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Historiografía

La Guerra Civil

Paseo por las librerías con el ánimo de hallar alguna señal para descubrir los principales debates intelectuales de España. Pero me canso al poco tiempo de mi absurda búsqueda. Me detengo en las mesas donde se exponen las novedades y descubro "nuevos" libros sobre la guerra civil española. Algunos de ellos han generado, en verdad, cierto debate intelectual. Ojalá, digo para mis adentros, otras "especialidades" u otras materias que no fueran historia consiguieran una polémica similar a ésta; ojalá hubiera otros autores parecidos a Pío Moa que desmontasen algunos mitos sobre nuestra literatura o filosofía... Por aquí nada que objetar, o sea, bienvenido sea ese debate sobre nuestro pasado reciente.
 
Sin embargo, triste asunto es el de la guerra civil española si es tratado para legitimar alguna posición política contemporánea. Triste manera de hacer política es manipular la guerra civil española. Triste la vida de los académicos que usan y abusan hasta la manipulación del acontecimiento de la guerra civil española para dar "legitimidad" ideológica a un partido político. Triste y dramático es visitar una librería y mirar las novedades que nos ofrecen las diferentes editoriales. Triste, casi patético, porque en las mesas de esas librerías parece estar librándose, otra vez, la guerra civil española. El espectáculo que están ofreciendo algunos profesorcitos de historia nacionalista, o peor, de manuales de historia al servicio de los vencidos, por el éxito editorial que han adquirido los libros de Moa es un ejemplo del bajo, bajísimo, nivel intelectual que algunos académicos tienen cuando discuten en la arena pública.
 
En cualquier caso, la guerra civil española es una cuestión demasiado seria cómo para frivolizar sobre ella. Hace muchos años leí que la guerra civil española fue la última guerra romántica. Fascistas y comunistas jugaron allí todas sus bazas. Los ideales democráticos fueron una excusa para ponerse a prueba dos formas de entender la "política" que devinieron poco más tarde regímenes políticos totalitarios y criminales. A pesar de todo, durante mucho tiempo, viví con esa falsa idea de nuestra tragedia nacional. Más tarde, cuando leí con un poco de detenimiento la crítica de la Segunda República que hicieron los propios republicanos, o sea, la crítica que hicieron de la república los hombres que ayudaron a traerla, especialmente la crítica de Ortega, comprendí que la guerra civil era un suceso para olvidar.
 
En efecto, porque la guerra civil ha sido el mayor horror que haya podido parir pueblo alguno, debemos olvidarla. Porque la guerra civil española es un acontecimiento brutal para la historia de España, no debiera haber español que hablase de ese suceso sin sentir vergüenza. Por todo eso, la guerra civil es, sobre todo, un acontecimiento para olvidar. Sin ese necesario olvido nadie con principios morales podrá nunca recordarla, o sea historiarla.