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Entusiasmo democrático y expectación reaccionaria

Hay en Occidente analistas, especialmente gentes que defiende posiciones neoestalinistas, que pasan de esos asuntos. Para ellos lo decisivo, siguiendo a Mao, es que siga la violencia: "Bajo los cielos hay caos: qué magnífica situación".

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Nadie sabe con certeza cómo terminará el levantamiento contra Mubarak. Los observadores democráticos del acontecimiento han pasado del entusiasmo inicial a la perplejidad de quienes ven en unos instantes la violencia que se avecina; de las expectativas de una transición más o menos pacífica hemos pasado a la realidad cruenta de unos enfrentamientos civiles. De la defensa entusiasmada de la libertad, a través de una rebelión social delicada y aterciopelada, se ha pasado al miedo producido por la violencia del poder.

Mubarak no renunciará a la represión contra los manifestantes. Quizá tampoco los reprimidos se retirarán a sus casas. Todo se repite en Egipto y, por desgracia, en el resto del mundo islámico. Las revueltas populares siempre han sido constantes cada x tiempo en Egipto. La cuestión ahora es saber si este levantamiento popular trae o no consigo algo nuevo o, por el contrario, repite la cólera transitoria de un "ciudadano" que no ha conseguido liberarse de los efectos de una religión radical, de una religión que no separa el orden natural del sobrenatural. De un "ciudadano" siempre reprimido por el islam.

¿Cuál puede ser la novedad de la movilización contra Mubarak en Egipto? Para unos, demasiado optimistas a la hora de evaluar la influencia de internet en estos países, han sido las redes sociales de internet determinantes de la rebelión; para otros, muy influidos por la historia de la caída de los llamados países del Telón de Acero, es el efecto dominó: si cae un país, en este caso Túnez, pronto arrastrará a otro como Egipto; y, finalmente, están quienes creen que quizá detrás de toda la revuelta se hallan los Hermanos Musulmanes, tesis, por otro lado, bastante plausible.

El observador demócrata occidental no puede pasar de lejos sobre todos estos problemas; de hecho, la discusión de todas esas interpretaciones constituye una cuestión central para nosotros, o sea, para el desarrollo de la democracia occidental, pues que no puede ser lo mismo para Occidente un Egipto autoritario que uno liberal. Obvio. Sin embargo, hay en Occidente analistas, especialmente gentes que defiende posiciones neoestalinistas, que pasan de esos asuntos. Para ellos lo decisivo, siguiendo a Mao, es que siga la violencia: "Bajo los cielos hay caos: qué magnífica situación". He ahí la gran imbecilidad, él diría conclusión, de la columna de Zizek, ayer en El País. Era casi la nota discordante, en realidad, reaccionaria de los análisis de la prensa española sobre la rebelión contra Mubarak en Egipto.

Al tal Zizek, escribidor muy afín a Zapatero, alguien tendría que decirle que las palabras de Mao repiten la misma idea de los reaccionarios españoles del XIX y parte del veinte: "Cuanto peor, mejor".

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