo ha fracasado. Podemos solo será comparsa. Terrible. El régimen político de Cataluña los ha barrido. El secesionismo se ha cobrado una buena presa. Es una pena porque, a pesar de todo, a pesar de sus maneras revolucionarias y casposas, trajeron el fin del bipartidismo. El futuro de este partido es trágico, porque ellos nacieron para cumplir un designio más grande. Nacieron para la gloria y no para obtener, como les dan las encuestas, un 13%.

Surgieron para ganar por mayoría el Gobierno de España, pero han perdido en Cataluña todas sus bazas. El partido ameba apostó por arrastrarse ante las posiciones secesionistas, o sea emboscarse en el ambiente irrespirable de la basura nacionalista, pero no les ha salido bien el juego de la ambigüedad. Han salido más que tocados. Han perdido algo más que las elecciones en Cataluña. Han destruido su identidad. El descalabro catalán de Podemos los ha despertado de su sueño dogmático. Sí, Podemos nació con un único objetivo: ganar el Gobierno de España para derribar el régimen constitucional; pero, según han reconocido sus dirigentes, esto es hoy, después de Cataluña, imposible. Por eso, se han adelantado a todos sus adversarios en un signo de honradez y han reconocido que no ganarán las elecciones, o sea serán sólo y exclusivamente comparsa. El jaleo podemita ha quedado solo en un ruido de fondo. Podemos ya no es alternativa de nada. Solo son acompañantes. Nada. Palmeros e integrados de un sistema político que querían destruir.

La situación actual tiene que producir frustración y desazón en los líderes de Podemos. No me extraña que Pablo Iglesias tenga tentaciones de marcharse a su casa… Pero no creo que lo haga, entre otros motivos, porque su vanidad es equiparable a la del resto de los líderes políticos de otros partidos políticos, o sea el reconocimiento de sus fracasos tiende a hacerse con la boca chica y de modo tan indirecto que casi parecen fallos de los otros, de los adversarios y enemigos, antes que propios. La vanidad de los políticos acaba imponiéndose a la realidad. Es su perdición. En todo caso, es menester aplaudir la autocrítica política de Podemos; sí, aunque con balbuceos propios de gente que sabe poco de la crueldad nacionalista del régimen instalado en Cataluña, tiendo a creer que interpretan su próximo fracaso electoral, es decir, el que prevén todas las encuestas sobre intención de voto, porque el secesionismo catalán los ha vencido. Nunca jamás tendrán una oportunidad como la que tuvieron antes de las elecciones de Cataluña. Ya no ganarán en España, reconocen sus dirigentes, porque han sido barridos en Cataluña. Fueron avisados por este cronista, pero solo hicieron caso de los tópicos soberanistas. No escucharon al pueblo sino a la chusma. En el pecado llevan la penitencia. Quisieron jugar con el nacionalismo secesionista y han perdido. Podemos ha tirado todo su capital político en Cataluña. Quizá no tuvieron otra opción, si miramos las posiciones de sus socios en Cataluña, pero lo cierto es que el terrible nacionalismo catalán, alentado en el pasado, desde hace más de treinta años, por peperos y socialistas, ha terminado con la ilusión de Podemos. Podemos jamás será alternativa a un Gobierno de España. Los ha descubierto el independentismo.

Por otro lado, el reconocimiento de su derrota por parte de algunos de sus dirigentes es digno de ser alabado. Tiene este personal cierta honestidad política que no veo, sin embargo, en el PSOE ni en el PP. Estos dos partidos siguen presentándose como los únicos garantes de la unidad de España, cuando han sido despreciados allí donde tenían que haber recibido más apoyo: Cataluña. Esta deshonestidad política, naturalmente, la pagarán en las urnas el 20-D. Ahí, precisamente, en ese terreno, delimitado entre las autocríticas de Podemos por un lado, y la deshonestidad del PP y el PSOE por otro, Ciudadanos forjará su triunfo el día 20-D. Pero, cuidado, Ciudadanos tendrá que arriesgar en la campaña electoral algo más que el voto facilón sobre la unidad de España. Tendrá que mostrarnos cómo se regenerarán las instituciones con algo más que gentes decentes y honradas en sus listas. Sí, sí, la decencia y la honradez son importantísimas, pero, ay, Ciudadanos tendrá que arriesgar rostros e inteligencias, personalidades sociales e intelectuales. Las personas, sí, son relevantes, pero son algo más, a veces muchísimo más, las personalidades. Son determinantes del éxito político. Hasta ahora, en mi opinión, Ciudadanos ha arriesgado poco. Ha llegado la hora de la verdad: hay que llenar de contenidos muchas agendas y principios.

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