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11-M

Información contra ideología

Las informaciones publicadas por el diario El Mundo y Libertad Digital sobre el 11-M y la "política", o mejor, carencia de política antiterrorista, y el consiguiente desprecio de las víctimas está situando al Gobierno socialista al borde de la quiebra moral y política y, sobre todo, en los límites de un Gobierno puramente ideológico sin otro ánimo que sembrar de mentiras el espacio público para mantenerse en el poder. El Gobierno socialista, en efecto, está peor que quemado. Está deslegitimado por reducir su actuación a la creación de una ideología, que provea a los ciudadanos de un arma poderosa para que no tenga que pensar, para que no pregunte por la eficacia del Gobierno o, lo que es lo mismo, para que el ciudadano no refute la tarea del Gobierno con sus fracasos, y, sobre todo, para que el ciudadano no distinga entre el bien y el mal, entre gente que lucha por hallar verdades, por un lado, y gentes que se conforman con decir "todos son iguales", o que la mentira es la base de la democracia, por otro.

De acuerdo con esas tres funciones ideológicas, Pérez Rubalcaba ha contestado la información exacta de El Mundo sobre la manipulación de un documento fundamental para analizar la relación entre ETA y el atentado del 11-M. Si dejamos aparte la amenaza lanzada contra El Mundo sobre la forma de presentar la noticia, o sea, sobre si es o no susceptible esa noticia de una acción judicial, que es tanto como poner en cuestión el sagrado derecho de información del periódico, la respuesta del ministro del Interior es propia de un político totalitario sin otro objetivo que crear una ideología precisa para negar lo real.

Pérez Rubalcaba se ha negado a contrastar la opinión de El Mundo, y en vez de considerar la posibilidad de que alguien dentro de su departamento esté manipulando pruebas, contesta sin ambages que el ministerio del Interior jamás falsificó un documento sobre la relación entre el 11-M y ETA. Lo determinante siempre es dispensarnos a los ciudadanos, a los funcionarios y a sí mismo de investigar la verdad o falsedad de la información. Aunque tenga que inventarlas, a Pérez Rubalcaba sólo le interesa mantener contundencias y negar, omitir u olvidar todo lo que signifique algo nuevo. En segundo lugar, Rubalcaba quiere establecer una verdad inamovible, algo que no lo exponga al criterio de la falibilidad y la eficacia de su gestión, a saber, "no hay ninguna relación entre ETA y el 11-M" porque lo dice el ministro sin aportar ninguna otra información suplementaria. Y, en tercer lugar, se remite a la Comisaría General de Información para que ofrezca una nota explicativa sobre la maldad de la noticia; en realidad, para que nos ofrezca una verdad oficial, sin reparar en que en el ámbito de una democracia de opinión pública, como se supone que es la española, son los ciudadanos los que, en primer y último término, tienen que valorar la justeza, el bien o el mal de la información suministrada por El Mundo.

En fin, si dejamos aparte las burradas cometidas en la cuestión de la inmigración, dos son los frentes que provocan deslegitimación en este Gobierno y en los dos se recurre tanto a la manipulación de la justicia como a la producción de ideología, o sea, a la falsificación permanente de la realidad. Por fortuna, en los dos ámbitos el Gobierno está siendo vapuleado. Por un lado, pocos son los ciudadanos libres que creen al Gobierno cuando éste afirma remitir al ámbito jurídico todo lo que tiene que decir sobre el 11-M. Por otro, muchos menos están dispuestos a aceptar que el PSOE, paradójicamente, abandone el ámbito judicial y de aplicación rigurosa de la ley para resolver las peticiones de ETA con una tregua-trampa. En el primer caso, el Gobierno se lava las manos recurriendo a los jueces; en el segundo, son los jueces los que tienen que hacer la vista gorda para que el ejecutivo pueda pactar y cambalachear con los terroristas. En los dos casos, se trata de imponer una única "verdad" oficial que, afortunadamente, hoy ya se ha revelado como una gran mentira gracias a los periódicos que aún no han renunciado a la sagrada tarea de la información.

Por fortuna, hoy por hoy, la prensa libre, sí, El Mundo y Libertad Digital, están, pese a lo que diga la ideología, ganando. La información de El Mundo sobre la manipulación de un documento del Ministerio del Interior es la mejor prueba de que la función de información del periódico no sólo se está imponiendo a su función movilizadora, sino que también está desmontado a los medios de comunicación que comen en la mano de Rodríguez Zapatero o, lo que es lo mismo, son obedientes a la consigna emanada de La Moncloa hace meses: guardar silencio riguroso sobre el 11-M.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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