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4 de junio

Después de la manifestación

El Sol de Madrid, de diamante puro, nos hizo brillar a casi un millón de personas. Los rostros privados siempre son más bellos y sabios, como dice el poeta, en lugares públicos. No era una masa. Era vida ciudadana. La alta temperatura no era obstáculo para caminar erguido. Nadie estaba cansado. Los rostros de felicidad de la gente del 4-J serán siempre una foto imborrable de la democracia española. La calle es, definitivamente, de todos. Había terminado la manifestación. Mi amigo me llamó por el móvil desde el escenario de la plaza de República Dominicana. Fui a escape a buscarlo desde una calle próxima. Les digo a mis acompañantes que esperen. Regreso con este tipo en unos minutos.
 
Corro sin fatigarme, a pesar de haber caminado durante tres horas entre cientos de personas. No siento cansancio alguno. Nos abrazamos sin decir palabra. Él es muy fuerte. Es navarro. Siento su abrazo de amigo, de hermano, suspendido ya del aire. Estoy en el cielo. ¡Vuelo en los fuertes brazos de un navarro! Me presenta a su hermana de sangre y a su cuñado, que han venido de Barcelona porque a última hora pudieron dejar a sus dos hijos con unos amigos. Mi hijo mayor está emocionado al saludar al navarro. Lo quiere sin pero alguno. Sabe muy bien quién es. Cojea ostensiblemente, casi estuvo a punto de no asistir por los fuertes dolores de la pierna. Quizá una contractura muscular. Quizá un esfuerzo en el viaje de Pamplona a Madrid. Quizá nervios. ¡Quién sabe!
 
Desde el comienzo hasta el final, había estado dirigiendo la manifestación con un megáfono. Había gritado contra la negociación del Gobierno con ETA. Había vuelto a sentir con toda su alma el significado profundo de la consigna más repetida: “ETA, asesinos”. En el escenario, cuando Alcaraz leía el discurso, se le saltaron las lágrimas. Había una frase que sólo él y el “pequeñín”, el tío más grande de España, conocían lo que llevaba adentro. Nos fuimos todos a tomar una caña. En realidad, sólo queríamos mirarnos y reír. También queríamos comentar el acontecimiento. En el camino no paraba de sonar su teléfono. Mucha gente lo llamaba. Al final, logramos sentarnos en un bar próximo a Príncipe de Vergara y brindamos por el éxito de la democracia.
 
Recordamos brevemente el 22 de enero. ¡Cuántos, amigos, se han unido a los que allí estuvimos convocados por la Asociación Civil más grande, moralmente hablando, de España! Es verdad que la AVT nunca estuvo sola. El Espíritu de Ermua, por ejemplo, nos acompañó el pasado 22 de enero, pero, ahora, el 4-J no ha sido sólo el espíritu, sino el mismo Foro de Ermua quien estuvo presente. Ayudando. Defendiendo los mismos principios. Bienvenidos todos, comentaba mi amigo, al acontecimiento que legitima la democracia española. Sonó el teléfono y contestó: “Impresionante, Jose, las imágenes que estoy viendo en la tele”. Me lo pasó y nos felicitamos mutuamente, y le digo que está a mi lado un amigo, muy “joven” y muy limpio de corazón y mente, que es la segunda vez que asiste a una manifestación en toda su vida, la otra fue en 1939, en Sevilla. Quiere felicitarte. Te lo paso. Mi amigo, exhibe una sonrisa amplia, y pronuncia al modo onubense: “Felicidades, Jose; si yo fuera de izquierda, te diría que me he jugado la vida para venir, pero que ha merecido la pena. Mas, como sólo soy un ciudadano, te digo, otra vez, felicidades y gracias por haberme dado la oportunidad de ejercer mi ciudadanía. Mi libertad. Un abrazo y ´viva España`.”
 
A los pocos minutos, desde Málaga, donde ha ido a dar una conferencia, lo llama otra víctima del terrorismo y concejala socialista, para darle la enhorabuena. “El Gobierno, sin duda alguna, tiene que decir algo. Son muchas personas en la calle clamando contra la negociación con ETA”. Esas palabras lo han emocionado. No entiendo, digo en voz alta, cómo no ha venido la concejala socialista, pero el navarro no le da importancia. Comenta que es una tía fetén y pasa a otra historia. Suena de nuevo el teléfono. Es Gotzone Mora. Me la pasa y también la felicito. Con su aflautada y tierna voz me da las gracias y me dice: Estoy abrumada. Imagínate, amigo, no había nadie de mi partido. Estaba yo sola”. Le envío un abrazo muy fuerte. Y comento algunas faltas de grandes personas. ¡Sólo de grandes!
 
Recordé a la voluntariosa Rosa Díez y, sobre todo, a mi amigo Nicolás Redondo Terreros. No pude resistirme. Marqué su teléfono, y con más falta de delicadeza que respeto por nuestra amistad, le pregunté: ¿qué te ha pasado para no estar con nosotros? Me comentó que el viernes había estado con Alcaraz en Barcelona. Habían hablado mucho y en serio. Cosas muy importantes y sentidas me dijo al teléfono. Había estado toda la tarde frente al televisor. Lo había visto todo por Tele Madrid. Estaba emocionado y, por supuesto, con nosotros. Entre todos los argumentos que casi me susurraba por teléfono, hay uno que jamás olvidaré: Se refería a una dura bronca que tuvo con una de sus personas más queridas; por lo visto, ésta no admitía que Nicolás Redondo Terreros dejara a los otros -supongo que se refería a sus compañeros de partido- que pudieran posicionarse ante la Manifestación sin decir que en ella había estado el antiguo secretario general del PSE. ¡Dios santo, qué lío!
 
También yo pase de largo sobre la posición de Nicolás. Lo hice con el mismo cariño, o al menos eso creo yo, que había mostrado el navarro con la concejala socialista. Nos tomamos la última cerveza y nos despedimos con fuertes abrazos. Mi amigo, el del megáfono, al levantarse ya no le dolía la pierna y caminaba sin cojear. Todo era felicidad… Cuando despedía a mi amigo Aquilino, el hombre que sólo había asistido en su vida a dos manifestaciones, una en 1939, y otra el 4-J de 2005, me preguntó refiriéndose al navarro: “¿Quién es este tío tan magnífico?” Es todo un hombre. Es Salvador Ulayar Mundiñano. En su presencia, cuando tenía trece años, unos asesinos de ETA mataron a su padre. Ya no hablamos más. Nos abrazamos y nos despedimos. Todo era silencio.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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