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El fracaso tecnocrático

Me opongo, pues, a la "izquierdona" política, cultural y casposa española, cuando defiende al Gobierno de Rajoy con el presuntuoso y dogmático "argumento" de autoridad de que ha nombrado a una científica extraordinaria.

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Aunque es la sabiduría más propia de la cultura española, desde el Lazarillo de Tormes hasta las obras de María Zambrano, pasando por el gran Galdós, no acabamos los españoles de acostumbrarnos a vivir en el fracaso, la decadencia y la crisis económica, social y política. Yo, sin embargo, me considero todo un especialista en ese tipo de sabiduría, a veces, casi soy un maestro en la cultura del fracaso. Me atrevería a decir que el fracaso forma parte de mi ser como el éxito es asunto propio de los ricos y los gobernantes; por eso, precisamente, trato de hacer de la necesidad, del fracaso de la existencia de la ciudadanía española, una virtud, una forma de supervivencia. Más aún, trato de convertir, como defiende el clásico, el pesimismo de la razón en optimismo de la voluntad.

Creo que esas son las principales motivaciones para seguir intelectualmente a Rajoy en sus primeras semanas en el Gobierno de España. Sí, amigo lector, aún sigo confiando en el proyecto político del PP. He ahí la principal "razón", o mejor, es la razón apasionada mi mejor baza para dejar al margen de la crítica de mis columnas la política de nombramientos de altos cargos de Rajoy. Además, por otro lado, no deseaba valorar la política de selección del personal gobernante, entre otros motivos, porque pronto sabremos de sus aciertos y errores. En esta precisa circunstancia, es obvio que tampoco pensaba escribir jamás sobre lo acertado o no que ha estado el señor De Guindos al nombrar a la señora Vela como secretaria de Estado de I+D+i. ¿Quién soy yo para escribir de una persona de la que desconozco sus méritos?

Sin embargo, he hallado un "argumento" tan reaccionario y totalitario a favor de este nombramiento que no puedo dejar de comentarlo. No hacerlo o, al menos, no intentar criticarlo, sería como traicionar mi propia vida intelectual, es decir, dar por superado el libro que escribí, en 1994, contra esa forma de totalitarismo, que subordina la política a los dictados tecnocráticos. Escribí, en efecto, El poder en vilo. En favor de la política, que así eran el título y el subtítulo de mi libro, para combatir exactamente ese "supuesto" razonamiento que la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España) por un lado, y la junta directiva de la Sociedad Española de Biotecnología por otro, utilizan para defender el nombramiento de la señora Vela: su valía científica justifica su nombramiento. Falso. Si algo han dejado claro, precisamente, los últimos desarrollos tecno-científicos es que dista de ser racional la subordinación de la política a los dictados tecnocráticos.

Por el contrario, la actual relación entre la esfera de la política y el ámbito de la racionalidad científico-técnica nos abre a un escenario que las propias sociedades científicas, como las que defienden a la señora Vela, parecen haber olvidado, a saber, publicidad, crítica y falibilidad. Frente al secretismo tecnocrático de las llamadas "sociedades científicas" –la mayoría de las veces meras corporaciones al servicio de la industria militar y de las patronales de algún sector de la industria biotecnológica–, sólo cabe la publicidad; frente al dogma de la supuesta pureza científica de la señora Vela, muy conocida por su activismo político al servicio de Zapatero y Rubalcaba, hay que reivindicar la crítica política; y, por supuesto, frente a la infalibilidad de un saber no público hay que reivindicar la falibilidad del conocimiento político.

Por lo tanto, frente a los "argumentos de autoridad" a favor de la señora Vela, persisto en mi defensa radical de la democracia a través de una crítica de las lógicas transparentes, rotundas y dogmáticas de la tecnocracia "política". Contra las lógicas totalitarias de "o esto o lo otro", propias del totalitarismo científico, que hacen del uso ideológico de la ciencia su principal argumento, yo sigo defendiendo, con todos los peros que ustedes quieran, la práctica de una lógica política ambivalente, dubitativa y escéptica que, sin renunciar a los grandes valores de la ciencia y de la técnica, advierte de las posibilidades de un "y" creador de la lógica del "esto y lo otro".

Me opongo, pues, a la "izquierdona" política, cultural y casposa española, cuando defiende al Gobierno de Rajoy con el presuntuoso y dogmático "argumento" de autoridad de que ha nombrado a una científica extraordinaria. ¡Hay que ser necios y reaccionarios para defender esto! Sí, sí, el nombramiento de esta secretaria de Estado es el más ideológico, y mira que hay técnicos en este gabinete, de todos los que se han hecho en este Gobierno.

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