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¿Es posible una alianza de civilizaciones?

Aconsejaba Kant no discutir con estultos, porque fácilmente pueden confundirnos con ellos. Supongo que quien discute frases absurdas corre los mismos riesgos que el que discute con estúpidos, pero yo estoy dispuesto a discutir la expresión “alianza de civilizaciones” no tanto porque la considere inútil, que lo es, sino porque el gobierno de España ha donado un millón de euros para que la ONU debata sobre el particular. Un millón, queridos amigos, es suficiente cantidad para que pidamos un poco de rigor y seriedad al presidente del Gobierno, aunque sólo sea porque algo de ese dinero tendremos que pagarlo los ciudadanos de una nación, no de una civilización, llamada España.
 
La “alianza de civilizaciones” es un absurdo en los términos, un imposible, porque sólo pueden llevar a cabo pactos, contratos y alianzas sujetos con responsabilidades, con derechos y deberes, pero no las “civilizaciones”, que es un termino que, en sentido estricto, sólo puede utilizarse en singular. Sí, no hay civilizaciones, sino civilización, que es, al menos etimológicamente, lo que nos hace civilizados, civiles. La civilización tiene como principal objetivo civilizar, es decir, sacar a los individuos de un estado salvaje hasta hacerlos sujetos, individuos autónomos, capaces de problematizar todo, incluida nuestra propia existencia privada. Quizá la civilización no tiene soluciones, pero, al menos, hemos conseguido orientarnos.
 
El resultado final, pues, de la civilización es la ciudadanía, que es algo, dicho sea de paso, que sólo ha realizado nuestra civilización. La civilización, paradójicamente llamada occidental, es genuina civilización, o sea, universal, porque tiene el don de la ubicuidad. Está en todas partes. Hablamos de civilización occidental, incluso utilizamos un adjetivo geográfico donde otros usan un adjetivo religioso, pero, de hecho, nuestra civilización está en cualquier parte y lugar. Es verdadera civilización porque no se restringe a un territorio determinado. Es universal. Tienen razón, pues, quienes al utilizar con rigor el término “civilización” mantienen que no habría civilizaciones sino una única civilización. Kant en esto es preciso, pues, al final, la civilización o tiende a agruparse en un gobierno universal, algo parecido a una ONU tomada en serio, o desaparece.
 
En otras palabras, si la ONU consiguiera alcanzar algo parecido a un “pacto” de civilizaciones, correría el serio peligro de desaparecer. La nación que es una manera ejemplar de civilización desaparecería por algo tan “nebuloso” como las “civilizaciones”. Una especie de etnología salvaje haría desaparecer la política ciudadana. Las naciones, en efecto, son sujetos jurídicos y por ello pueden unirse, eso es la ONU, pero las “civilizaciones” no existen nada más que como Civilización. Esto sería un argumento suficiente para desechar la expresión “alianza de civilizaciones”, pero, como la expresión tiene tan buena receptividad en públicos analfabetos, otro día les comentaré la perversidad “buenista”, de “buena voluntad” y peor mala fe, que soporta la expresión: “alianza de civilizaciones”. La propuesta es tan cruel y obtusa como el “buenismo” que la soporta.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.