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La Cumbre Iberoamericana

¿Resentimiento? Sí, esa es la palabra clave utilizada por Uribe. Mientras que las naciones iberoamericanas no superen su odio a la excelencia, no saldrán de su atraso.

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Esta cumbre será para España, otra vez, un fracaso. Pero quizás Zapatero consiga de Lula, el presidente de Brasil, una promesa para ser invitado por alguna puerta trasera a la cumbre de Washington. Por otro lado, los dos objetivos reales de la cumbre son sencillos de precisar, a saber: es menester ocultar con discursos retóricos la inmensa repercusión que tendrá la crisis económica mundial en todos los países de Hispano-América primero y, en segundo lugar, hay que evitar tratar por todos los medios que la solución de la cuestión social, o mejor, de la pobreza de esos países jamás se resolverá sin pasar por la solución democrática.

La cuestión formal elegida para esta reunión, en verdad, el pretexto que utilizarán los jefes de Estado y de Gobierno para ocultar esos grandes restos, es la Juventud. He leído sobre este particular algunas declaraciones de los asistentes. Llamarlas vacías sería lo más suave que se me ocurre decir de la mayoría de ellas. Destacan, sin embargo, algunas por su petulancia y estulticia. Léase, en primer lugar, la que afirma que "la juventud es el gran capital de futuro de todo país". La obviedad, trufada de demagogia, no puede pertenece a otro presidente de Gobierno que no sea el español.

Reconozco que no todas las voces son tan simples como la citada, por ejemplo, Álvaro Uribe, a diferencia de Zapatero, se hallaría entre los que tienen algo qué decir; así este jefe de Estado, seguramente el más serio y responsable de las últimas década en toda Iberoamérica, reconoce que los jóvenes deben asumir la política con una actitud espontánea y libre de los viejos prejuicios revolucionarios, libre, al fin, "de las amarguras y los resentimientos". ¿Resentimiento? Sí, esa es la palabra clave utilizada por Uribe. Mientras que estas naciones no superen su odio a la excelencia, no saldrán de su atraso. Mientras que estos países no sean capaces de reconocer que los primeros culpables de sus problemas son ellos mismos, nada se conseguirá. Mientras que Iberoamérica siga culpando de sus males a Colón o a EEUU, nada tendrá solución.

Por desgracia, la base "política", aunque mejor sería decir antipolítica, de la mayoría de esos países sigue siendo el resentimiento. El populismo, sí, esa forma de ejercer el poder culpabilizando a otros de su responsabilidad es la tónica dominante de los que se reunirán para hablar de la juventud. Es el resentimiento, ese odio a la madurez que da la responsabilidad, el factor determinante que han promovido los nuevos dictadores emergentes en los dos últimos lustros. Hugo Chávez, en efecto, ha triunfado. Quizá este personaje no asista a esta cumbre, o trate de pasar más desapercibido, pero, por desgracia, su política estará perfectamente representada. Sus seguidores no sólo han cosechados éxitos clamorosos en Ecuador y Bolivia, sino que también han infeccionado el espíritu de esta cumbre, porque volverán a insistir en que la culpa de sus fracasos proceden de EEUU.

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