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Sirera

La esperanza del PP en Cataluña

Aunque soy de la opinión de que todo puede ir a peor, especialmente en el ámbito de la vida política española, creo que la gestión de Piqué en Cataluña es muy difícil de empeorar. Quizá por eso, a los nuevos dirigentes del PP catalán les auguró un brillante porvenir. En todo caso, mi opinión no nace de una construcción racional, sino del hecho evidente de que el PP con Piqué no ha sido capaz de crecer electoralmente, ilusionar a sus militantes y, sobre todo, mantener vivo el debate de que la sociedad catalana quedará reducida a una reliquia del pasado si no está perfectamente integrada en una España democrática. He ahí el principal defecto de Piqué: ha mimetizado hasta el hartazgo el localismo nacionalista y socialista para hacer crecer el PP en Cataluña. Falso. Tendría que haber hecho justo contrario: mostrar que sólo habría una política democrática en Cataluña con un PP fuerte. Piqué ha fracasado. Adiós a Pique y bienvenido Sirera y la nueva dirección del PP en Cataluña.

Sin embargo, la prensa afín al socialismo y al nacionalismo, casi toda la existente en Cataluña y el resto de España, quisiera hacer un debate, en realidad, un juicio político a la dirección del PP nacional por "obligar" a dimitir a Piqué. Erraríamos si entráramos a discutir tal trampa. Plantear así el asunto es pura ideología. Un engaño. Lo decisivo es que se ha abierto un debate en el seno de toda la sociedad española, incluida en primer lugar la catalana. La cuestión no es la tardanza de Piqué en salir de la presidencia del PP, o el daño que Piqué le hace a Rajoy por dimitir pocos meses antes de las elecciones, sino las expectativas que puede generar en los ciudadanos estos cambios.

En efecto, la espantada de Piqué abre un rayo de esperanza para que la sociedad catalana, sin duda la más cerrada y reaccionaria de España, pueda transitar a una sociedad abierta y democrática. La esperanza, mi esperanza, no es una impresión más o menos subjetiva y fruto de mi calenturienta imaginación, sino que nace de la realidad. Miren las reacciones, casi ofendidas, de los supuestos adversarios de Piqué por su salida del PP, quizá también de la vida política, y comprobarán que ellos parecen más ofendidos que el propio Piqué. Lloran la salida de un magnífico colaborador, por acción u omisión, de sus cerradas políticas localistas, nacionalistas e intervencionistas. La realidad, pues, nos muestra que el PP en Cataluña con el señor Piqué era poco más que un moribundo.

Por suerte, después de su salida, el PP es algo. Al menos, se habla del PP, sobre todo, se estudia cómo puede sobrevivir como una agencia de socialización política importante en Cataluña. En verdad, la supervivencia del PP en Cataluña es la última tabla de supervivencia para que la política catalana no quede reducida a localismo tribal y nacionalista. Su marcha abre una puerta a la esperanza. Por mal que lo haga la nueva dirección del PP no parece que pueda empeorar la gestión nefasta de Piqué. Las reacciones de dolor de los socialistas y nacionalistas por su renuncia también son un soplo de aire fresco para ese partido en Cataluña. A nadie inteligente se le puede pasar por alto que algo extraño debe haber, quizá un cierto cinismo, cuando los adversarios políticos del señor Piqué hablan bien, demasiado bien, de él, y mal, muy mal, del PP.

Cinismo sería una manera suave de calificar ese comportamiento de los adversarios de Piqué, siempre exagerado tanto para ensalzar sin freno a Piqué como para arremeter con odio contra el PP; quizá sería mejor hablar de cobardía. Sí, sí, cobardía es lo que noto en esa contradicción... Y es que cuando al nacionalismo socialista se le planta cara, su primera reacción es de cobardía, o peor, de victimismo. Sólo golpeando ese flanco el PP se hará fuerte en Cataluña. Creo que Sirera y la nueva dirección del PP en Cataluña lo saben. Eso será su salvación.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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