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Rusia

El saber del terror

La sociedad siente náuseas ante las imágenes del terror. Hoy es Rusia. Ayer fue España. Mañana decidirá el destino. Un desierto es el presente. El futuro es peor que un horror. Es inexistente. Cuando millones de niños vean las imágenes de cientos de cuerpecitos destrozados, habrán perdido para siempre su inocencia. Su futuro. Nadie podrá restablecer el candor infantil alojado en el sentimiento más frágil de la infancia. Sólo por eso es urgente que la sociedad, los individuos que la simbolizan, hagan preguntas sobre el terror, sus vínculos, su génesis ideológica, sus apologistas... Pero, sobre todo, resulta necesario que descubramos a sus complacientes compañeros de viajes "intelectuales". Muchos de ellos, después del fin del comunismo, han "cambiado" sin conseguir transfigurarse. Militan en las filas hedonistas porque son incapaces de soportar su desesperación. El miedo los invade. Cobardes para asumir la derrota persisten en el fanatismo político, en las formas más elementales de la credulidad: los malos son los otros. ¡El Terror puede ser bueno!
 
Pueblan los medios de comunicación, las redacciones de los periódicos, las universidades y, en general, todo el engranaje del aparato cultural del llamado mundo occidental y civilizado. Allí donde se ubican acreditan una idea zafia y macabra, y tienen una admiración secreta por quienes son sus agentes, sus ejecutores. A falta de mejor nombre, diremos que hay una tradición de "izquierda" obstinada no sólo en justificar un terrorismo salvador, sino en presentarse orgullosamente como la detentadora de un saber que la hace poderosa. Naturalmente, esa "izquierda" siempre está dispuesta a seguir mitificando a los principales protagonistas de la salvajada terrorista. Bastaría citar cómo algunos políticos quieren combatir el terrorismo islamista para saber qué están pensando en unos terroristas buenos y otros malos. Por no decir nada del diferente lenguaje que se utiliza para evaluar el "terrorismo" israelí o el palestino. Que existe un terrorismo salvador es la pretenciosa seña de identidad de estos zafios "teóricos" del terror.
 
Hace un par de semanas sentí vergüenza ajena al leer un artículo de un novelista mexicano, epistemológica y moralmente discutible, que hablaba de pecadillos disculpables y desviaciones comprensibles de un antiguo revolucionario nicaragüense, dedicado ahora a la literatura, que utilizaba el terror como medio de salvación pública. Resulta terrible que estos individuos callarán ante el genocidio del terror revolucionario en el viejo sistema comunista, o en el terror implantado por la sangrienta revolución mexicana, pero es aún más horroroso que ahora, cuando ya nadie ignora lo sucedido, esa gentuza se escondan en la risa, como dice Martín Amis es su Koba el temible, para no pedir excusas y permanecer en la sala.