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¡El liberal Rajoy!

Rajoy ha ganado. No habrá independencia de Cataluña. Ha conseguido el apoyo pleno de Sánchez y Rivera.

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Rajoy ha ganado. No habrá independencia de Cataluña. Ha conseguido el apoyo pleno de Sánchez y Rivera. Al primero le ha concedido la apertura del diálogo político a través de la reforma de la Constitución y con el segundo ha acordado luchar por una convocatoria de elecciones anticipadas en Cataluña. Mantengo, pues, lo escrito el 9 de octubre:

No nos engañemos con películas y cuentos de la vieja para interpretar lo que está pasando. El discurso del rey, las manifestaciones masivas de ciudadanos por la unidad de España, la reacción de los empresarios de origen catalán instalando sus empresas fuera de Cataluña, el control del Gobierno de España de las cuentas públicas de la Autonomía de Cataluña, el mantenimiento de las fuerzas del orden público, Policía Nacional y Guardia Civil, en Cataluña y, por supuesto, el funcionamiento del Estado de Derecho (Tribunal Constitucional, Tribunal Supremo, Audiencia Nacional y Tribunales Ordinarios de Justicia, etcétera) serán, entre otros, factores decisivos para que Rajoy le tuerza el brazo a Puigdemont y, seguramente, a los demócratas radicales que aspiramos, desde hace más de treinta años, a construir una nación democrática que se llama España. Aunque no descarto alguna medida seria y sensata para democratizar, es decir, nacionalizar de verdad este país, creo que la casta política dominante, con Rajoy de gran chamán, se conforma con meter en la cárcel a Trapero, desmontar el cuerpo de Mozos de Escuadra y él, el Jefe del Gobierno de España, seguir pasando por un tipo medroso, sí, pero que resuelve problemas.

En fin, creo que la vulpeja le ha ganado la batalla al león secesionista. Quizá la victoria de Rajoy llegue a ser tan rotunda que se permitirá el lujo de mostrarse generoso, casi liberal, con los sediciosos de la Generalidad (ni siquiera se les acusará de rebeldía puesto que no ha habido ni un muerto a lo largo del Proceso secesionista). Por desgracia, la desnacionalización entera de España es tan honda que seguirá jugando a favor del menos inepto de los políticos españoles y contra los demócratas radicales, es decir, contra aquellos que pensamos que, en España, como dijo el filósofo, todo lo grande o es obra el pueblo o no se hace.

Además, y esto lo añado hoy, 11 de octubre, tengo la sensación de que ni siquiera será menester aplicar rigurosamente el artículo 155 de la Constitución. Bastará solo con activar su primera fase para acabar con esta pantomima de los secesionistas. Por cierto, la aplicación del precepto citado no es tan sencillo como algunos suponen. En este punto, tendremos que reconocer que la prudencia de Rajoy, hija de la constitutiva medrosidad de su psicología personal, también le habría dado la razón. Tiene suerte. La política de la vulpeja, como diría Gracián, ha vencido otra vez al león, o mejor, a los mil leones que le pedían con impaciencia que aplicara hace meses la norma constitucional. Seamos, pues, sinceros y reconozcamos que si todavía hubiera que aplicar con rigor ese artículo, correríamos el riesgo no sólo de eliminar la autonomía en Cataluña, sino que también se pondría en cuestión el propio entramado de garantía de la Constitución.

En efecto, a pesar de lo que digan algunos juristas y periódicos, la aplicación de este artículo es muy compleja y difícil. Por ejemplo, juristas eminentes, que hace pocos años consideraban casi inviable en términos científicos la aplicación de este artículo, hace unos meses lo consideraban casi de obligado cumplimiento; es el caso de Muñoz Machado, quien, en su Informe sobre España, se mostraba extremadamente crítico con el recurso al artículo 155 de la Constitución que contempla el artículo 26 de la Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, y después de recordar el dictamen del Consejo de Estado, que exigió mesura y proporción en su aplicación, sugiere que es poco menos que imposible hacerlo funcionar; pero, a pesar de la doctrina de su libro, Muñoz Machado reconoció en marzo de este año que "si algún día hace falta aplicar el artículo 155, naturalmente que habrá que aplicarlo. En qué términos es otra cosa, porque no hay ninguna ley que lo explique, hay que estudiar qué medidas se adoptan que sean razonables, adecuadas a la situación y proporcionadas, y que impliquen también que el Estado se manifieste como el soberano, porque lo que no puede ser es que el Estado haga dejación de sus poderes esenciales, mientras sea un Estado todavía único". También un ilustre constitucionalista, Jorge de Esteban, exigía a Rajoy el día 6 de octubre, en El Mundo, que aplicase el 155, olvidándose que él mismo ya lo había dado por amortizado y obsoleto el 10 de julio pasado en el mismo periódico. En fin.

La complejidad de la aplicación del 155 es obvia; y es que la sabiduría jurídica está en vilo, cuando hay que someterla a lo real. A la política. Y, en ese terreno, Rajoy está resolviendo la crisis, aunque a muchos les cueste reconocerlo. En resolución, me parece que el miedo de Rajoy, dicho de modo más suave, la excesiva prudencia del presidente del Gobierno, junto al discurso del rey, la manifestación del 8 de octubre, las salidas de las empresas y bancos de Cataluña y, naturalmente, el funcionamiento del Estado de derecho están consiguiendo encauzar la resolución de esta crisis.

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