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El escupitajo de los dioses

El personal de los medios de comunicación está tan envilecido que no quiere saber por qué la "chusma política", que otros llaman casta política, no ha acabado en España con el nacionalismo, el independentismo y el terrorismo.

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De la movida de Tardá sólo me interesa su justificador, Bono. ¿Por qué ha justificado Bono a Tardá? Porque sin Tardá en particular, y los nacionalistas en general, el actual PSOE quedaría reducido a nada. Bono hace, pues, su papel a la perfección. La justificación ridícula del crimen político cometido por Tardá contiene la esencia de la perversión de un régimen de derechos, que sólo los inútiles mentales se esfuerzan por confundir con un sistema democrático de poderes en competición permanente. Ahí está todo. No me importa Tardá, pues que nadie duda de que este individuo no persigue otro objetivo, junto a ERC y el resto de partidos nacionalistas, que la destrucción de España. Lo preocupante es que esa posición la justifica, la tolera y, diría más, la alienta Bono, la tercera autoridad del Estado.

Quien esperase algo más de Bono es, en el mejor de los casos, un ingenuo. Bono ha demostrado una vez más, y ya van cientos, que es un impostor. Imposta un perdón como presidente del Congreso de los Diputados, cuando en verdad está funcionando como el burócrata de un partido político que cumple férreamente la disciplina que le ha marcado el jefe del tinglado político. Bono imposta representar a los españoles, cuando en realidad sólo es un mandado de Zapatero. Y, sin embargo, el "personal" de la sociedad, sí, millones de "españolitos" de a pie, votantes del PSOE y el PP, es tan inmoral que se hace de nuevas con las declaraciones del tal Tardá y, sobre todo, con las justificaciones de Bono.

Tampoco hay muchos motivos para hablar a favor del "personal" de la prensa, sí, de esos cientos de periodistas que analizan las criminales declaraciones de Tardá contra España y la justificación de Bono sin recordar las palabras del monarca, Juan Carlos I, invitando al jefe del partido político, al que pertenece Tardá, a "hablar y llevarse bien", porque "hablando", decía el sucesor de Franco, "se entiende la gente". Se trata de una competición de indecencias. El personal de los medios de comunicación está tan envilecido que no quiere saber por qué la "chusma política", que otros llaman casta política, no ha acabado en España con el nacionalismo, el independentismo y el terrorismo. Tienen verdadera jindama a hacerse esta pregunta.

Nadie parece querer enterarse de que vivimos en un régimen político picado por la miseria intelectual y moral. Todos se hacen de nueva. Todos simulan coraje civil contra Tardá, ese truchimán de la casta política, que oculta las miserias de un régimen político de libertades. Todos se vienen arriba insultando a ese parlamentario; incluso los tibios, esos nihilistas de cartón-piedra, que hacen programas de radio y televisión medidos para no molestar al poderoso y quedar bien con las masas asilvestradas por los lugares comunes, se atreven con el tal Tardá. Son muy valientes. Cabrones. Sólo les interesa el dinero. ¡Cuánta basura produce este régimen!

Tienen al lado al tipo que justifica las miserias de Tardá, pero pasan de largo. Hacen como si la cosa fuera normal. Son apáticos ante los verdaderos problemas de una sociedad que languidece y muere por falta de coraje civil. La historia de Tardá, pues, no me interesa nada, excepto insistir en que es un "criminal" político de guante blanco, que nos hace perder el tiempo, que es el más preciado bien de la humanidad. Es un depredador político, porque mata todo lo que le da vida. Mata a los españoles que le pagan su sueldo en el Congreso de los Diputados. Mata la idea de España y a su jefe del Estado. Es lo que lleva haciendo, junto al resto de nacionalistas, desde que participan en este régimen macabro que permite a los criminales políticos participar en la desaparición de España. Pero nada de eso es tan perverso como quien lo justifica: Bono y los socialistas. Bono y millones de "españoles". Bono y cientos de periodistas.

¿Castigarán los dioses algún día tanta tibieza política? ¡Quién lo sabe! Yo me conformaría con que Dios les escupiera. Sería suficiente para que la mayoría viese de frente que la tibieza, el nihilismo político, es sólo la otra cara de la cobardía.

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