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Proceso de rendición

Hagamos memoria

Hagamos memoria de lo entregado por el Gobierno a ETA. No consintamos que nos llamen amnésicos. Tampoco que nos acusen de colaboracionistas de un Gobierno que despreció a la oposición, al sistema democrático, para hacer combalaches con los criminales. No habrá genuina memoria sin reconocer el presente, sí, el ambiente de persecución de ETA creado por el Gobierno. Creo que esa persecución responde más a un espíritu teatral que a un afán genuinamente democrático. En otros términos, si el PSOE gana las elecciones, seguirá pactando con los criminales y destrozando, definitivamente, España.

Ésa es una opinión política basada en la experiencia histórica de un Gobierno que ha hecho del pacto con los criminales por un lado, y con los nacionalistas por otro, la base de su política. De acuerdo con esta opinión, el PSOE debería de ser castigado en el recuento de votos de las elecciones próximas; en efecto, la mayoría de los electores, que defiende la unidad de España y acabar con ETA por los medios del Estado de Derecho, deberían de castigar al PSOE el 9 de marzo. Y digo "deberían de" para resaltar que es una conjetura personal, una opinión, que me gustaría que se convirtiese en una obligación de carácter moral.

Por el contrario, hay analistas políticos que creen a pies juntillas que en ningún caso esa opinión influirá en las elecciones. Me admira, lo digo con sana envidia, su contundencia dogmática. Ciertamente, hay quien opina que esa política del Gobierno de concesiones a ETA, que permitió incluso a los criminales participar en el proceso político a través de ANV y PCTV, no influirá decisivamente en las elecciones. Primero, según estos periodistas, porque las acciones teatrales emprendidas por el Gobierno poco antes de las elecciones surtirán efectos en los ciudadanos, o sea, olvidarán los "errores" del Gobierno. Encarcelar etarras, ilegalizar las franquicias de los criminales, en fin, simular a poco más de un mes de las elecciones una batalla retórica contra ETA, y envolverse de modo torticero en la bandera de España, son componentes imprescindibles de la batalla electoral. Son armas decisivas para engañar a los electores.

Admito que esa propaganda conseguirá atenazar a muchos electores, pero me resisto a creer que conseguirá borrar de la memoria de millones de españoles la negociación con criminales, incluso después de haber asesinado. Me parece que si toda esa filfa y embauque electoralista del Gobierno consigue borrar la memoria de los electores, y esto es algo que no dicen los centristas de salón, es gracias a la inestimable ayuda de los medios de comunicación al servicio del Gobierno, que cuestionarán no sólo la maldad política y moral de la negociación del Gobierno con ETA sino que también resaltarán ideológicamente, o sea falsificando, que el Gobierno está en el buen camino.

El pobre Zapatero, vienen a decir estos bienintencionados centristas, se equivocó y ahora rectifica. Falso. Y, precisamente, por esa falsedad, digo que el deber de todo demócrata es denunciar no sólo las mentiras del Gobierno sino las de sus "realistas" seguidores. No vale con decir que no influirá la política terrorista de Zapatero en las elecciones, sino que será necesario, si de verdad creemos en las posibilidades de crear opinión pública política desarrollada en los medios de comunicación, mostrar las mentiras, las contradicciones y, sobre todo, poner de relieve el afán de engañar durante esta campaña electoral a los votantes. He ahí el principal deber del analista político. Es menester dejar claro que lo hecho durante cuatro años es absolutamente lo contrario de lo que ahora escenifica el Gobierno de Zapatero.

Quien ahora rebaja a meros "errores" la negociación antidemocrática, por decirlo suavemente, del Gobierno con ETA sepa que está colaborando muy estrechamente al olvido de sus fechorías fomentado por el propio Rodríguez Zapatero. Quien lejos de rectificar lo hecho en los últimos cuatro años lo elevará a categoría, si las urnas lo revalidan. El Gobierno, pues, no ha rectificado su política de negociación con ETA, sólo está sobreactuando, engañando, o sea, creando un ambiente teatral de "persecución" de ETA, Batasuna y sus alias para que los electores olviden sus negociaciones con los criminales.

A pesar de todo, reconozco a los buenos intencionados analistas que quizá haya algo de verdad en esta política teatral. Quizá sea verdad que exista un ánimo de rectificación. Vale. Pero eso no significa que debamos callar, o sea, no recordar ahora en pleno proceso electoral las barbaridades cometidas por el Gobierno con ETA. Eso sería tanto como colaborar a ocultar el mal.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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