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Entre un emboscado y un prudente

Zapatero intuye que no será suficiente. Por eso, se ha escondido. Se ha refugiado a "deliberar". ¡Cuánto tiempo seguirá emboscado! El que haga falta, porque es preferible pasar por cobarde antes que por derrotado.

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El poder democrático siempre está en vilo. La política cambia, en efecto, a velocidades de vértigo en un sistema democrático. Así, la victoria del PP sobre el PSOE, que en la noche del domingo algunos consideraban escasa, es hoy por hoy un éxito arrollador de la oposición. Basta fijarse en la conducta del líder socialista y compararla con la seguida por el resto de líderes europeos para saber de qué hablamos. También en este asunto España parece incomparable. España no es sólo un "Estado-nación" singular, muy singular, sino que también está desgobernado por un "líder" que es cantado por sus leales como un Obama de la UE.

Por ese conjunto de circunstancias históricas de nuestro país –que tiene nación y nacionalidades, o sea nada–, y por los rasgos incomparables de su principal gobernante con el resto de líderes europeos, mantengo que la derrota de Zapatero en estas elecciones europeas es infinitamente más grave que la sufrida por otros candidatos socialistas y socialdemócratas de Europa. La prueba de lo que digo es que Zapatero, a pesar de que las elecciones fueron el domingo, aún sigue escondido. Ya sé, ya sé, que ha comparecido en el Senado, pero, en realidad, sigue emboscado desde la noche del 7 de junio por la derrota sufrida.

De momento, Zapatero se cobija en el partido y hace de la presidencia del Consejo de Gobierno una fortaleza inexpugnable. A él le gustaría estar por encima del resto de los mortales, pero eso es imposible. Si no ha dicho ni una sola palabra en público sobre la derrota de su partido en las elecciones europeas, es porque está más que tocado. Está resentido. Nadie ha dejado de afearle esa conducta medrosa y cicatera con todos los suyos, pero él sigue sin dar explicación alguna sobre la derrota. Una vez más, como sucedió después de la derrota en las elecciones gallegas, Zapatero prefiere emboscarse antes que dar la cara. Su actitud resulta bochornosa, sobre todo si es contrastada con las comparecencias públicas del resto de líderes españoles y europeos.

Pero aparte de la falta de responsabilidad y carencia de garbo estético, creo que esa actitud refleja algo más grave que cobardía ante la derrota y facundia en las victorias de su partido. No, no es un asunto de carácter psicológico y personal, sino que es una situación que puede objetivarse políticamente y a la que el PP aún no ha sabido darle trascendencia. Que Zapatero, el líder entre los líderes de la izquierda española, esté sonado o fuera de juego, no es un asunto personal sino de envergadura política. Que Zapatero prefiera emboscarse a salir a dar la batalla y enfrentarse a la oposición en público, tendría que ser un reto, una oportunidad, para que la oposición mine sus "poderes".

¡Vamos, señor Rajoy, déjese de celebrar el afianzamiento de su liderazgo y ejérzalo ahora con decisión y contundencia! Las elecciones europeas han puesto en su lugar a Zapatero. Él percibe, como un borracho ve imágenes borrosas, que todo el castillo "político" que ha construido puede caerse en cualquier momento y ante la derrota más insignificante. Él, mejor que nadie, sabe que debajo de su "edificio" no hay cemento sino arenas movedizas. Sabe que sólo le queda la agitación y la propaganda, que no es poco, y todas las cadenas de televisión, pieza clave de su presente y futuro.

Sin embargo, Zapatero intuye que no será suficiente. Por eso, se ha escondido. Se ha refugiado a "deliberar". ¡Cuánto tiempo seguirá emboscado! El que haga falta, porque es preferible pasar por cobarde antes que por derrotado. En estas circunstancias, es menester que la oposición le haga ver a Zapatero de modo claro su "intuición" borrosa, o sea, ninguna de las tretas que hasta ahora ha utilizado para mantenerse en el poder serán suficientes para detener al PP.

En otras palabras, ha llegado la hora del hombre "prudente". De Rajoy. O el líder del PP aprovecha con ímpetu que Zapatero está sonado o corre el riesgo de que en poco tiempo salga envalentonado de su emboscadura. Lea a Maquiavelo, señor Rajoy, antes de que lo haga Zapatero en su fortín: "Cuando ha llegado, para el hombre moderado, el tiempo de obrar con impetuosidad, no sabe él hacerlo, y resulta de ello su ruina. Si él mudara la naturaleza con los tiempos y cosas no se mudaría su fortuna".

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