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La política no es aritmética

Déjenme que haga de la necesidad, virtud. Alegrémonos del paso importante dado por el PP en la conquista de la libertad para todos los andaluces

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El PP ha ganado las elecciones andaluzas. Nadie estigmatice, pues, a este partido ni a sus dirigentes, porque no hayan conseguido la mayoría absoluta. La política, la genuina dignidad de la política democrática, no es aritmética, sino la construcción de una polis donde se juegue el porvenir de los hombres. Ese juego exige un mínimo de libertad para realizarse. El PP lleva luchando muchos años, más de lo normal en sociedades más o menos ilustradas, porque este juego sea, en efecto, libre; y, aunque les cueste reconocerlo a los liberales de salón, ha conseguido, en la última década,  limpiar de miasmas totalitarias a buena parte de la sociedad andaluza hasta el punto de que ha ganado por primera vez estas elecciones autonómicas.  

Por desgracia, no todos los partidos políticos ni mucho menos todos los agentes de socialización política, en Andalucía, están dispuestos a que ese juego de la política se lleve a cabo en condiciones mínimas de libertad. Por el contrario, el ámbito de juego de  la política andaluza siempre ha estado sometido a las peores presiones sociales, movilizaciones ideológicas y desfiguraciones de ese espacio público hasta el punto de ser identificado como un espacio de propiedad socialista, o peor, comunista. Los buenos son los socialistas y comunistas y el resto, da igual cómo se llame, habría que mandarlos a la hoguera, según opinión generalizada entre los  demócratas de boquilla de ideología socialista-comunista. Pareciera que el ámbito político, como en otros tiempos estuvo reservado para reyes y jefes, ahora sólo es propiedad de los socialistas y los comunistas. La suma de unos y otros es lo que ha triunfado.

Creo que ese agobio ideológico al que es sometido a todas horas la población andaluza, esa presión cerril para reducir la política a los dictados de un solo partido y de una ideología socialista de carácter totalitario, ha sido de tal envergadura en estas elecciones andaluzas que si hubiera ganado por mayoría absoluta el PP -arriesgo aquí un experimento intelectual de carácter contra-fáctico- no quiero ni pensar el “aquelarre” que le hubieran montado a Javier Arenas. La Andalucía que se confunde con socialismo y nacionalismo, con unas redes clientelares que sobrepasan el millón y medios de personas cobrando del PSOE, la Cuba de Europa, en fin, sometida al voto ciudadano se hubiera levantado “en armas” día y noche. Por fortuna, pues, se sustituirá la movilización permanente por imágenes de televisión de Marinaleda: ¡El comunismo de Marinaleda ya no sólo será exhibido por las televisiones europeas como ejemplo de Ersatz soviético o cubano en Occidente, sino que será el icono de Canal Sur!

Por lo tanto, déjenme, queridos lectores, que haga de la necesidad, virtud, o sea, alegrémonos del paso importante dado por el PP en la conquista de la libertad para todos los andaluces. En estas elecciones se ha revelado que hay una fuerza política imparable, porque tiene unas bases sociales muy fuertes y con votos muy seguros. Los resultados son positivos para el PP, especialmente, para seguir dignificando el campo de juego de la política. Por supuesto, nada de eso impide que el PP analice autocríticamente los resultados de estas elecciones.

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