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El gran problema del PP

Será, precisamente, en este ámbito donde Rajoy tendrá que decir algo serio para remoralizar España, es decir, democratizar el Estado-nación.

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El PP lo tiene todo a su favor para alcanzar la mayoría absoluta. Su principal factor para ganar, como todo el mundo sabe, no es su forma de hacer oposición ni de presentar propuestas ni, mucho menos, explicar con amor y pedagogía política un programa para ilusionar a los españoles. No, no, por desgracia su principal baza es que está ante el Gobierno más incompetente que ha dado España desde 1975. Es difícil hacer las cosas peor que Zapatero, que ha llegado a avergonzar a los suyos con unas políticas alejadas, cuando no en las antípodas, de la mejor socialdemocracia. Millones de sensatos votantes socialistas sienten vergüenza ajena tanto del personaje que se marcha como del candidato que deja. Millones de socialistas dejarán de votar al PSOE. Punto.

Nadie, pues, se engañe sacando pecho con liderazgos fingidos de última hora. El desastre de Zapatero es el mejor aval para que triunfe el PP de Rajoy. Al final, aquí como en otras democracias más avanzadas del mundo, no se vota a favor de un partido sino contra los líderes de un Gobierno. Las elecciones abren, no obstante, un proceso de indeterminación que sólo las leyes de la aritmética resuelven periódicamente. El PP tendrá que enfrentarse, en cualquier caso, a determinados asuntos si no quieren que se conviertan en problemas peligrosos para alcanzar la mayoría absoluta.

Aparte del excesivo triunfalismo que puede observarse en los dirigentes políticos del PP, por otro lado, muy propio de gente que apenas sabe nada de la dureza de la vida política y, a veces, de la propia vida, al margen de las instituciones, hay un problema que, desde aquí hasta las elecciones, pueden jugarle una mala pasada a las mesnadas del PP, incluso podría hacer peligrar su mayoría absoluta. Presentarse y actuar ante el respetable público español, cuya composición es mitad populacho y mitad ciudadanía desarrollada, con tanta delicadeza "centrista" que de no querer molestar a nadie podría pasar a enfadar a muchos. Pasar de puntillas, sin hacer ruido y dando la impresión de que aquí no pasa nada, y que todo se resolverá cuando venga el PP, es mala política, porque la ciudadanía, es decir, los votantes preocupados por la calidad de la democracia, necesitan palabras, discursos y propuestas concretas para salir del estado de postración moral y política en que los ha dejado Zapatero.

La desilusión, el desencanto y, en fin, la desmoralización de este final de ciclo socialista no sólo se extiende por los ámbitos del electorado socialista, sino también por todo el país. Es algo que afecta, por lo tanto, no sólo al candidato socialista, que no podrá superar la desmovilización y el derrotismo de los suyos, sino a toda la nación. El esperpento de la última reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera ha puesto en evidencia que es, en efecto, la quiebra del Estado-nación el principal problema para salir de la crisis económica, social y, sobre todo, moral y política de este país. Será, precisamente, en este ámbito donde Rajoy tendrá que decir algo serio para remoralizar España, es decir, democratizar el Estado-nación. O lo hace o tendremos que pensar que también él, como su principal impulsor Zapatero, está de acuerdo en que se marchen, de una vez, Cataluña y País Vasco.

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