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Hipocresía del PP

Rajoy ha quedado retratado para la posteridad al reconocer públicamente que renunciaba a someterse al proceso de investidura.

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Los complicados resultados electorales de las elecciones del 20-D han puesto en evidencia a casi todos los políticos. Los ciudadanos han demandado pactos rápidos y eficaces, pero ellos han respondido tarde y cansinamente con evasivas y engaños. Están haciendo lo que nadie quería: demorar hasta el hartazgo la formación de un gobierno o la convocatoria de elecciones generales. La aritmética electoral le ha partido el brazo a la imaginación política. La torpeza del burócrata se ha impuesto a la creatividad del político. La medalla de la estulticia es para el PP, que ha cometido el error más grave que cabe en política, a saber, renunciar a formar un Gobierno y, además, presionar al Jefe del Estado para bloquear las instituciones. Terrible. Ha vuelto a caer en la veleidad de negar la existencia de la realidad. Ha cerrado los ojos como los niños ante la catástrofe. Ha dado la espalda a la prudencia política y su líder se ha pasado de listo.

Rajoy ha quedado retratado para la posteridad al reconocer públicamente que renunciaba a someterse al proceso de investidura, mandatado por el Jefe del Estado, pero se quedaba para impedir que se formase un gobierno de España que él no presidiera. He ahí la gran fatalidad de España que no quieren reconocer los peperos y sus terminales mediáticas. Allá ellos. Pero, si no reconocemos ese destino terrible, contradictorio y paradójico, que se ha reservado Rajoy para su posteridad, estamos cayendo no solo en la puerilidad del que renuncia a su oficio, hacer política para conformar un gobierno, sino que estaríamos negando la posibilidad de entender lo que está pasando en la vida política. Las terminales mediáticas del PP sufren esa antinomia y mantienen una hipocresía radical que conduce a muchos comentaristas políticos a no querer ver lo indeseable del PP: la estulticia y, a veces, maldad política de su presidente, exactamente recogidas, insisto, en la expresión: no puedo formar gobierno, pero me quedo para que otros no lo consigan.

Así las cosas, o sea, si Rajoy persiste en negarse a votar un gobierno que él no presida, entonces estamos ante tres sencillos escenarios políticos. Son conocidos por la mayoría de los españoles, pero es menester repetirlos para aceptar la realidad y no caer en las frivolidades derivadas de nuestros deseos. El primero se refiere a un Gobierno del PSOE y Ciudadanos con la abstención del PP en la segunda votación. Esta posibilidad es extremadamente difícil. Por el contrario, la segunda opción es muy fácil, algunos dicen que ya está hecha: se trata de un Gobierno de PSOE, Podemos, IU y PNV. Y la tercera, la preferida de Rajoy, es convocar elecciones anticipadas… Sospecho que a esta última opción también ha llegado tarde Rajoy.

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