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Cataluña

El Manifiesto, el nacionalismo y el PP

Porque nunca es tarde si la dicha llega, felicito a los firmantes del Manifiesto contra el nacionalismo catalán. Dos reivindicaciones significativas dominan el texto de los intelectuales catalanes. Primera: es necesario desmitificar el nacionalismo. Segunda: es necesario un nuevo partido para llevar a cabo la acción anterior. Mientras que la primera propuesta está contundentemente argumentada, la segunda parece caer en el mismo error que critica: sustituir lo real por lo simbólico. Me reservo para otro día comentar la urgencia de lo que este manifiesto entiende por “necesario”.
 
En efecto, aunque un poco tarde, los firmantes del Manifiesto han descubierto que el nacionalismo catalán ha conseguido que Cataluña tenga cada vez menos importancia en España y en el mundo. El nacionalismo catalán es sólo una careta de las elites políticas para negar la realidad, los problemas y aspiraciones de los españoles de Cataluña. El nacionalismo catalán es la caverna sarnosa que sirve de cobijo tanto a la “derecha” vergonzante y el “centrismo” de cartón piedra como a la izquierda socialista y comunista. Es “necesario”, pues, terminar con este mito nacionalista.
 
Felicidades, amigos, y bienvenidos al club de quienes mantenemos esta conclusión hace más de veinte años. Correcta es vuestra crítica al nacionalismo, pero me cuesta distinguirla de la no menos correcta crítica realizada por el PP a muchos años de nacionalismo pujolista. Sí, el PP que, dicho sea de paso, mientras no se demuestre lo contrario, es un partido político instalado en toda España y, por lo tanto, también en Cataluña. Y, precisamente, porque no veo en qué se diferencia el diagnóstico del Manifiesto sobre el nacionalismo del realizado por el PP, especialmente por el PP dirigido por Alejo Vidal Cuadras, tampoco entiendo muy bien el pronóstico, en realidad la segunda reivindicación, para solucionar los problemas de Cataluña: la aparición de un nuevo partido.
 
Acaso por eso, por mi falta de entendederas, me gustaría que el manifiesto justificara, o simplemente ahondará un poco más, en la incapacidad del PP para superar el nacionalismo. Ya sé, ya sé, que últimamente Piqué parece estar aceptando algunos términos del nacionalismo catalán que no ayudan mucho a superar la cosa. No obstante, habría preferido que el Manifiesto hubiera utilizado con el PP la misma contundencia racional que practica con el nacionalismo de Pujol y la izquierda. Por ahí, tengo la sensación de que el “escrito” cae en lo mismo que critica. Sustituye la realidad por el símbolo, o mejor, el análisis de los hechos por el culto al símbolo, que en este caso no es sino la demanda de un nuevo partido político.
 
En todo caso, eso sería un problema de los firmantes del Manifiesto no de quien firma esta columna. Pues que yo soy de la opinión, sin duda discutible, que sin símbolos la política sería imposible. Más aún, la democracia es un conjunto de símbolos o no es. Un ejemplo es este Manifiesto, que sólo puede interpretarse como un símbolo para traer más y mejor democracia a Cataluña. Por lo tanto, lejos de mi criticar los símbolos y su poder, que son siempre claves para mover el mundo; pero para que lo simbólico jamás sea utilizado perversamente, como es el caso de los políticos catalanes con el nacionalismo, debemos ser exigentes con sus formulaciones. Es la mejor manera para que en ellos no se escondan intereses inconfesables o, peor aún, análisis destrabados de la realidad.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.