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El fracaso español del Plan Bolonia

Los estudiantes tienen suficientes razones para protestar contra el Plan Bolonia, pero yo insistiría en una de carácter moral, o sea, no hagan caso a quienes han dejado a la Universidad española en manos de desalmadas castas de funcionarios salvajes.

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El Plan Bolonia quizá no sea malo, pero la aplicación que pretende llevarse a cabo en España resultará una catástrofe. En todo caso, esgrimiré contra él antes una razón moral que técnica. En efecto, uno de los peores rectores que ha tenido la Universidad Complutense en toda su historia, y mira que los ha tenido malos, dijo ayer en ABC: "Bolonia supone una gran oportunidad para mejorar nuestras Universidades". Este tópico es propio de malos profesores y peores políticos. Es un engaño. Esa declaración es motivo suficiente para que este cronista se tome a chirigota las opiniones de quienes mantienen que la Universidad española saldrá de su atraso siguiendo las pautas que, desde 1996, está adoptando la UE para reformar esta institución y, especialmente, para equipar y homologar títulos de los países de la unión.

Por desgracia, ese tópico ha sido adoptado por algunos medios de comunicación, que han preferido evaluar las medidas de Bolonia haciendo abstracción de las distintas realidades "nacionales" –aunque en España es un eufemismo hablar de nación– donde tienen que aplicarse. Quizá en "abstracto", o sea, al margen de las tradiciones donde tenga que ser aplicado Bolonia tenga alguna viabilidad, pero visto de cerca, es decir, reconociendo el estado lamentable de las instituciones académicas, nadie puede decir con algún fundamento que Bolonia nos sacará del infierno; en el mejor de los casos, Bolonia dejará las cosas tal y como están para la Universidad española. Ésta puede, obviamente, compararse a la Universidad alemana o la francesa, pero de ahí a que puedan equiparse en excelencia unas con otras dista un abismo.

El hundimiento de la Universidad española es de tal calibre que ni siquiera un plan específico para España, ideado por las mentes más refinadas de la UE, nos sacaría de la endogamia, la baja calidad y el analfabetismo en el que las "autoridades académicas", obedeciendo las consignas políticas de los mesogobiernos autonómicos, han convertido el Alma Mater. No hay solución. El Plan Bolonia para la reforma de la Universidad quizá sea de alguna utilidad para algunos países de Europa, pero estoy convencido de que, en España, sólo lograrán salvarse las Universidades que ya están salvadas, o sea, las más grandes y de mayores tradiciones. Para el resto significará su hundimiento total o reconvertirse en "colegios profesionales". Los títulos universitarios, en España, quedarán reducidos a lo que antes eran los títulos de "Bachillerato Superior". He ahí una causa más para protestar por el Plan Bolonia.

Los estudiantes, en fin, tienen suficientes y variadas razones para protestar contra el último paso del Plan Bolonia, pero yo insistiría en esta que llamo de carácter moral, o sea, no hagan caso a quienes han dejado a la Universidad española en manos de desalmadas castas de funcionarios salvajes. En efecto, si quienes han hundido a la Universidad española hasta límites inimaginables en otros países europeos, cuya mayor representación estaría hoy en la Conferencia de Rectores socialistas y nacionalistas, apuestan por Bolonia, entonces protesten. Es una forma de sobrevivir a los salvajes que han hecho de la Universidad su lugar del medro. Esa gente no quiere salvar la Universidad sino sus pobres imágenes quebradas. La española es, hoy por hoy, una institución inservible para regenerar el tejido muerto de la sociedad. Está en manos de descerebrados y sinvergüenzas. Son los mismos que utilizarán Bolonia para salvarse ellos y hundir un poco más a lo que alguna vez fue Universidad.

¡También yo protestaré contra el Plan Bolonia!

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