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El debate

El PP, el PSOE y la Nación

Después del debate de la nación, tanto los hombres como los escenarios políticos han quedado dibujados, quizá por desgracia, con trazos nítidos. Los hombres, en verdad, han quedado bien retratados. Rajoy ha salido reforzado como un hombre de Estado. Firme en sus convicciones. Responsable. Un demócrata para liderar una nación. Rodríguez ha salido como un presidente de Gobierno por casualidad. Un demócrata de boquilla para una sociedad de usar y tirar. Rodríguez ha quedado tan tocado que es aplaudido por quienes quieren acabar con el Gobierno de España. Porque es un caso insólito, pero sobre todo trágico, en la historia reciente de España, es necesario parar a este hombre que nos lleva a la catástrofe. Los terroristas más crueles lo aplauden. Los secesionistas más deleznables lo animan a romper con España. Por lo tanto, quien confunda solución con problema será juzgado por ignorante.
 
Los escenarios están tan polarizados que, a veces, recuerdan épocas trágicas. O vamos a unas elecciones anticipadas para terminar con tanta inmundicia secesionista o vamos a un enfrentamiento sin solución si Rodríguez persiste en entregar España a los secesionistas. Los escenarios políticos posibles son, en cualquier caso, dramáticos, porque Rodríguez ha perdido definitivamente el crédito que pudiera haber tenido, en algún momento de esta legislatura, para solucionar el problema del secesionismo vasco y catalán. Hoy, y esto es lo más grave, él ya no es solución de nada. Rodríguez es el problema. El presidente del Gobierno de España lidera la desvertebración de la nación.
 
Dos escenarios aparecen enfrentados sin mediaciones posibles. El PP quiere derrotar a ETA. El PSOE quiere entregarse a ETA. Mientras que el PSOE pide un aval al Congreso de los Diputados para seguir negociando con ETA, el PP exige iniciar un proceso que lleve a la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas. Mientras que el PSOE es aplaudido por todos los secesionistas y, sobre todo, por los terroristas de ETA, algo, insisto, tan extraño como trágico en la historia de la democracia española, el PP reitera, a través de su líder político, que nadie, y menos el gobierno de la Nación, debe traicionar a los muertos, a quienes han entregado su vida por España. Las víctimas del terrorismo siguen siendo el horizonte clave para el PP de la democracia española.
 
El debate de la nación ha vuelto a poner en evidencia que Rodríguez ganó las elecciones por casualidad. Negó los grandes problemas de la nación española. Jugó a engañar a todos con una palabrería vacía. La mitad de la población está estupefacta, mientras que la otra mitad, la que lo vota y aplaude, está sorprendida. Rodríguez Zapatero quiere dar un autogolpe de Estado. ¿Quién lo puede parar? Algunos, los más optimistas, creen que ya ha surgido una oposición sensata dentro de su partido. Lo dudo. Cuando esos prudentes varones quieran actuar, será demasiado tarde. Además, el partido para esta gente está por encima de la nación... Y, por supuesto, nadie piense que políticos como Bono, el policía Bueno de este Gobierno, es solución de nada por cuatro declaraciones retóricas y pro domo sua. Si Bono, de verdad, quisiera parar a Rodríguez, ya habría dimitido. Las declaraciones de ayer en El Mundo son peor que patéticas. Son chabacanas y de mal gusto. Parecen la coartada para un presidente de Gobierno que nos ha llevado a un callejón sin salida. Un ministro de un Gobierno, que negocia con ETA de espaldas a las víctimas y a la oposición, es un impostor al declarar que el “PSOE y el PP tienen la obligación política de entenderse.” Una mamarrachada, un  golpe de efecto, para estimular el autogolpe político que  ZP están dando a España. 

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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