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Zapatero

La maldad del pacifista

Hay muchas maneras de ver la maldad. Hay una que nunca falla es cuando la vemos unida a la torpeza. El malo es, a veces, muy inteligente, pero normalmente es banal y estúpido. La unión de la tontura y la maldad es una bomba insoportable para el hombre con sentido común. Esa mezcla está por todas partes. Nos persigue como una plaga. Abre uno la prensa y la halla en forma de columnista. Miramos la televisión y aparece en forma de busto parlante.

Oímos, sin embargo, al presidente del Gobierno y ya no podemos quitarnos de encima el refrán ilustrado: engañar a un pueblo es fácil, desengañarlo es una tarea complicada e ingrata. O sea, la estrategia malvada elegida por este hombre y su equipo está tomada de los más viejos manuales "pacifistas" del estalinismo más sanguinario: hacerse pasar por bueno y pacífico, cuando en realidad está pactando con los terroristas la expulsión de medio país del espacio político. Sin duda alguna, esa técnica de engaño es perversa, pero, por favor, que nadie cometa el error de decir que es estúpida. No lo es, sobre todo, cuando se trata de engañar a un pueblo que está muy lejos de ser ilustrado. Está en plena Ilustración. Algo que, por desgracia para la democracia, no está dispuesto a reconocer el PP.

Zapatero, pues, podría ser un malvado, pero, insisto, no es un tipo torpe, estúpido o, como ha dicho el maestro Gustavo Bueno, un "pensador" de Alicia en El País de las Maravillas. Eligió un camino y lo sigue a pies juntillas. Eligió "terminar" con el terrorismo uniéndose a él, o mejor, entregándose a sus principales consignas y lo está consiguiendo. Incluso a prueba de bombas, como repite su principal asesor, Torres Mora, siempre que tiene ocasión de ser entrevistado. La última intervención de Zapatero, en Albacete, ha sido impecable con su coherente trayectoria hacia el abrazo con ETA. Ha vuelto a insistir en que su única política antiterrorista, en realidad, su única política es "ver la paz en España".

Naturalmente, como no podía ser de otra manera, el lenguaje del presidente de Gobierno es el de ETA. Paz, paz y paz es, nadie lo olvide, lo que exige ETA de todos los Gobiernos. Y, por supuesto, paz, paz y paz, a cualquier precio, es lo que ofrece Zapatero. Sin embargo, es obvio que los españoles no estamos en guerra con nadie, ¿entonces por qué utiliza Zapatero esta consigna de paz para conseguir encandilar a sus seguidores? Porque ha sustituido la política por la "religión", porque Zapatero no pide confianza a sus electores por sus políticas concretas, entre otras razones porque no las tiene, sino fe en sus palabras, especialmente en la palabras paz, democracia, diálogo y esperanza, que son las que sustituyen al absoluto cristiano, Dios.

Zapatero está usurpando la fe religiosa para hacerla pasar por política. No es la primera vez que hace esto el PSOE. Su historia es larga y repetitiva, pero, ahora está acompañada por algunos postmodernos. Zapatero y su gente están trasvasando la "fuerza" de la fe cristiana al socialismo del siglo XXI. Es una operación truculenta, pero muy del gusto de los Rorty y Vattimo españoles. Se trata hacer pasar por política lo que es propio de la religión: la fe, la confianza ciega, en una buena nueva es la única salvación. La de Zapatero es la paz con ETA. De acuerdo con la doctrina masónica en la que profesa la mayoría de los nuevos ideólogos del PSOE, la fe del cristianismo, la confianza absoluta en la buena nueva que nos trae Cristo, ha sido definitivamente confiscada por el "socialismo" de Zapatero. Reapropiada y pervertida hace estragos. Como dijo el clásico, la perversión de lo mejor da lo peor.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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