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La perplejidad de un viejo comunista

A la izquierda quedan pocos que sepan cuál fue el significado del PCE para nuestro país. Y de la derecha mejor callemos.

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Alcanzar la sabiduría en un segundo es una aspiración común a la especie humana. Nadie renuncia de antemano a la sencillez de una visión sobre nuestra compleja circunstancia histórica y social. A todos nos gustaría tener certeza, aunque sólo fuera una, fugaz y evanescente, sobre el mundo cultural y político que habitamos. Saber de golpe en un determinado instante de nuestra existencia tiene que ser algo grandioso. ¡Quién sería el osado que se negase participar de algo parecido! Pocos son quienes tienen capacidad para sustraerse ese tipo de experiencia. De sabiduría. Ningún mortal está libre de la melancolía de ese saber.

Ese tipo de sabiduría, sí, lleva directamente a la perplejidad. No es el perplejo, pues, alguien que no sabe nada, sino una persona que sabe demasiado. Ayer hablaba con un perplejo, un sabio de nuestra historia política y cultural reciente, que me mostraba su gran perplejidad. Se trata de alguien que militó en la izquierda política y hoy está en las posiciones de la democracia liberal. Es un tipo auténtico; este hombre, de profesión periodista, siempre se tomó muy en serio la necesidad de explicar intelectual y vitalmente su cambio de mentalidad. Es un intelectual culto y sutil para quien ser ciudadano no es otra cosa que construir bienes en común. La vida política es la construcción de acuerdos constantes entre posiciones diferentes. Vivir políticamente es para mi amigo lo contrario del odio de esos dos españoles que, retrató Goya, pegándose garrotazos con las piernas enterradas.

Vivir, sí, es construir críticamente tradiciones. Por eso, él ha contribuido decisivamente a publicar un libro de Eusebio Gutiérrez Cimorra, más conocido por Cimorra el de Mundo Obrero, en la Editorial Ámbito. Mi amigo, liberal y conservador, ha colaborado con el hijo del autor para que se conozca la obra de un viejo comunista española, que dirigió Mundo Obrero en la Guerra Civil y vivió en el exilio en la URSS, fundó Radio Moscú y formó parte del Komintern. Cimorra regresó a España en la transición, colaboró con la revista La Calle, escribió libros y murió a los 98 años. Aunque no he leído el libro, estoy convencido de que cuenta cosas de interés. Seguro que, en cualquier país de nuestro entorno, habría muchas personas interesadas en este libro.

Mi amigo, sin embargo, está perplejo a la hora de elaborar una lista de personas que puedan estar interesados en este hombre, Cimorra, director de Mundo Obrero, y concretamente en esta obra de un viejo comunista. ¿Qué comunista importante queda en España capaz de leer este libro? Mi amigo, el viejo izquierdista, no puede escribir más de unos cuantos nombres en su lista para que la editorial les envíe el libro. No queda nada del viejo Partido Comunista. Nadie se interesa por discutir una tradición. Nadie quiere saber nada del Partido Comunista de España en el franquismo o en la transición... En verdad, concluye mi amigo, nadie quiere saber nada de nada. Esto es un horror.

Mi amigo César A. de los Ríos ha visto una vez más la barbarie de un país. A la izquierda quedan pocos que sepan cuál fue el significado del PCE para nuestro país. Y de la derecha mejor callemos. Por favor, me insiste, dame nombres de personas que puedan interesarse de verdad por el libro de Cimorra. Por la historia de nuestra nación.

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