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La prensa y la política

Toda la vida pública española es un disparate, incluso se nos quiere hacer creer, en medio de tanta estulticia y maldad, que este hombre podría abandonar el gobierno por un problema familiar. No, hombre no.

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Leo la prensa. Leo casi toda la prensa al servicio de Zapatero, pues que leerla toda sería imposible. Leo los periódicos de la derecha dirigidos por muchachotes de izquierda. Leo también los periódicos digitales. Leo y leo todo lo que puedo. Es imposible hallar una sola idea para iluminar las sombras de un régimen político en almoneda. La confusión lo domina todo. Zapatero está en todas partes. Si la realidad siempre es percibida como fragmento, entonces España no puede verse sin Zapatero. La confusión política es total. Zapatero ha conseguido algo inédito en la historia de España: el malestar espiritual de los españoles está generalizado. La esperanza política ha desaparecido. Todos están confusos. Aturdidos.

Ni los propios votantes socialistas, me refiero a los normales no a los fanáticos, ven viabilidad alguna a la España de Zapatero. No es capaz de poner de acuerdo ni a los de su clan; por ejemplo, Zapatero se enfrenta a Montilla, en Cataluña, y a Griñán, en Andalucía, le quita CajaSur para entregársela a los nacionalistas vascos. La vida pública va de dislate en dislate, de confusión en confusión, hacia la nada. Esto no es un sueño. Ojalá. Aquí no hay exigencia de realidad. Vivimos una pesadilla. Imposible salir de la confusión a través de las confundidas instituciones públicas. Los gobiernos de Zapatero han caminado hacia el abismo. Nos conducen a la negación general de cualquier norma moral, es decir, de toda prescripción ética valida universalmente. Apenas si se reconoce ya una diferencia genuina entre el bien y el mal.

Toda la vida pública española es un disparate, incluso se nos quiere hacer creer, en medio de tanta estulticia y maldad, que este hombre podría abandonar el gobierno por un problema familiar. No, hombre no, si Zapatero se larga, será sólo y exclusivamente porque las instituciones son inviables. A ello vamos, porque la lucha es total: todos contra todos, e incluso del poder contra el poder. Un observador imparcial de España no dejará de reconocer la imposibilidad de hallar una solución que no perjudique a algún interés legítimo, ni frustre un deseo más o menos razonable. Aquí ya han desaparecido los intereses legítimos y los deseos razonables. Para Zapatero es lo mismo un independentista que un ciudadano español. No hay estado de derecho, pues que para el Gobierno de Zapatero un "derecho" se opone a otro "derecho".

Las condiciones de vida en común empiezan a ser insoportables, porque hoy por hoy ni el poderoso Zapatero ni la oposición, ni tampoco los medios de comunicación, son capaces de atisbar una posibilidad de vida pública basada en la justicia y el desinterés. Estas virtudes han desaparecido arrolladas por la casta política y sus brazos ideológicos. Y, lo que es aún peor, muchos son todavía los que cierran los ojos para no ver tragedia de España, es decir, aún estamos lejos de la catarsis.

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