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Kilómetro cero

Bravo por Esperanza Aguirre y por José Blanco que han sabido actuar democráticamente, es decir, someter sus lógicas partidistas y sectarias a la posibilidad de recomenzar y someter sus discursos y acciones a la lógica de los acuerdos comunes.

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Esperanza Aguirre es, seguramente, la dirigente del PP que peores ataques ha recibido del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. El presidente del Gobierno no se ha privado nunca de lanzar las más venenosas e injustificadas críticas; incluso la anterior ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, dijo que le hubiera gustado verla colgada de la catenaria del metro de Madrid. El odio, en fin, de los socialistas hacia la presidenta de la Comunidad de Madrid lo hemos sufrido en nuestras propias carnes todos los que vivimos en esta comunidad, así, por ejemplo, la estación del Kilómetro cero de España, la estación de metro de la Puerta del Sol, ha tardado más de seis años en materializarse.

Sin embargo, las incomodidades y molestias que hemos sufridos durante ese tiempo todos los madrileños, empezando por la propia Esperanza Aguirre, no ha impedido a esta dirigente reconocer lo obvio: siempre podemos empezar de nuevo en la política democrática. ¡Bien está, dirán los estoicos, lo que bien acaba! Sí y no. En efecto, a pesar de la señora Álvarez y Zapatero, a pesar de todos los pesares, siempre es posible decidir con qué personas quiero convivir en un mundo común. No sólo se trata de hacer de la necesidad virtud, o sea, de convertir al nuevo ministro de Fomento en una oportunidad de colaboración, sino también de reconocer la grandeza de un político, en este caso, una política que eleva la "estación de Sol a símbolo de colaboración institucional".

Por otro lado, también es menester reconocer que José Blanco, el nuevo ministro de Fomento, tiene otro carácter que la anterior ministra, pero, sobre todo, es imprescindible valorar que trae otra disponibilidad política basada en la colaboración y el entendimiento democrático. Bravo, pues, por Esperanza Aguirre y por José Blanco que han sabido actuar democráticamente, es decir, someter sus lógicas partidistas y sectarias a la posibilidad de recomenzar y someter sus discursos y acciones a la lógica de los acuerdos comunes. Bravo, otra vez, por Esperanza Aguirre y José Blanco que, además de terminar la estación de metro, han reconocido que la democracia, como diría Hannah Arendt es perdonar, prometer y decidir: "Al perdonar y prometer yo decido con qué personas quiero convivir en un mundo común, y para eso es necesario un juzgar que tiene como principio suyo el mundo que se comparte con otros seres".

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