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¿Elecciones en Andalucía?

Andalucía se nos escapa. La imagen de Andalucía nunca ha estado exenta de ideología. Andalucía es más, mucho más, que lo que se desprende de una encuesta o un cuadro macroeconómico. Andalucía es la gran desconocida. Más aún, creo que el día que España atempere el nacionalismo del Norte, y termine con la plaga del terrorismo de ETA, tendrá que resolver el nihilismo del Sur para dar estabilidad a un genuino Estado-nacional democrático. El problema es que no sabemos identificar correctamente, como diría mi amigo Carlos Herrera, qué cosa es esa del nihilismo. Aunque si hemos de ser sinceros, lo cual no deja de ser paradójico, nos sobran datos para definirlo. A pesar de que es difícil hallar otra zona en el planeta sobre la que existan tantos y tan diversos análisis más o menos científicos como los existentes sobre Andalucía, el nihilismo andaluz es de una opacidad difícil de atravesar. ¡Tampoco las mil teorías filosóficas e imágenes literarias sobre Andalucía nos ayudan a desvelar el misterio! Baste citar algunas a vuela pluma: la Andalucía trágica de Azorín, la teoría de Andalucía de Ortega magníficamente proseguida por Julián Marías, la poética burguesa de García Lorca para consumo interno de la propia burguesía andaluza, la Andalucía conflictiva de Díaz del Moral enfrentada a la visión idílica y resignada de ingeniosos y senequistas rasgos, la Andalucía de Machado en Juan de Mairena, la visión sobre los desvalidos andaluces construidas ante el viejo TOP de Alfonso Carlos Comín, etcétera...
 
Pero que nadie se haga ilusiones con las filosofías sobre Andalucía. La mediocridad domina. Las encuestas repiten que los socialistas volverán a ganar las elecciones autonómicas. ¡Terrible! Y otra vez, como en épocas pasadas, construiremos desde Madrid cien teorías sobre Andalucía, cien imágenes ajenas a los propios andaluces, que ellos cuidarán con sumo cuidado para reírse de nosotros o, simplemente, despreciarnos... Lo cierto es que Chaves hace coincidir las elecciones autonómicas con las andaluzas para pasar desapercibido. Para aburrir al personal, o sea, para que la gente imite al burro y termine votando a su partido, al poder realmente existente, a quien reparte las famosas ayudas sociales o nos consigue un puesto de guardia municipal.
 
Cultivar la indolencia de un electorado pastoreado por siglos de nihilismo social es la única preocupación de Chaves y sus amigos. Esta dura imagen de Andalucía tiene su reflejo en esa especie de “conformismo” que se respira por todas partes, incluido el PP; parece que no hubiera elecciones en Andalucía, dicen en tono pesimista los ciudadanos andaluces mejor preparados políticamente. También los periodistas más inteligentes de Andalucía constatan el drama de una sociedad narcotizada por la comodidad de las redes clientelares impuestas por el PSOE durante más de 20 años. Una pobretona cultura igualitarista, cuyo origen franquista nadie pone en duda, ha logrado calar en la población merced al cerrilismo de algunos hijos del franquismo que se esconden detrás de las siglas del PSOE.  La sociedad civil más dinámica y preparada es devorada, vencida, elección tras elección por el caciquismo impuesto por Zarrías y sus amigos, entre los que destacan los defensores de la peor escoria ideológica de un marxismo putrefacto y una estética tercermundista.