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Entrega de Navarra

Entre Orellana y Zapatero

Entre Orellana y Zapatero me quedo con el primero. Miguel Ángel Orellana ha dado razón de una conversación del presidente de Gobierno, en El Semanal Digital, que éste ha negado melifluamente en una entrevista que le ha hecho Carlos Herrera. Lejos de mí preguntarme sobre quien de los dos, el periodista o el político, dice la verdad. La ética de la responsabilidad demostrada por el periodista a lo largo de sus colaboraciones en este medio es superior, muy superior, a la ética de la convicción, si es que tiene alguna, exhibida por el político Zapatero desde que llegó a La Moncloa. No hay, pues, comparación. Por supuesto, pongo la mano en candela a favor del compañero Orellana.

Pero no es esa la cuestión, sino por qué nadie con sentido común puede creer a Zapatero. Eso es lo verdaderamente dramático. Este hombre ha perdido toda su credibilidad política. No hay posibilidad de ponerse de acuerdo en nada con él. Su técnica es negarlo todo. Poner tierra de por medio y, al final, cuando nadie lo espera, dar el golpe. Sí, sí, dar el golpe. Lo ha hecho cientos de veces, por ejemplo, con la cuestión de los estatutos, especialmente con el de Cataluña. Ha vuelto hacerlo con la excarcelación de De Juana Chaos y lo seguirá haciendo con todo... Imposible con este "político" hacer política, o sea, llegar a algún tipo de acuerdo, consenso o, sencillamente, alcanzar algunos "bienes comunes". Zapatero es la negación de la política democrática, del acuerdo, excepto para llegar a enjuagues y pactos secretos con los nacionalistas y los terroristas. Eso es todo.

De la conversación narrada por Orellana y su posterior negación por Zapatero podemos aprender un par de cosas relevantes para el futuro. En primer lugar, es un ejemplo de la "táctica" de Zapatero. Cuenta el periodista que Zapatero le preguntó a un empresario de Castilla y León, en un ambiente distendido en La Moncloa, lo siguiente: "¿Tú tienes algún problema por decir que eres un ciudadano de Castilla y León?" La respuesta del interlocutor fue inequívoca: "Desde luego que no, presidente". "Entonces –prosiguió el jefe del Ejecutivo–, ¿qué problema puede haber con que uno diga que es a la vez ciudadano del País Vasco y Navarra?"

La conversación es una síntesis perfecta de la ideología de Zapatero. Más aún, es el procedimiento ideal en el que persistirá el presidente para desmontar la nación española y convertirla, finalmente, en una confederación de carácter balcánico. Es, sí, una conversación absolutamente plausible y creíble en la mentalidad de Zapatero. Sin embargo, él le ha dicho de modo frío y calculador a Herrera: "No reconozco esa conversación, por tanto, la refuto." Y punto. Ni un atisbo de sorpresa, nada de nada, curiosísimo. O sea, que es verdad. El Gobierno, en efecto, no rectificará su acuerdo con ETA: después de De Juan Chaos, la próxima pieza es Navarra. La operación, naturalmente, no es sencilla, pero en ella está Zapatero con ETA, a saber, primero, pregonar que Navarra será lo que quieran los navarros; segundo, que no pasa nada por ser del País Vasco-Navarro; tercero, presentación de candidaturas de Batasuna; cuarto, formar coaliciones entre socialistas y nacionalistas; quinto, crear un ente supra-autonómico que recoja los acuerdos entre el Gobierno y el terrorista Josu Ternera y así sucesivamente...

En fin, tiene tanta razón Orellana, representante de la mejor ética de la responsabilidad del periodismo español, como Salvador Ulayar, representante de las víctimas del terrorismo, cuando dice: "Zapatero debería decir con firmeza y contundencia que el futuro de Navarra no está en juego, pero no lo hace. Nos vendió transparencia, pero todo es oscuridad y deslealtad. Tiene crédito cero." Y, por eso, porque tiene crédito cero, hay que manifestarse el sábado en Pamplona.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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