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El liderazgo de Rajoy

Zapatero se va, pero lo único decente que nos deja es, paradójicamente, la rectificación de pretender perpetuarse en el poder cediendo ante todo lo que exijan los nacionalistas.

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Los socialistas de Rubalcaba quieren pasar página cuanto antes del pacto entre el PP y el PSOE para reformar la Constitución. Imposible. Tampoco soportan los viejos ideólogos del PSOE, especialmente los que tienen al diario El País como su principal tribuna, el pacto entre el PP y el PSOE para fijar un límite al déficit público. Resulta altamente instructivo leer la crítica, sin duda alguna, descontextualizada, acerada y despiadada de todos los "columnistas" o ideólogos importantes de Prisa, por ejemplo, la publicada ayer contra esta reforma constitucional para saber que prefieren antes la fragmentación definitiva del Estado-nación que la llegada del PP al poder. Los ideólogos del socialismo hegemónico en España quieren distanciarse de su líder, Rodríguez Zapatero, criticando, a veces con una dureza superior a la que utilizan los ideólogos del PP, la última medida relevante del presidente del Gobierno.

Sin embargo, por mucho que griten y peroren sobre esa reforma constitucional, creo que esta medida, independientemente de su eficacia económica y al margen de quienes la hayan forzado desde la UE, trae aparejado, desde el punto de vista simbólico, grandes cambios políticos. Es posible gobernar España prescindiendo del chantajismo nacionalista. Esta medida para los socialistas, y muy especialmente para el propio Zapatero, supone una autocrítica radical a sus dos mandatos en la presidencia del Gobierno. Y, por supuesto, un espaldarazo a una antigua exigencia del PP. Ese pacto entre PP y PSOE ha dejado claro que los nacionalismos son prescindibles. Zapatero se va, pero lo único decente que nos deja es, paradójicamente, la rectificación de pretender perpetuarse en el poder cediendo ante todo lo que exijan los nacionalistas.

Por supuesto, Rubalcaba, lejos de renunciar a ese viejo legado, sigue potenciándolo como su principal activo y trata de negociar con todos los que quieren el fin de la nación española. Llega tarde. Espero que los del PP también se percaten de la repercusión de ese pacto, especialmente ahora que todas las encuestas les dan mayoría absoluta. Por otro lado, y aunque espero poco, casi nada, de la mayoría de los políticos españoles actuales, porque su espíritu gregario está por encima de su capacidad intelectual, creo que la dramática situación en que Zapatero ha dejado a España dará lugar a una nueva generación de políticos más realistas y, sobre todo, más volcados al espíritu del pacto, del consenso, entre los grandes partidos que a la cesión ante los nacionalismo periféricos.

Es obvio que todavía tendremos que esperar tiempo para que veamos forjarse una política genuinamente nacional y democrática, capaz de superar los chantajes nacionalistas, pero, sin caer en el triunfalismo, el primer paso ya se ha dado con ese pacto, que ha hecho que los populares abandonen el discurso triunfalista, por ejemplo, el propio Rajoy ha tenido que moderar la retórica para dirigirse a sus votantes, porque ya no habla de solucionar la crisis económica y crear empleo, sino que se dirige a la nación como un líder serio y riguroso. El sábado en Galicia fue contundente: "Quien piense que las cosas van a ser fáciles se equivoca, quien piense que se puede hacer sin esfuerzo se equivoca, y quien crea que estos se arregla con una varita mágica se equivoca".

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