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¡Estamos en guerra!

Hay gentes que no han querido enterarse de que estamos en guerra, por los menos, desde el 11-S de 2001. Son unos mentirosos que merecen mi repudio. Nadie los va a sacar jamás de su error, simplemente porque ellos no creen en el error sino en la mentira. Si hubiera sido por error, podríamos discutir con ellos, pero al mentiroso sólo cabe someterlo a vergüenza y culpa. Los errores pueden discutirse, incluso rebatirse, pero la mentira hay que despreciarla. El error siempre contiene un afán de verdad. A veces, el error no es sino una hipérbole de la verdad. Un gran error siempre es un estímulo para la ejercitación de la razón. El saber progresa por la corrección permanente del error.  La verdad no sería viable sin previo error. Sin embargo, hay dogmáticos y mentirosos que no están dispuestos a discutir errores, según ellos,  porque todas las “ideas” son respetables. Pobres gentes, niegan la posibilidad del desarrollo intelectual y, de paso, mancillan la base de la moralidad: el respeto a la persona. Confunden la libre discusión de las ideas con las personas que las defienden.
 
El relativismo moral es tan idiota como malo. Entre estos relativistas algunos dan un paso más. Y no contentos con “respetar” cualquier opinión bárbara, quieren que si la barbaridad es mantenida por una mayoría, tenga que seguir seguida por el resto. Pues bien, mi posición es sencilla, primero, respetaré siempre a las personas y combatiré sus ideas si erróneas me parecen; segundo, jamás me dejaré someter a la dictaduras de las mayorías; tercero, siempre distinguiré entre la opinión pública, hija de un juicio prudencial variable según los acontecimientos y circunstancias de la vida, y la conciencia nacional, resultado de juicios ciertos basados en principios inmutables de la nación, por ejemplo, España no es nación de naciones sino la única nación.
 
Y porque sólo discuto errores que estimo altamente, jamás discutiré  con quien aún no se haya enterado de que estamos en una guerra que el fundamentalismo islámico declaró hace años a Occidente. Tampoco le presto la más mínima atención a los “ideologemas” y falsificaciones de los partidos, si no me sirven para desprestigiar a quienes los utilizan. Desprecio, pues, a quienes culpan al PP de los muertos de Madrid y Leganés. Mil razonamientos podría dar mostrando la falsedad del aserto, pero todos serían inútiles para deshacer una mentira. No estamos ante opiniones más o menos discutibles, como se empeñan en mantener algunos “distanciados” de la verdad, sino una añagaza del PSOE para acceder al poder. Un engaño deliberado que el PSOE, si EEUU no lo remedia, seguirá utilizando para ganar las próximas elecciones europeas.  Mientras tanto, esperemos que el PP deje de debelar errores para denunciar mentiras.