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Cadena SER

Ideología y medios de comunicación

El nuevo curso político será muy difícil y accidentado. Primero, porque el partido gobernante no esperaba gobernar. Por supuesto, eso no significa que existan dudas sobre la legitimidad del Gobierno español, sino que el grado de incertidumbre creado es mayor que el de cualquier otra legislatura. Segundo, porque el PSOE no tiene mayoría absoluta y parece atrapado en las contradicciones del nacionalismo catalán y vasco. Tercero, porque las voces y las cabezas más preparadas del socialismo español están estupefactas ante la meliflua y peligrosa ideología que Rodríguez Zapatero está exhibiendo cuando habla de otro modelo de Estado. Los peligros que pueden derivarse de la reforma de la Constitución y de los Estatutos pueden llevarnos al caos. Cuarto, porque el trauma del 11-M condicionó la elección del 14-M y, sobre todo, porque hubo actores ideológicos y políticos que quisieron el día 13 de marzo enfrentar civilmente a los españoles.
 
Superar este último asunto me parece decisivo para profundizar nuestra democracia. No parece, sin embargo, fácil cerrar las heridas creadas en esa jornada desgraciada de la democracia española. Sólo hace falta leer entre líneas las declaraciones de "principios" en la presentación de la programación de la Cadena SER para hacerse cargo de que este medio de comunicación está muy lejos de conseguir una opinión pública política madura al servicio de la ciudadanía. Prefieren militantes antes que ciudadanos. En efecto, aunque con buena voluntad valoremos positivamente la frase que Gabilondo ha dicho con la boca pequeña, a saber, "la SER no concierta líneas de comunicación con ninguna fuerza política", resulta imposible conciliarla con la línea que mantiene el jefe, el director general de la cadena, que reitera con tanto cinismo como mala fe que "aún no se ha desmentido el hallazgo de un suicida el 11-M". Pocas cosas ha dejado claras la Comisión del 11-M, excepto que hubiera un terrorista suicida. Por este camino, los medios de comunicación desprecian a la sociedad civil, o peor, son incapaces de reconocer que la sociedad española es compleja, indeterminada y, en cierto sentido, muy libre, como corresponde a una sociedad occidental, que está integrada en los parámetros de la modernidad, por lo menos, desde los años sesenta hasta hoy. Si encima que hemos llegado tarde a la democracia de posguerra, hay gente empeñada en seguir tratando al ciudadano como un necio, entonces es para salir corriendo.
 
Ante ese tipo de irresponsabilidades el resto de medios de comunicación debería contestar con argumentación propia, pues que sin una opinión pública desarrollada moral y políticamente la democracia corre el riesgo de perecer en manos de las oligarquías de los partidos políticos.