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Cartas abiertas a la Ministra de Cultura

La directora de la Biblioteca Nacional

Estimada señora:
 
Porque está lejos de mi ánimo distraerla de sus altas responsabilidades de Estado, quería dejar correr un poco más de tiempo antes de escribirle. Pero no he podido sustraerme a la tentación de remitirle una nueva carta. En verdad, sería más correcto hablar de tentaciones, pues no puede imaginarse la cantidad de cartas que he recibido de lectores de esta correspondencia abierta, entre lo público y el guiño amistoso a una excelentísima señora ministra. Esas cartas de lectores anónimos, que me han expresado su opinión sobre nuestra peculiar correspondencia, se han convertido en cien tentaciones, en cien motivos y cien temas para escribirle a usted otras tantas .
 
Comprenda pues, estimada amiga, que ahora que he hallado lectores por este camino no puedo dejarlos abandonados. Mis lectores, en realidad nuestros lectores, son ya el estro de esta correspondencia. Debo confesarle, por otro lado, que las cartas recibidas me han impresionado por la discreción que todas ellas desprenden, por la sinceridad con que están escritas y, sobre todo, por la preocupación contenidas en todas ellas por la cultura española. También me ha resultado muy curioso, casi mágico, que ninguna de estas cartas repitan argumentación. Por ejemplo, algunas, me indican que le pregunte sobre su relación con los editores; y otras, cuestionan la efectividad de este género periodístico; pero no son reiterativas sobre una cuestión determina y precisa.
 
Entre todas las cartas recibidas, hoy, quisiera comentar una que se refiere al nombramiento de la nueva Directora de la Biblioteca Nacional. Más concretamente, una lectora de Libertad Digital me pide opinión sobre Rosa Regás. Y la verdad, no sé qué responder. He leído por ahí que es una abuela muy feliz. Como escritora, según tengo entendido, su obra es corta, pero muy premiada. Como editora, la cosa cambia, pues parece que ha tenido una carrera larga y muy voluntariosa. Mientras usted me cuenta algo más sobre ella, le he dicho que lea la entrevista que hace años le hiciera Ana María Moix sobre la Gauche Divine. Es muy divertida. Su definición de la Gauche Divine es, según la Directora de la Biblioteca Nacional, “como escribirían los Goytisolo, una entelequia catalana de los años sesenta.” Por supuesto, Regás formó parte de esa Gauche Divine, pues no creo que ella haya “vestido cualquier modelo de uniforme”, “haya ido a Lourdes una vez al año” y “haya bailado la sardana”, que son, según la propia Regás, las tres características personales que impiden pertenecer a la Gauche Divine.
 
Reciba un cordial saludo.