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Zapatero

El discurso del mal

Zapatero dice que peligra la negociación con ETA. Es lo mismo que dijo Otegi la semana pasada. Eso se llama seguimiento del mal. Por lo tanto, no se fíen de sus palabras, no crean que el PSOE volverá fácilmente a la política, a la genuina política democrática, de perseguir al terrorismo por las vías marcadas por el Estado de Derecho, por lo que es común a los españoles. Ojalá me equivoque, pero tiendo a pensar que esta declaración de Zapatero es sólo una parada táctica para seguir con su entrega a los postulados de ETA: aceptar lo que pide la banda criminal que deje de matar a los españoles. Rendición. Punto.

Tan grave es la situación, en mi opinión, que tiendo a pensar que Zapatero esta seducido por el mal. Ya no lo oculta sino que, incluso, lo alaba. Nunca podré olvidar la alta valoración que realizó del asesino De Juana Chaos como un hombre de paz. Terrible. La seducción que el mal, el mal radical, ejerce en el presidente de Gobierno está llevando a la nación española al suicidio político, sí, a la negación de la política, de lo que es común, entre los españoles. Eso común que lo penetra todo y, en definitiva, lo decide todo, es lo que está fracturando Zapatero sólo y sencillamente por su incapacidad para superar su instinto, su pasión, para pactar con el mal.

En los más treinta meses de gobierno que lleva en el poder, dos han sido los ámbitos principales en que puede estudiarse la proclividad de este hombre hacia el mal; el primero está contenido en la palabra "paz", según la entienden los criminales de ETA; el segundo, en la expresión Alianza de Civilizaciones, según la viene desarrollando él mismo desde su discurso en la ONU en el 2004 hasta su discurso de Turquía, a saber, todas las "culturas" son iguales, por lo tanto, incluso los que proponen el asesinato o la violencia como vías de "liberación", tienen que ser abrazados por nosotros. En verdad, las dos intervenciones de Zapatero tienen un denominado común: la rendición del hombre libre ante el mal terrorista.

En fin, si el genuino político es, en verdad, alguien que es capaz de comunicar de modo sencillo y contundente lo que es común en un grupo social, entonces Rodríguez Zapatero representa al antipolítico, al nefasto político, que destaca todo aquello que nos enfrenta y encrespa. Si los occidentales, por ejemplo, defienden y muestran que su modo de civilización "soporta" y tolera al otro, al diferente, o sea, que la tolerancia es uno de sus valores comunes, vendrá Zapatero y dirá que eso no es común, o peor, que eso no es suficiente... Tenemos que abrazarnos, diluirnos, en fin, rendirnos ante quienes cuestionan la tolerancia como valor superior a la paz de cementerio.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.