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La cofradía de los brujos

Cuando habló Zapatero, cesaron los cambalaches; él, como siempre, fue el más dadivoso. No pidió nada. Sólo quería que su partido permaneciese en su sitio.

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La foto de Zapatero con los empresarios no llega tarde. Es oportuna. Quizá la mas oportuna de todas la que ha hecho en su vida. La foto dominante que aparece en la prensa es propia de un ritual. No aparece en primer término el oficiante ni un determinado asistente. Es un retrato que toma de bulto a los presentes en el Palacio de la Moncloa. Es la foto de una ceremonia que hace tiempo viene efectuándose, pero de la que no teníamos constancia fotográfica. Primero fue sólo para la gente que practicaba la brujería. La cofradía de brujos se reunía en salas cerradas y sin testigos para determinar cada cuatro años quién era el brujo más poderoso y hacerlo presidente de la cofradía. Luego se fue relajando la confederación de brujos y comenzaron a mezclarse oficiantes y seguidores, familiares y cronistas, en fin, la cosa empezaba a resultar caótica. Por lo tanto, cada uno se fue por su lado. Ya no se reunían en espacios acotados, sino que cada uno buscaba una caverna propia para venderle su alma al Diablo.

Pero, ahora, cuando todos están jodidos, porque los rituales individuales no tienen éxito, han decidido volver a los primitivos aquelarres para defender la auténtica y original brujería. Los grandes brujos han rehabilitado el viejo ceremonial para invocar al Diablo. Reunidos el capital y el trabajo, los empresarios y los socialistas, en una tenida sin parangón en el mundo civilizado, defienden con magias varias la auténtica brujería. El congreso ha sido todo un éxito. Ha salido reelegido el brujo más poderoso. Y, sobre todo, consiguieron establecer la repartición del trabajo. "Unos harán magia blanca y otros magia negra". Y, además, se juramentaron volver a permanecer muchas horas en esos rituales. Todo ha funcionado a la perfección.

Las curaciones milagrosas ya han llegado. Es obvio que la "fe" en estos asuntos es importante. Contribuye mucho... Porque el demonio no es malo, desde el momento que ayuda a los asistentes no es malo. Todos sacaron algo del Diablo. No lo pudieron ver, según comentan a los periodistas, porque Dios lo puso para que le tengamos temor. Estaba oculto. Pero pudieron intercambiar algunas frases con su representante en la tierra, e incluso lograron compromisos para verlo en el futuro y hablar de los milagros habidos; entre esos compromisos, se cuenta que unos prometieron entregar el pellejo de sus competidores, otros el de sus amigos y familiares. Y así sucesivamente... Las peticiones y contratos cesaron cuando le llegó el turno al representante del temido Belcebú en la tierra.

Sin duda alguna, cuando habló Zapatero, cesaron los cambalaches; él, como siempre, fue el más dadivoso. No pidió nada. Sólo quería que su partido permaneciese en su sitio. Al final, y para levantar el congreso de brujos, le entregó en prenda a su auténtico jefe la "foto de bulto" con los empresarios más ricos de España. Es la tercera gran foto para que el PSOE permanezca en el poder. Las otras dos, las fotos con los nacionalistas y con sus compañeros de los sindicatos, hace ya tiempo que se las envió dedicadas con mucho cariño a su jefe.

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